Que el enemigo de Morena está en Morena es, lejos de una revelación, una realidad que constatamos a diario.
No tan sólo porque está lleno de expriistas y oportunistas varios, como critican los fundadores del movimiento lopezobradorista a quienes han tratado de hacer a un lado. También porque la rivalidad entre los que se suben al Tren y los que están A gusto ha dividido el movimiento en su cuna, Tabasco, hasta partirlo más allá de todo posible punto de encuentro.
Los llamados de la dirigencia del partido y el consejo político a la unidad, pasan como si fueran a misa porque tanto Tey Mollinedo como Raúl Ojeda ya tomaron partido y buscan también estar en las boletas en 2024. Un caso que llamó la atención mediática es el pleito jurídico-electoral entre Rita Gálvez Bonora y Jesús Selván García. Lejos de ser un asunto entre particulares, como han buscado los líderes formales de Morena que se interprete para mantenerse al margen, ocurre que es el punto de quiebre en una rivalidad largamente mal disimulada.
ATRINCHERADOS
Ocurre que ambos grupos son fuertes en posiciones claves tanto en el gobierno federal como local. Los protagonistas son referencias del movimiento y, por lo tanto, las batallas que lidian en diversos frentes por fuerza arrastran en su inercia a la militancia. Porque lo que se ve en sólo lo más público entre esas rivalidades, que llegan a otras arenas, a otros espacios más difíciles de vigilar y controlar. Entonces también ocurre de manera inevitable que las tropas de cada bando creen escuchar el toque a degüello, y se abre la lucha sin cuartel contra todo enemigo.
En el caso de los diputados locales de Morena, es evidente que el problema deriva de esta situación. Sin prejuzgar quién de los dos está mintiendo, porque es obvio que alguien lo hace y el lector tendrá su mejor opinión, lo cierto es que sólo puede ser por esto que se explique cómo se han dado las cosas y han escalado hasta la actualidad.
Por si el mensaje de división y hasta guerra civil que puede llegar a entender la militancia de Morena fuera poco, la situación ha dado para hacerle a la oposición “el caldo gordo”, porque les conviene medrar con la fractura interna del partido. Es, además, mucho más fácil que emprender el fortalecimiento de sus institutos políticos, que están muy debilitados pero que buscarán por todos los medios sacar un beneficio.
Recordemos que en el 2015 un sector del morenismo jugó las contras a Octavio Romero y Javier May. Esa historia se contó en La Verdad del Sureste y se puede volver a repetir.
