-Los métodos utilizados en su lucha antirreligiosa fueron inhumanos. Sus subordinados cometieron excesos y abusos intolerables.
-Visto a la distancia –conjeturó don Tomás-, pueden parecer tales, pero en su momento no lo fueron. Fue cuestión de actuar con firmeza y decisión. Decir, esto va en serio.
-Le digo, con autoritarismo agresivo y cruel…
-Le repito: fue necesario para salvar al pueblo de los vicios que envilecen, entre ellos el religioso, que deben combatirse con dureza y de esa manera evitar males mayores.
-Me permito recordarle sr. Licenciado Garrido que la religión no es un vicio…
-Y yo quiero recordarle sr. Wojtyla –replicó don Tomas-, que según alguien dijo, la religión es el opio de los pueblos y el mejor caldo de cultivo para ese vicio, es el analfabetismo y la incultura.
-Dios es un gran consuelo para mitigar las penas y el sufrimiento
-Mire señor Karol, de Dios mejor no hablar pues nunca nos pondríamos de acuerdo.
-Sin embargo…
-Sin embargo, la obligación del gobernante por mandato popular es hacer de su pueblo, un pueblo educado, culto, trabajador y con bienestar.
-Ah, pero no feliz. Un pueblo castrado en su manifestación espiritual más auténtica, su fe religiosa, es por sencilla deducción un pueblo infeliz.
-Insisto sr. Wojtyla, que ustedes los defensores de la religión lo hacen por conveniencia personal o grupal y confunden religiosidad con sometimiento. Es de siempre su aspiración a ejercer el poder que les otorgan, de forma hegemónica, sin haberse acostumbrado a ponerle límites, sin acotamiento alguno. Además la burocracia eclesiástica es tan falible y abusiva como cualquier burocracia y por supuesto, proclive a la corrupción, y aquí en México, está de más recordarle, se cometieron un sin número de crímenes por parte de la llamada Santa Inquisición, un tribunal fanático y perverso que ustedes auspiciaron. Por lo demás, le puedo decir con absoluta sinceridad, que no me arrepiento de lo hecho en materia religiosa durante mi mandato y el mejor resultado es que aquí en ésta mi tropical tierra, no verá usted jamás muestras de fanatismo exacerbado como suele suceder en otras partes de la República –y vehemente agregó don Tomás-: Sigo pensando lo mismo respecto de ustedes: son una verdadero cáncer social, pues una vez que hacen presa de una comunidad, no la sueltan hasta convertirla en un robot, un grupo al servicio de ustedes, un cuerpo social muerto en vida y eso, no tiene nada de humano. Es cruel y nada grato.
Tolerante el Papa afirma:
-Sr. Garrido, insisto en que los métodos para imponer su voluntad al pueblo, no fueron nada justos. Se cometieron atropellos y abusos sin fin. Nosotros predicamos la verdad en la Palabra del Señor para consuelo de los que sufren y luchamos por la llegada de un mundo mejor para todos.
-Discúlpeme pero la felicidad no debe ofertarse en otra vida. Debe lograrse en esta realidad tangible, en la tierra y sin favorecer la inactividad, la pasividad, la inmovilidad y sí mediante el estímulo de las potencialidades y habilidades de los ciudadanos a través de la educación y de la creación de condiciones propicias, al mismo tiempo que se combate con tenacidad los vicios, y entre ellos, el fanatismo religioso, el más peligroso de todos.
-Sr. Garrido, usted cayó en su propia trampa al llegar en su lucha antirreligiosa a excesos innecesarios…
-Puede ser, pero el balance histórico me es favorable a cincuenta años de distancia…
-Estoy de acuerdo que las circunstancias del pasado le favorecieron, sobre todo, el asilamiento de su estado con respecto al resto del país.
-Y ese aislamiento a que se refiere, viene a confirmar la aspiración de sus predicadores y saturrones a las comodidades en contraparte de la prédica desinteresada. Ciertamente el estado permaneció al margen de su evangelización por las condiciones de aislamiento, lejanía del centro de la República, incomunicación e insalubridad. Vivir en esta tierra pródiga ha exigido siempre sacrificios y privaciones, algo que ustedes han evitado, fuera de uno que otro que por vocación o sumisión acepta o tiene la necesidad de aceptar el reto.
-Debo decirle que muchísimos hermanos nuestros se han sometido a duras pruebas e incluso han sacrificado su vida a favor de su fe, por lo que su argumento es deleznable.
-La realidad lo contradice señor Wojtyla –replica Garrido-, afortunadamente Tabasco, esta tierra que hoy visita y lo recibe con palmas, debido a las condiciones inhóspitas que la caracterizan, nunca ha sido presa ambicionada por gente del corte de usted. En la actualidad sí, por la aparente bonanza petrolera.
-Nuestra única ambición es predicar el amor a Dios así como estimular el amor entre todos los hom bres sin importar raza, nivel social, condición económica o estrato cultural de las personas…
-Siem pre y cuando—terció don Tomás-, la prédica se haga con las comodidades de rigor como las que usted mismo goza y seguirá gozando hasta el final de sus días.
-Señor Garrido, quiero aclararle que mi jerarquía dentro de la Iglesia, me exige aceptar, como usted aceptó lo propio en su tiempo de gobernante, ciertas reglas de comportamiento que son necesarias para regular y armonizar la convivencia dentro del grupo al que se pertenece.
-Estoy de acuerdo con usted, sin embargo, la prédica, su prédica debe hacerse con humildad y sin exce sos…
-Y us ted sr. Garrido ¿no llegó a excesos?
-Ningún exceso hubo a favor de mi persona. Sí acciones en beneficio de mis conciudadanos. Para mí, el pueblo de Tabasco fue mi permanente motivo de preocupación. Me entregué a su servicio con pasión siempre. Busqué con verdadero afán su desarrollo y progreso…
-Pero también su mutilación espiritual sr. Garrido.
-Al contrario sr. Wojtyla, las necesidades espirituales se satisfacen mediante la cultura, la educación, el conocimiento, la recreación, el deporte, el trabajo principalmente…
-Permítame insistirle de nuevo, que no solamente de pan vive el hombre.
-Y yo le insisto señor Karol, que el fanatismo religioso es insano por definición y puede orillar al pueblo a prácticas radicales, dogmáticas y aún criminales.
-Sr. Garrido, su propio ejercicio del poder ¿no fue acaso una muestra fehaciente de fanatismo dictatorial, radical y dogmático?
-No lo fue en la medida de sustentarse en una campaña de convencimiento y orientación popular, bien acogida por cierto y celebrada por la mayoría de la población. Los escasos opositores afectados por la ignorancia y la enfermedad religiosa, con la razón obnubilada, rechazaron las nuevas oportunidades educativas, sociales y culturales ofertadas y tuvieron que emigrar o atenerse a las consecuencias del enojo popular.
-Le pregunto: ¿Enojo popular o enojo personal? Esos a los que se refiere de manera despectiva, conservaron su fe y sufrieron en ella con estoicismo. Fueron mártires vejados y perseguidos por su autoritarismo y fanatismo secular.
-Fueron ellos los enajenados, los que no pudieron sustraerse al engaño, a la falsa promesa de la vida de goces y dones después de muertos. Aquellos quienes llevando una vida inútil, paupérrima e improductiva se consolaron pasivamente con las mentiras de una muerte en bienaventuranza y una vida después de ella, inútil también pero placentera según torpe promesa.
-Debo contradecirlo y quiero recordarle que existen y han existido en todo tiempo, personas devotas que nunca han descuidado sus obligaciones ni su trabajo…
-Quizás, pero son los menos. La mayoría suele ser parásitos sociales, partidarios de la inmovilidad y no de la acción creativa, contrarios al bienestar y al progreso popular, manipuladores de la conciencia humana, vividores de la ignorancia. Ahora mismo, su interés por visitar estas tierras, muy lejanas tierras para su origen, es y estoy seguro de ello, es afianzar prioridades no precisamente espirituales como es el pregón, sino apuntalar intereses materiales tan necesarios a su iglesia.
Digamos que se trata de una segunda evangelización de América como oportunidad de perpetuar el atraso del pueblo, freno a la libre circulación de ideas y como corolario, propalar las bondades de la pobreza, de la explotación humana preservando la cúpula religiosa unida a los dueños del gran capital, ah, pero eso sí, muy devotos, de golpes de pecho y misa los domingos, cómodo lavadero de culpas y vergüenzas…
Continuará.
