Morena tiene en su coordinador estatal de los Comités de Defensa de la Transformación a un hombre honesto, íntegro, trabajador y responsable, el idóneo para dar continuidad al proceso de transformación iniciado por el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Es su mejor carta para ratificar el triunfo en las urnas en 2024 y retener la gubernatura. Un líder social cercano a la gente, que sabe honrar la palabra, un político profesional con capacidad y eficacia probadas en todos los cargos y encargos que ha tenido a lo largo de los años.
Ha sido dos veces alcalde de Comalcalco, su terruño, diputado local, senador, secretario de Estado y titular de Fonatur.
En todos esos cargos y encargos dio buenos resultados, entregó buenas cuentas. La última, nada menos que una de las obras insignias de la Cuarta Transformación: el Tren Maya, que hoy es toda una realidad.
Es, además, uno de los hombres de mayor confianza del presidente López Obrador, con quien ha caminado a su lado desde hace más de tres décadas.
Todo eso valoró la militancia a la hora de emitir su opinión respecto de quién debería ser el coordinador en Tabasco. El respaldo fue absoluto.
Los números así lo reflejaron: fue el mejor posicionado en las evaluaciones que se hicieron a todas y todos los que contendieron por las nueve coordinaciones estatales en ocho estados y la Ciudad de México.
Ganó la coordinación estatal con el 51.2 por ciento y obtuvo un puntaje de diez en los rubros en que fueron evaluados los aspirantes. Los morenistas y los ciudadanos lo consideran el más honesto, el más cercano a la gente, el que mejor cumple su palabra, al que quieren como candidato y como gobernador.
La diferencia entre él y la alcaldesa de Centro, Yolanda Osuna, de 37 puntos, la mujer mejor posicionada en la encuesta, imposibilitó se aplicara la paridad de género en Tabasco.
Ese triunfo no fue casualidad, sino resultado de un intenso trabajo político desplegado por toda la geografía estatal a lo largo de muchos meses, que su equipo llevó a cabo a ras de suelo, casa por casa, en contacto directo con la gente, con la militancia.
En el último tramo el mismo Javier encabezó ese esfuerzo. Caminó sin parar, le dio dos vueltas al estado en poco más de un mes.
Desde hace más de un año y medio, cuando se empezaron a medir las preferencias de los aspirantes a la gubernatura, Javier May siempre despuntó, apareció como el favorito.
Esa condición nunca la perdió. En todas las encuestas, una tras otra, era el mejor posicionado. Así llegó al proceso interno, con ese respaldo mayoritario, que se ratificó en la encuesta final.
SIN REVANCHISMOS
Y si algo distingue al exalcalde de Comalcalco, es su sencillez, su humildad. Su aplastante victoria no lo envalentó ni lo ensoberbeció. No tiene ánimo revanchista, ni clama venganza. Lo primero que hizo, ya ungido como coordinador estatal, fue pronunciarse por la unidad. Ojalá lo entiendan quienes lo combatieron.
Ha sido incluyente, conciliador. Ha invitado a sus contendientes a que se sumen a su causa, pues todos tienen algo que aportar al movimiento.
Atrás quedó la contienda, hoy se requiere de la participación de todos, para ganar todo lo que estará en juego en el 2024: gubernatura, alcaldías y diputaciones locales; aportar la mayor cantidad de votos para que Morena sea mayoría en el Congreso de la Unión, indispensable para que la futura candidata presidencial, Claudia Sheinbaum, pueda promover las iniciativas que fortalezcan y profundicen la transformación en el país.
Si bien los números le son muy favorables a Morena y a él como candidato, Javier May no se confía, sabe que se tiene que intensificar el trabajo político-electoral para conseguir todos los objetivos planteados.
En política no hay rival pequeño, ni hay que confiarse, menos en el terreno electoral. Eso lo sabe muy bien el exsecretario de Bienestar, y si alguien está muy acostumbrado al trabajo arduo, tenaz, caminar a ras de piso, ese es él.
