Desde el aciago día en que se metió a la Cámara de Diputados para
robarse la banda presidencial, o por primera vez en los cuatro años y medio de
su “gobierno”, Calderón se ve contento, relajado, fresco. No sólo porque
después del abrazo de Chapultepec su popularidad se elevó un poco –algo que
jamás había ocurrido en el sexenio–, sino porque gracias a la reforma
constitucional en materia de derechos humanos, que entrará en vigor en octubre,
ya no hay trabas legales que impidan la privatización de Pemex.
En opinión del catedrático universitario César Garizurieta –hijo del legendario
Tlacuache, que popularizó la máxima de que “vivir fuera del presupuesto es
vivir en el error”–, si el derecho a la propiedad privada es “el primero de los
derechos humanos”, la reforma que el Congreso aprobó en mayo, y que ya obtuvo
el poyo de más de la mitad de las legislaturas estatales, anuló automáticamente
el artículo 27 constitucional, según el cual el Estado es el único dueño de las
riquezas del subsuelo.
“Después de promulgar la reforma en derechos humanos, Calderón anunció
que México venderá bonos de Pemex a empresas privadas nacionales y extranjeras”,
afirmó, en una larga entrevista, que se publicará en otro momento, el doctor Garizurieta.
Su interpretación concuerda con dos hechos posteriores.
La prensa de Nueva York propaló que gracias al “repunte” de la economía
mexicana bajó el número de trabajadores que emigran al país del norte: como si
en esto no influyera la crisis económica de Estados Unidos, ni el terror
sembrado por los cárteles de la droga y las fuerzas armadas en Tamaulipas,
Coahuila, Chihua-hua, Sonora y Baja California, y a lo largo de la ruta del
Tren de la
Muerte, donde el genocidio tolerado y consentido es una política
diseñada por Washington y aplicada por Calderón para detener el flujo
migratorio de toda América Latina.
Otra recompensa: Navi Pillay, comisionada de la ONU en derechos humanos,
vino a felicitarlo por tan excelsa reforma, y no dudó en tomarse fotos con él.
Después de todo, Calderón cumplió al fin el compromiso más importante que
contrajo con Estados Unidos durante su visita a California como secretario de
Energía en 2003: privatizar Pemex y, obedeciendo al pie de la letra las
instrucciones de Bush, y más tarde de Hillary Clinton, hundió a México en una
guerra civil que nos desangra y nos destruye, pero que a él le significa el
apoyo absoluto de la Casa Blanca, el Pentágono, la CIA, la FBI, la DEA, el
complejo industrial militar que se dedica a la fabricación de armas (controlado
por el Partido Democráta) y del complejo petrolero (controlado por el Partido Republicano).
Robustecido por los abominables pero eficaces servicios que presta a quienes lo
incrustaron en el poder, ahora Calderón parece estar contemplando la
posibilidad de conservarlo mediante interpósita persona –Cordero o Lujambio– y
olvidar
que prometió entregárselo a Peña Nieto.
Ha quedado tan bien parado con Washington que ya se siente con tamaños
para romper con Salinas, enfrentando a Elba Esther Gordillo. A Calderón le
urge, como salta a la vista, quitarle a la maestra del hampa el control que le
permite manipular el voto corporativo de millón y medio de profesores, el de
los familiares de éstos y el de los padres de millones de alumnos. Con esa
fuerza descomunal, Elba contribuyó al fraude electoral de 2006. Hoy, esa
maquinaria trabaja ya en favor de Peña Nieto. De ahí que, estiman los que dicen
que saben, el “gordillazo” podría ocurrir en cualquier momento. Ahora bien, si
a pesar de todo el veredicto de las urnas le fuera desfavorable, Calderón aún
guarda bajo la manga un plan B. Con el IFE incompleto (le faltan tres
consejeros), con las televisoras en pie de guerra y dispuestas a violar las
leyes que les prohíben participar difundiendo espots durante la contienda, y
con el crimen organizado más fuerte que nunca, y en condiciones de impedir la
instalación de más de 20 por ciento de las casillas en todo el país, los
comicios del primero de julio de 2012 podrían ser anulados, y posponerse dos
años.
Por lo demás, si los corderos balan, el que dirige la Secretaría de
Hacienda está midiendo el impacto que tuvo en su debut como baladista –dicen
que pronto sacará su álbum “Una familia puede vivir con seis mil”–, mientras el
oráculo de la Secretaría de Educación –¿hay discursos más crípticos que los de
Alonso Lujambio?–, prefirió mirar al cielo cuando el arquitecto César Pérez
Becerril, quien construye la Estela de Luz y Fuerza en Chapultepec, denunció
que la obra, calculada originalmente en 400 millones de pesos, ya ha consumido
más de mil millones, pues Lujambio le ha entregado 800 a la empresa Gutsa, pese
a que está inhabilitada para trabajar con el sector público hasta 2015. ¿Cuántos
de esos 800 millones, desviados ilegalmente a Gutsa, serán para la precampaña
electoral de Lujambio? ¿Tuvieron el mismo destino los 28 millones que Consuelo Sáizar,
directora de Conaculta, “gastó” en un festejo de seis días en Bellas Artes? ¿Al
cochinito de Lujambio irán a dar también los supuestos 380 millones de pesos
que Conaculta dice que invertirá en remodelar la Cineteca? Hasta ahora, uno
tratando de posicionarse por el abuso de la retórica, y el otro forrándose sin
disimulo gracias a la arquitectura, Cordero y Lujambio buscan la estafeta del
PAN, mientras, con la bendición de Fox y Martha Sahagún (y Salinas también) entró
a la pista Santiago Creel. Pero ojo, los tres corren muy por detrás del cuarto competidor, esto es,
de Marcelo Ebrard, quien respaldado por Manuel Camacho (y Salinas), trabaja en
un proyecto mucho más ambicioso para forjar la candidatura PANPRD.
Ebrard ya suscribió los acuerdos de la Conferencia Nacional de
Gobernadores (Conago) para la creación de la Policía Única, es decir, ya se cuadró
ante Genaro García Luna. Cuauhtémoc Cárdenas ya dijo que su partido iría en
alianza con el del hombrecito que
arrastró a México al peor desastre de su historia moderna, “si el PAN incluye
propuestas del PRD”. Mientras en Michoacán él,
Camacho y Ebrard impulsan al
senador Silvano Aureoles Conejo, cartade los chuchos, contra Luisa María Calderón
Hinojosa, la misma Cocoa que cuando su hermano llegó al poder prometió que en
todo el sexenio “nunca” haría política.
Mientras tanto, el secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos,
apadrinó hace días a la nueva generación
de egresadas de la más importante escuela de parteras que hay en México,
el Centro de Atención a los Adolescentes de San Miguel de Allende (Casa). Con
ese reconocimiento –no exento de audacia– a una ONG que promueve la educación
sexual y combate la criminalización del
aborto en Guanajuato, Córdova le declaró la guerra al Yunque y tratará de
unificar a los sectores progresistas del estado para arrebatarle la gubenatura.
Por su parte, Televisa y sus levantacejas, y Humberto Moreira, líder nominal
del PRI, andan cacareando que el procurador capitalino, Miguel Ángel Mancera,
será candidato tricolor al gobierno del DF, donde el fracaso de Ebrard y la corrupción
escandalosa de la mayoría de los delegados pronostican una derrota casi segura
para el PRD...
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