Entre malletes te veas
Al primer segundo del sábado 18 de junio, el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Luis María Aguilar, dio el malletazo inicial para marcar la plena instauración del “nuevo sistema de justicia penal” en todo el país. Se trata, dicen los entusiastas, de alcanzar una más pronta y fácil justicia. Respeto su opinión aunque sólo tengo una pregunta: ¿se trata de una mejor justicia?
De entre las bondades que el nuevo modelo tiene (“histórico cambio” lo llamó Peña Nieto), el gobierno de los Estados Unidos dijo (sí, leyó usted bien) que “será un sistema de justicia más transparente y eficiente que permita atender casos de conducta criminal, así como promover los derechos humanos y el debido proceso”. Vaya, tal parece que nuestros vecinos del norte también se exceden en su optimismo o lo manifiestan porque al fin lograron imponerlo.
Para contextualizar a nuestros amables lectores, les recuerdo que en junio de 2008 el gobierno de Felipe Calderón publicó la reforma constitucional penal “más importante de los últimos cien años”. Esta reforma consiste, en esencia, en transitar de un sistema inquisitorio (en el que el Ministerio Público actuaba como heredero de Torquemada) a uno de tipo acusatorio en el que la oralidad y la actuación pública de los jueces tienen un papel relevante.
¿En verdad estamos ante un “cambio histórico” luego de que transcurrieron los ocho años previstos en la reforma de 2008 o, como dijo el Ministro Cossío, muchos “están suponiendo que porque tenemos salas de juicios orales, que porque tengamos, digamos, la escenografía, los juicios van a funcionar”? En efecto, algunos abogados sí creerán estar en una serie de televisión, pero como el propio Ministro afirmó: “esto no es una obra de teatro”.
¿La oralidad, juicios públicos y la escenografía garantizan una mejor justicia? Veamos un caso real, entendible para cualquiera, ocurrido en los Estados Unidos en el año de 1925, conocido como “El juicio del mono”.
John Scopes era un maestro de nivel secundaria en Tennessee, quien fue acusado por el grave delito de enseñarles a sus alumnos la Teoría de la Evolución en contra de la postura creacionista contenida en la Biblia, que era vista en algunas regiones de Estados Unidos como el único texto explicativo del mundo, ¡en el siglo XX!
Sobra decirles que el juicio se llevó bajo los loables principios que ahora se destacan en el nuevo sistema de justicia penal: mediante un juicio público basado en la oralidad y la contradicción (argumentación) entre las partes. No me extiendo mucho en contarles cómo se desarrolló el juicio –muy interesante, por cierto-, pero les diré que el jurado decidió condenar al profesor quien, “en su afán de enseñar”, desmintió principios morales y jurídicos; además, porque “el hombre no puede descender de animales salvajes”. ¿Mejor justicia?
Cuando el Presidente de la Suprema Corte golpeó el mallete (esa especie de mazo de madera), tenía claro el mensaje que iba a dar frente a su selecto auditorio: autoridades de todos los órdenes y niveles, abogados, y otros colados. Elogió lo que llamó una “verdadera reforma de Estado” pero también reconoció que “engañoso sería decirle a los gobernados que el sistema de justicia ya está resolviendo todos sus problemas”, por lo que “no debemos, en modo alguno, echar las campanas al vuelo”.
Y me parece que también lanzó un dardo que puede pasar desapercibido: al inicio de su intervención, cuando personalizó a los asistentes, saludó a los Secretarios de Marina y de la Defensa, quienes “por su relación de fuerza, están muy vinculados con las acciones de justicia”. ¿Entendiste Peña?, la justicia también es para las Fuerzas Armadas.
A las palabras de autoelogio de la clase gobernante enfrentamos la realidad que se vive en el ámbito de la procuración e impartición de justicia: carencia de especialistas forenses y peritos en general, insuficiente capacitación de los policías que son un elemento fundamental en el nuevo sistema y la resistencia al cambio que tienen jueces y ministerios públicos. Y hay algo peor.
En una sociedad agraviada por la criminalidad, va a ser muy difícil explicarle al ciudadano de a pie que por la finalidad del nuevo sistema, cualquier día se va a topar de frente con quien lo asaltó la semana pasada.