Como se había adelantado en este espacio, ayer la iniciativa de reforma electoral fue enviada por la titular del Poder Ejecutivo a la Cámara de Diputados. No hay ninguna certeza de que vaya a ser aprobada tal y como la envió la presidenta Claudia Sheinbaum por la actitud de abierto rechazo de uno de los partidos aliados de Morena en el legislativo, el Partido del Trabajo.
Morena, por sí solo, no cuenta con los votos suficientes para alcanzar la mayoría calificada. Cuenta con 253 diputados y se requieren de 334 votos para que los cambios que la presidenta plantea en materia electoral se incorporen a la Constitución federal.
Es decir, le hacen falta 77 votos, si no se cuentan los que 47 que aportan el PT y los 60 del Partido Verde Ecologista de México (PVEM). El escenario luce muy complicado para la bancada de Morena. Su líder Ignacio Mier tendrá que tejer fino si realmente quiere entregar buenas cuentas a la presidenta Sheinbaum.
El PVEM no ha dicho abiertamente que no respaldará la reforma electoral en los términos en que ha sido presentada al Congreso, pero tampoco ha dicho que la respaldará. Mantiene, a diferencia del PT, una actitud de cautela.
Sin embargo, cuando inicie la discusión en comisiones ahí no habrá ambigüedades sino una definición clara y no hay ningún indicio de que el PVEM vaya a dar su brazo a torcer y acepte la eliminación de las listas plurinominales y que les reduzcan el financiamiento público a los partidos, pues desde su lógica sería tanto como darse un tiro en el pie.
La iniciativa será discutida en las comisiones de Reforma Político-Electoral, Gobernación y Población y la de Puntos Constitucionales. En comisiones, Morena no tendrá ningún problema en aprobar la reforma electoral.
El asunto de dirimirá el pleno legislativo. Ahí requerirá de una operación política para conseguir los 77 votos que le hacen falta.
Una traición largamente anunciada
El PT obtuvo su registro el 13 de enero de 1993 en las postrimerías del gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Hay una versión hasta ahora no desmentida, de que ese partido fue creado por el expresidente y su hermano Raúl Salinas.
Analistas y políticos han sostenido que los hermanos Salinas promovieron la creación del PT para fragmentar el voto de la izquierda. En ese entonces, el PRD era liderado por Cuauhtémoc Cárdenas tras el fraude de 1988 y la principal amenaza para el PRI. El PT habría servido para restarle fuerza electoral.
El dirigente histórico del PT, Alberto Anaya, ha sido señalado por mantener una relación cercana con los Salinas desde finales de los años 70, a través de movimientos de "línea de masas" en el norte del país, los cuales recibieron apoyo gubernamental para proyectos de vivienda y desarrollo.
Se ha documentado que el partido acumuló financiamiento millonario y logró sobrevivir mediante alianzas estratégicas con distintos partidos, incluidos el PRI y el PAN, antes de convertirse en el aliado incondicional de López Obrador en 2006.
Durante más de una década, el PT fue visto como un partido pragmático que priorizaba su supervivencia, el registro y las prerrogativas, antes que la ideología. Ha colaborado con prácticamente todos los partidos con registro en México.
Con el PRI se coaligó en diversas elecciones estatales. Con el PAN llegó a ir en coalición en estados como Nayarit. Fue aliado frecuente del PRD en elecciones presidenciales y locales cuando ese partido era de real oposición no la caricatura en que lo convirtieron los “Chuchos”.
Su imagen cambió parcialmente al convertirse en el aliado más constante de López Obrador, acompañándolo en sus tres campañas presidenciales, 2006, 2012 y 2018. Esto le dio un aura de "congruencia" dentro del bloque de izquierda, aunque sus detractores señalan que esta alianza ha sido su única vía para no desaparecer.
Y no se equivocan. Ha vivido a expensas de Morena y a menudo le ha jugado rudo en las elecciones, como las recientes en Tabasco, Veracruz y Durango.
La democracia es del pueblo, no de los partidos
Finalmente, la propuesta presidencial le ha quitado la careta y ha mostrado su verdadero rostro. El domingo pasado, fijó un posicionamiento en torno a la reforma electoral. Afirmó que no avalará "retrocesos" y se pronunció en contra de lo que consideran un regreso al viejo modelo de partido de Estado.
Su dirigente nacional, Alberto Anaya, aseguró que el PT defenderá los “espacios democráticos” conquistados y la pluralidad política del país. Señalaron que la iniciativa, tal como está planteada, pone en riesgo la existencia del sistema de partidos actual y buscarán evitar su desaparición.
Es la misma narrativa utilizada por el PRI y el PAN. No defienden la pluralidad, sino los privilegios, los intereses personales por encima del interés general. Quieren seguir viviendo a costa del erario y palomeando las listas para asegurar los espacios en la Cámara de Diputados y la de Senadores.
Este lunes, la presidenta les respondió en la mañanera: “La democracia es el poder del pueblo, no de los partidos”. Rechazó el argumento del PT de que la reforma electoral representa el retorno del partido único.
“Quien quiera ser diputado en nuestro país, que vaya a pedir el voto popular. Se mantiene la representación proporcional totalmente; no cambia la fórmula de la ley que se aplicó en 2015, 2018, 2021 y 2024; sólo que ahora las listas no se deciden por los partidos, sino por el voto de la ciudadanía”, dijo la mandataria.
Si la reforma electoral es derrotada en el pleno será por la traición del PT y el PVEM y, como advirtió la presidenta, el pueblo sabrá quiénes prefirieron conservar sus intereses que respaldar al movimiento y se lo cobrará en las urnas.
