Entre chaperones te veas
@UTufigno
En distintos idiomas la palabra “chaperón” suele designar a un acompañante que hace las veces de custodio o escolta de alguien, frecuentemente de una mujer joven y soltera. Pero, por extensión, cualquiera que hace las veces de vigía de otro, es un chaperón.
Seguramente muchos de nosotros, tanto hombres como mujeres, alguna vez fuimos usados como chaperones de nuestros hermanos o hermanas, o fuimos acosados por un chaperón que impedía que nuestros instintos juveniles se desbordaran de los límites que dictaban las buenas conciencias. Pero las más de las veces existía solución: por un módico aporte económico (un boleto más para el cine, un helado o un disco, por ejemplo) el chaperón dejaba de ver, de oír y hasta de respirar si era necesario. Asunto arreglado y manos a la obra.
Todo mundo lo sospechaba -porque no podía ser de otra forma-, pero ya lo comprobamos: el día que escapó de la cárcel “El Chapo” Guzmán, el ruido que produjo la perforación del piso de concreto debió ser audible hasta en la casa de gobierno de Toluca. Pero nadie pareció enterarse ni ahí ni en los centros de vigilancia del gobierno federal, en donde muchos chaperones se encontraban distraídos o dormidos a pesar de que tenían una imagen espejo de lo que ocurría al interior del reclusorio de “alta seguridad”.
Por voz de su abogado, los custodios procesados del penal del Altiplano aseguran que en el área de monitoreo no contaban con audio. Voy a suponer que esto es cierto, pero… ¿acaso a ese mismo lugar no llegaban los ruidos que se producían en la celda de “El Chapo”?, ¿o estaban tan acostumbrados a los ruidos que nada les pareció fuera de lo normal? Y en el caso de los centros de monitoreo ubicados fuera de la cárcel del Altiplano, ¿tampoco tenían audio?
La razón que justificaría la carencia de audio parece lógica pero en realidad es insuficiente: serían tantos ruidos que se distorsionarían entre sí. Correcto, pero para eso se inventaron unos aparatos llamados audífonos, de tal suerte que cada vigía cumpliría su tarea de chaperón de manera individualizada y sin tener que soportar las estridencias del vecino. A no ser que la “alta seguridad” de la que presumen ciertos penales son sólo palabras.
También recuerdo haber escuchado de algún responsable de los centros de reclusión –escapa a mi memoria quién lo dijo-, que para no violar los derechos humanos de los procesados no se grababan en audio sus conversaciones ni su estancia en los penales. Pues el video revela todo lo contrario. Quizá no hay audio para los custodios ni para los vigías de los custodios, pero de que tienen audio las cámaras, lo tienen; es decir, así como quedaron grabados los sonidos previos a la fuga de “El Chapo”, seguramente están grabadas sus conversaciones con sus abogados y familiares.
Como suele decirse, el hilo se rompe por lo más delgado. Y en este caso la parte más delgada del hilo son los custodios inmediatos, así como los funcionarios de nivel medio que han sido detenidos, salvo el caso de Celina Oseguera, ex Coordinadora de los Centros Federales de Readaptación Social, y quien así se convirtió en el servidor público de más alto rango que ha sido encarcelado por la evasión de un preso. A ella se le atribuyen conductas omisivas porque faltó a un deber de cuidado, pero ¿será que sólo hasta ella van a llegar las responsabilidades? ¿No hay alguien más arriba que también fue contagiado por la sordera temporal de los custodios?
Si los vigías de “Don Joaquín” (así se escucha en la parte final del video) tardaron 25 minutos en ir a la celda del hombre más vigilado de México, y muchos minutos más en dar la alerta por la fuga, el gobierno federal sigue sin reaccionar adecuadamente ante la difusión del video que evidencia las fallas de los penales de “alta seguridad”. Hoy por hoy parece ser que la mayor preocupación del gobierno de Peña es encontrar a los responsables de haber filtrado el video a su televisora favorita y no a “Don Joaquín”. Lo que me da tranquilidad es haber visto que un custodio constató que “El Chapo” no se escondió debajo de su cama.