DESBOCADS
Usualmente el verbo “desbocar” lo asociamos a los caballos que dejan de obedecer al freno y corren de un lado para otro, sin control; sin embargo, en otro de sus significados -quizá anterior al usual-, “desbocar” implica abrir más de lo debido alguna abertura, como el cuello de la camisa, pero también la boca, y no precisamente para comer. Repasemos algunas de las expresiones desbocadas que se dieron en la semana que termina.
Luis Videgaray, el Secretario de Hacienda que no ha acertado uno solo de sus pronósticos y que sería capaz de perder 50 de 50 volados, dijo que México está mejor que en 1986. De entrada, me intriga saber por qué tomó ese año como punto de referencia. Una de mis sospechas recae en que posiblemente vivió la fiebre futbolera del Mundial del 86 y ahora se entusiasmó con los mensajes que por vía twitter subió “El Piojo” Herrera; también puede ser porque es el año en el cual conoció a su mejor apuesta: Virgilio Andrade, el Secretario de la Función Pública que no ha concluido la investigación de las casas de Peña y Videgaray.
Pero cabe otra explicación, más lógica y más razonable: 1985 fue el año del terremoto que sacudió edificios, conciencias y la estructura del hasta entonces partido hegemónico. Entonces, en ese entonces sí que teníamos serios problemas en muchas ciudades, particularmente en la Ciudad de México, que prácticamente quedó paralizada durante un mes. La actividad económica se cayó y hubo serios problemas de desabasto y distribución de servicios. Y ni qué decir de los miles de muertos que nunca formaron parte de las cifras oficiales.
Si Luis Videgaray quiso comparar la situación actual con la que vivíamos a un año del sismo, sí le creo que estamos mejor, pero sólo bajo esa condición: los estragos de un fenómeno destructivo de la naturaleza, aunque potenciado por la corrupción en la construcción de edificios públicos, nos pusieron en la lona en muchos aspectos. ¿Ya nos pusimos de acuerdo, señor Secretario?
Otro desbocado fue Enrique Peña, quien en un encuentro con parte de la comunidad libanesa residente en México –encuentro que se convirtió en una involuntaria lección de gramática sobre el uso incorrecto del gerundio-, afirmó que la mayoría simple (29%) que alcanzó su partido en las pasadas elecciones se debe a que “la sociedad está advirtiendo y entendiendo los avances que está habiendo en el desarrollo de nuestra economía”. Según él, “la población está teniendo ingresos que les están permitiendo adquirir mayor número de bienes y de servicios, que les está rindiendo de mejor manera su ingreso”. ¿Lo está diciendo, lo está pensando o realmente lo está creyendo?
Porque si el habitante de Los Pinos realmente cree lo que dijo, entonces debería ponerse de acuerdo con su vecino en el Zócalo de la Ciudad de México, quien atribuyó la pérdida de la mayoría del PRD a errores del propio partido, pero no a que su gestión haya olvidado que se gobierna para beneficio de la gente, no para favorecer a los grupos de poder económico, salvo que piense que ellos van a ser quienes financien su eventual campaña como candidato “independiente” para el 2018. Por supuesto, también forma parte del club de los desbocados.
Y nuestra última desbocada que también busca la presidencia de la República, se llama Margarita Zavala, esposa de un lastre tan pesado que no creo que la deje despegar, ni siquiera entre los panistas. Felipe Calderón –Fecal, por sus siglas- cree que goza de la aceptación de la mayoría. Claro, muy oportunistamente él sólo se pasea por los lugares que representan su zona de confort, en los que sabe que está seguro y en donde disminuye la posibilidad de que alguien lo increpe.
Por cierto, Calderón se puso muy bravo contra el presidente Maduro y contra la selección de fútbol de Venezuela por un partido del torneo continental que se desarrolla en Chile, pero cuando el millonario norteamericano Donald Trump realizó expresiones generalizadas y ofensivas en contra de los mexicanos, Fecal guardó silencio, tal vez tragando la misma materia que representan sus siglas, y tuvo que ser el presidente venezolano quien saliera en defensa de nuestra dignidad para enfrentar a Trump. Ese Calderón, tan valiente como siempre.