• La Verdad del Sureste |
  • Miércoles 04 de Marzo de 2026

¿UN DIÁLOGO POSIBLE?/ Gonzalo J. González Calzada

(Parte III y última)

Publicado el:

Gonzalo J. González Calzada


-Nuestra misión es de amor y tolerancia según la palabra de las Sagradas Escrituras, palabra de Cristo el Redentor quien entregó su vida para salvar a la humanidad.
    Estoy seguro que ni usted se traga el cuento y no hay sinceridad en lo que afirma.
    -Lo que pasa es que usted es un incrédulo empedernido, señor Garrido.
    -Se equivoca señor Wojtyla. Yo afortunadamente tengo varios credos y más cercanos a lo humano, a lo puramente terrenal. Creo en mis conciudadanos, en mi capacidad de gobernar, en el progreso de mi pueblo, en la alegría y el bienestar de los tabasqueños, y algunos credos más. Por eso sospecho que su prédica está dirigida más a favorecer los intereses de la burocracia que representa que en últimas fechas  ha tenido serias dificultades económicas, no superables sin el apoyo de las enormes aportaciones procedentes de los pueblos satélites suyos como México y toda América Latina entre otros muchos. Ven a dichos países como una gran oportunidad material más que divina y ésta es una conclusión simple pero lógica.
    -Tenga en cuenta señor Garrido Canabal (primera vez que pronuncia los dos apellidos de don Tomás), y me permito contradecirlo, he venido a tierras de América porque lo considero un gran continente, el continente del futuro, del futuro espiritual del mundo. Un espejo donde se vean reflejados todos los humanos y sientan la bondad del Señor en esta vida y en la otra.
    -Nueva contradicción señor Karol porque sabrá que no hay más vida que ésta, la terrenal, la que usted y yo vivimos, y como humanos debemos aspirar a vivirla con un mínimo de bienestar, procurando que nuestros aciertos sean más frecuentes que nuestros errores, luchando por nuestros conciudadanos sean ricos o pobres, jóvenes o viejos, hombres o mujeres. Sabrá que aquí en Tabasco se le concedió el voto a la mujer, antes que en el resto del país y como gobernante mi mayor preocupación fue desterrar la ignorancia, la marginación, el alcoholismo, el fanatismo religioso como ya he mencionado antes. Hacer de Tabasco un pueblo sano, libre y educado fue siempre mi meta.
    -La Constitución Nacional a que hizo referencia antes, también contempla la libertad de expresión, de creencia, y usted con su fanatismo laico trasgredió flagrantemente la norma jurídica.
    -Se ve que se ha documentado con motivo de la visita que realiza y eso demuestra su interés de fondo.
    -Señor Garrido, le repito, no he venido en el plan que pretende adjudicarme. Vengo a reunirme con mis hermanos mexicanos en la Fe de Cristo.
    -Retomando su afirmación relacionada con el supuesto de mi intolerancia religiosa, mi intención muy justa por lo demás, fue la de ver vacunado al pueblo contra el virus del fanatismo religioso entre otros males, para lograr un estado próspero, de pie y no postrado.
    -Coartar la libertad del ser humano como legítimo derecho, no se justifica.
    -Mi gobierno se justifica por los logros obtenidos y que estuvieron a la vista de propios y extraños: una juventud actuante, fuerte, combativa, estudiosa y trabajadora; índices de productividad en ascenso continuo en las actividades agropecuarias, industriales, comerciales, sociales, educativas y para mostrar dichos avances dotamos a la ciudadanía de la Feria Regional, escaparate magnífico que hasta la fecha, con alguna interrupción se viene celebrando en Villahermosa, aunque los objetivos sean otros muy distintos a los iniciales. Todo ello con el fin de sustituir el desaliento por la alegría, la derrota por el triunfo, aquí, en la tierra y sin falsas promesas de una vida mejor en un reino celestial utópico.
    Juan Pablo II, guardó discreto silencio ante la verborrea incontenible de don Tomás, quien continuó expresando con orgullo su pensamiento:
    -En vez de la postración fanática religiosa, fomentamos el desarrollo integral y el bienestar social e individual y todo lo que le manifiesto no es auto elogio ni mucho menos.
    Está escrito en la historia nacional y el pueblo lo sigue recordando a pesar del tiempo transcurrido.
    -Le quiero recordar señor Garrido, que la Ley debe ser acatada y cumplida por gobernados y gobernantes, y en eso usted falló, lo que le ha costado ser recordado con calificativos de dictador tropical, cacique y epítetos no menos duros y ciertos –y en relámpago el Papa pensó: chacal, asesino…
    -Señor Wojtyla, usted sabe que las leyes no son rígidas ni eternas y se modifican según lo exijan las necesidades sociales. Su interpretación depende del lugar y el momento de que se trate. La sociedad es un ente cambiante como el mismo ser humano, e igualmente cambian sus necesidades y las reglas del juego deben cambiar también. Además mi pueblo aceptó con gran regocijo el combate a los vicios, entre ellos el religioso.
    -Insiste usted en radicalizar la fe religiosa que es inherente a la condición humana. No podemos soslayar el temor a Dios.
    -Me decepciona su afirmación señor Farol. Si existiera algún dios, no sería para inspirar temor, sino para ofrecer amor como todo buen padre.
    -El amor es insoslayable en nuestra relación con Dios, sin embargo, la maldad acecha de manera permanente y el peligro de caer en pecado debe estar presente en todo creyente. El demonio nos persigue siempre para hacernos caer en él.
    -Si me permite señor viajero, paso a otro asunto menos áspero. Constató que le hicieron un gran recibimiento.
    -Es cierto. Me ha recibido gente muy bondadosa, fieles creyentes.
    -Lo recibieron quienes forman parte de lo que vulgarmente se llama la crema y nata de la sociedad, digamos “la gente bonita” y funcionarios que no respetan la Ley, pues este es un estado laico. El pueblo en general, se acomodó como pudo a lo largo del recorrido.
    -Desde luego, no a todos puedo saludar de mano porque eso resulta materialmente imposible para un jefe de estado, sin embargo, todos los creyentes podrán tener la oportunidad de orar conmigo en los sitios asignados.
    -Digamos que el recibimiento corrió por parte de la alta burocracia eclesiástica y política, un concubinato infame de grupos privilegiados, que si lo hubieran intentado en mi gobierno, en intento hubiera quedado. Pero bueno, estos son otros tiempos.
    - En verdad lo siento por usted señor Garrido. Puede usted comprobar que su feroz lucha antirreligiosa, el tiempo la ha hecho fracasar, en bien de la libertad y la fe del pueblo.
    -Para desgracia del pueblo y como usted tiene que seguir su camino, deseo agregar un comentario necesario: Son ustedes una gran empresa trasnacional que exprimen mediante la fe religiosa, el bolsillo y la conciencia popular. Basan su prédica en una falacia absoluta, la existencia de un dios, su particular dios, que estoy convencido existe solamente en la conciencia humana.
    -Nuestra fe en Dios es inquebrantable y jamás vamos a claudicar en la misión que el Señor nos ha encomendado, y a usted señor Garrido Caníbal, le deseo de todo corazón una placentera estancia en el Cielo, si se arrepintió a tiempo de su múltiples pecados.
    -Agradezco sus buenos deseos señor Juan Pablo II como suelen nombrarlo sus seguidores y me permito refutarlo: yo sigo en la tierra porque de ella soy producto, y mi conducta la ha juzgado la historia con saldo favorable para mi persona. Nadie más.
    -Dios es muy bondadoso y sabrá perdonarte hijo mío…
    -Señor Wojtyla, mis padres son insustituibles y mis ideas siguen vigentes en bien de mi amado pueblo. Yo sí le deseo feliz estancia en la tierra sin soslayar sus propios errores y abusos, y por supuesto, su permanencia en nuestra tierra.
    El papamóvil, después de una brevísima detención ante el clamor de la gente y el cambio de dirección, en el instante mismo del cruce de miradas entre el Papa Juan Pablo II y el LIc. Tomás Garrido Caníbal, continuó sin contratiempos su viaje a lo largo del Paseo Tabasco, al cobijo de una tarde fresca, luminosa y agradable.
    Permanecí parado cerca de la estatua del Lic. Tomás Garrido Canabal, unos minutos más.
(dr_calzada@hotmail.com).