En nada influyó en la selección de los candidatos de la alianza opositora que le disputará a Morena las gubernaturas del Estado de México y Coahuila en 2023. Fueron elegidos por el PRI, en común acuerdo con el PAN.
Sus dirigentes, los famosos “Chuchos”, tampoco tendrán voz ni voto en la selección de los candidatos presidencial y a la Jefatura de Gobierno de la capital del país. Corresponderá a Acción Nacional elegirlos. El peso electoral del sol azteca, otrora principal opositor de izquierda, es mínimo, por eso sus dirigentes son tomados en cuenta en la toma de decisiones.
Solo tienen voz y voto los dirigentes del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, y del PAN, Marko Cortés Mendoza, quienes cuentan con el aval de su patrocinador, Claudio X. González, el artífice de “Va por México”.
DE CAPA CAÍDA
Es el reflejo de lo que ha sido el PRD en los últimos años. Ha tenido un descenso estrepitoso a partir de las elecciones presidenciales de 2018. De ser gobierno en los estados de Guerrero, Morelos, Tabasco, Ciudad de México y Michoacán, hoy solo gobierna algunos municipios importantes, como Paraíso.
Ha disminuido su membresía, al grado que en los procesos electorales de 2021 perdió el registro como partido en al menos 15 estados del país. En el ámbito federal, a duras penas sobrepasó el 3 por ciento de la votación mínima indispensable para conservar su condición de fuerza política nacional.
El PRI y el PAN emitieron un comunicado para refrendar el acuerdo electoral alcanzado. Provocó una reacción inmediata de Jesús Zambrano y Jesús Ortega, los dirigentes que administran lo que queda del PRD.
La selección de los candidatos, advirtió Zambrano, no debe quedar en manos de un solo partido (en este caso dos), porque sería tanto como darle la espalda a la ciudadanía. Patadas de ahogado, diría el clásico.
“Con ello no nos diferenciaríamos en nada de lo que va a suceder o está sucediendo en el bloque conservador que hoy nos gobierna”, advirtió el perredista.
Ante ese hecho consumado no queda más que el pataleo, la rabieta y los amagos de abandonar la coalición opositora, que difícilmente ocurrirá. Lo cierto es que, sin la alianza, el futuro del PRD se ve más oscuro. La elección de 2024 podría significar su entierro político, su desaparición como partido de alcance nacional.
EN EL PANTANO CHOCO
En Tabasco, el panorama es un poco diferente, pero no deja de ser riesgoso ante la pérdida constante de militancia. Solo gobierna un municipio y no tiene ninguna diputación de mayoría. Sigue siendo la segunda fuerza electoral ante la caída, igual estrepitosa del PRI, que no levanta y no se ve que pueda hacerlo en 2024. Carece de liderazgos fuertes y cuadros que generen confianza entre el electorado tabasqueño.
Por eso han tenido que recurrir al escándalo mediático para jalar reflectores y situarse en el ánimo social. Las denuncias presentadas en contra de actores políticos de Morena no le generarán ninguna rentabilidad electoral. A menos que lo sea para sus patrocinadores.
No se ve, por ningún lado, ninguna luz de esperanza para ese partido. Le resultará muy complicado mantener su registro nacional. Sin la posibilidad de elegir candidatos, su papel se deduce a ser simplemente una comparsa al que le darán algunas migajas, pero nada más. Su alianza con el PAN lo mermó aún más en Tabasco, al tiempo que líderes históricos que aún permanecen ahí desaprueban que está haciendo el papel del PRI contra Morena.
