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La Verdad del Sureste

Digno Renato


Conocí a Renato Sales cuando éste era subprocurador en la Procuraduría General de Justicia del DF. Nuestras responsabilidades profesionales nos llevaron a compartir algunos temas que eran de importancia para la Ciudad. Además, teníamos una afición en común: el gusto por el ajedrez.

    A diferencia de otro personaje que en el pasado reciente ocupó la titularidad de la misma Procuraduría y a quien se le escuchó decir que sólo leía dos libros (el Código Penal y el de Procedimientos Penales), Renato es un buen lector y amante de la filosofía (de hecho estudió la carrera, aunque no la concluyó). En una entrevista concedida a un medio de circulación nacional, dijo: “Siempre he sido un poco Dr. Jekyll y Mr. Hyde”.
    En el tiempo que fue subprocurador durante el gobierno de Andrés Manuel, Renato Sales se destacó como un hábil investigador y los casos relevantes que tuvo a su cargo concluyeron satisfactoriamente. Excepto uno: el de la muerte de la defensora de derechos humanos Digna Ochoa.
    En octubre de 2001 Digna Ochoa fue encontrada muerta en el departamento que ocupaba en la Ciudad de México. Todas las voces, al unísono, clamaban por esclarecer “el asesinato” de la defensora de derechos humanos. Nadie dudaba del crimen. Nadie, excepto Renato.
    Ni la forma en la que fue encontrado el cuerpo, ni el tipo de arma asesina, ni los varios disparos salidos de ésta fueron suficientes para que la Procuraduría cambiara su versión de los hechos: fue un suicidio. El propio Andrés Manuel no creyó en el resultado y encargó una revisión de la investigación, que llegó a la misma conclusión.
    Con la confianza que da el trato, alguna vez le pregunté a Renato sobre los resultados de la investigación y le dije que -francamente- había cosas que no eran lógicas. Él se tomó el tiempo de explicarme mediante una metáfora con un cuadro en el que una foca aparecía de la nada, y remató diciéndome algo así: por más ilógico que sea, si lo que se deduce del cuadro es una foca, es foca. 
    El jueves pasado la Comisión Nacional de los Derechos Humanos dio a conocer su informe sobre el enfrentamiento ocurrido en mayo de 2015 entre elementos de la Policía Federal y presuntos miembros del “Cartel Jalisco Nueva Generación”, en el que murieron 43 personas –incluido un policía- y 22 de ellas habrían sido ejecutadas a manos de las fuerzas del (des)orden.
    Del informe de 696 páginas, dado a una semana de que sesione en la Ciudad de México la Corte Interamericana de Derechos Humanos, se desprenden, entre otros aspectos, los siguientes: 15 personas recibieron disparos de atrás hacia delante (por la espalda), 5 personas recibieron disparos desde “un plano superior” (desde el helicóptero), 4 mil balas fueron disparadas desde un helicóptero, la policía movió de lugar siete cadáveres, a 16 les fueron sembradas armas, dos personas que ya estaban muertas fueron quemadas.
    Al leer el informe no hay duda de dos hechos: se manipuló la realidad y varios de los presuntos delincuentes fueron ejecutados. ¿Por qué? Nadie cuestiona que el estado debe combatir la delincuencia y que en caso necesario debe emplearse el uso de la fuerza, eso que la teoría política llama “el monopolio de la fuerza pública”. Pero de ahí a ejecutar a personas que ya estaban sometidas y alterar la escena para presentarla como una batalla, hay mucha diferencia.  
    En una añeja recomendación, la Recomendación General 12, de 26 de enero de 2006, la CNDH sostuvo que “existen principios comunes y esenciales que rigen el uso de las armas de fuego, como son la legalidad, la congruencia, la oportunidad y la proporcionalidad… La proporcionalidad significa la delimitación en abstracto de la relación de adecuación entre medio y fin… no se respeta la dignidad humana cuando se emplea la fuerza contra personas que no oponen resistencia alguna”, como ocurrió en Tanhuato. 
    Ante la Recomendación de la CNDH, el gobierno federal reaccionó en la voz de Renato Sales, acaso porque va dirigida a él, como Comisionado Nacional de Seguridad. 
    Renato aceptó la Recomendación aunque rechazó la existencia de ejecuciones. Esgrimió en defensa de los policías que éstos actuaron en legítima defensa. ¿Proporcional y sin excesos? “Siempre he sido un poco Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, dijo alguna vez.   
 

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