Eraclio Zepeda y Roque Dalton
El 17 de septiembre murió uno de los grandes escritores de Chiapas, Eraclio Zepeda, con quien tuve la suerte de compartir espacios literarios, varias tribunas donde no se podía hablar de otra cosa que no fuera de la palabra y los diversos estilos literarios e, incluso, la historia y algo más: la política. Y menciono la política porque es el ingrediente donde nos movemos todos, algo a lo que no escapamos los escritores porque se quiera o no, nos involucra más que al ciudadano común que sólo se limita a votar pero nosotros opinamos, llegamos a las entrañas más dolorosas donde se mueven los sistemas de gobierno.
Escrito lo anterior, la identificación que nos unió a Eraclio y este escribidor fue la figura de Roque Dalton García, poeta y mártir salvadoreño de quien escribió el prólogo del poemario El Turno del Ofendido que, independiente a su fama de portaliras rebelde, se convirtió en una leyenda a partir de que no hubo cárcel que lo detuviera por muy sofisticada o custodiada donde lo encerraran porque en una ocasión un terremoto sacudió la ciudad donde lo tenían preso y se cayeron las paredes donde lo tenían confinado y se fue, simplemente huyó, así de fácil. En otra ocasión lo tenían custodiado en una casa particular agentes de la CIA de Estados Unidos y se les fue en un descuido.
De eso y otras anécdotas relacionadas con Roque, el máximo héroe de la poesía comprometida en El Salvador, luchador social, guerrillero y hasta mago porque entraba y salía de su país sin que lo supieran las autoridades migratorias fue el tema central de nuestra primera entrevista con Laco, como lo llamábamos todos, al insigne escritor del hermano estado de Chiapas, que solía venir a Villahermosa para sustentar una conferencia o dar un curso acerca del abordaje del cuento como género literario o sobre cómo elaborar una novela, en especial sobre el carácter histórico para lo cual se le convocaba.
Esta primera charla con Eraclio sirvió además para que conociera un poco más acerca del largo andar de mi compatriota porque a ambos –Eraclio y Roque- los unió el deseo ferviente de cambiar el orden social de las naciones donde imperaban las dictaduras en América Latina, donde sólo Cuba se había liberado del yugo como control que dominaba Estados Unidos. Y no habiendo nada qué hacer en la isla. Luego ambos –Eraclio y Roque-, terminada la etapa de la revolución triunfante en Cuba, con el gusanito libertario dentro, los llevó a continuar con otras revoluciones y anduvieron por América Latina y en naciones donde tenía injerencia la Unión Soviética y allá se fueron.
Por lo anterior, hubo una entrañable amistad. Posterior a estas etapas donde expusieron sus vidas luchando en tierra ajena, ambos regresaron a sus respectivas naciones. Eraclio retomó a su oficio de historiador, cuentista, maestro en los diversos géneros literarios en distintas tribunas, que fue la etapa donde lo conocí, mientras Roque se integró a la guerrilla salvadoreña, en plena guerra, donde fue asesinado por sus mismos compañeros, sus correligionarios, integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) el sábado 10 de mayo de 1975, día simbólico dado que se conmemora con toda sublimidad el día de las madres. Y junto con Roque también asesinaron a otros dos compañeros de lucha: Armando Estrada y a un líder sindical de nombre Pancho.
Estos asesinatos fueron considerados como atroces. Pero más atroz se considera aún en El Salvador al hecho de que han pasado cuarenta años desde entonces e, incluso sabiendo el nombre de los asesinos, todos los salvadoreños lo saben, quienes cometieron esta atrocidad, nunca fueron encarcelados, jamás se mencionó que les harían juicio, las leyes gubernamentales callaron pese a que se vivía otra etapa a partir de los Acuerdos de Paz de Chapultepec, México, entre el gobierno salvadoreño y las diferentes facciones de las guerrillas, hecho que tuvo lugar en 1992, acto político donde tomaron parte los gobiernos, Álvaro Uribe, de Colombia y Felipe Calderón, de México. Y en esta negociación participo también Vladimir Rogel Vaquerito, asesinado también después por militantes del ERP.
Estos menesteres y los literarios eran los que atrapaban nuestro tiempo y charla entre Eraclio Zepeda y yo cada vez que nos veíamos. ¿De qué otra cosa pueden hablar los intelectuales? El Juglar de Chiapas, como se le conocía, impartió un taller de narrativa en el Planetario Tabasco 2000 invitado por el Instituto Estatal de Cultura (IEC), antes conocido como (ICT), donde participamos varios interesados en escribir una novela, que era la razón de la convocatoria. Fue un contingente importante el que participó en él. Entre ellos figuraba doña Gaba Gutiérrez, entonces Cronista de loa Ciudad, Lety Rivera, Dulce Karime Nefertiti, Juan de Jesús López, Miriam Judith Gallegos, Ricardo de la Peña Marshall, Norma Domínguez de Dios, Flora Salazar, Luis Alonso Fernández y yo.
Hubo más asistentes a este curso pero mi mente tambalea con sus nombres y ofrezco disculpas por ello. Fue tan magistral la forma de conducirlo por parte de Eraclio que la mayoría de novelas que ahí se escribieron están editadas. Recuerdo por ello a Vicente Gómez Montero, Lety Rivera, Flora Salazar, Luis Alonso, Juan de Jesús y quien escribe que culminamos nuestro trabajo. La mayoría, repito, ya editaron su obra de las cuales he perdido la pista. De mi parte escribí la novela El Sagitario Rojo que permanece inédita por una razón: tenía comprometidos otros libros de crítica literaria sobre historia de la literatura tabasqueña y se le dio prioridad. Después se adelgazaron los tiempos editoriales y no hubo oportunidad.
Recuerdo que al final del curso nos fuimos de viaje a Frontera con Eraclio a la cabeza como siempre, contando anécdotas por el camino. Fue un feliz paseo. Agradable en toda la extensión. Eraclio Zepeda tuvo otras oportunidades en Chiapas e incluso fue nombrado secretario de gobierno y eso derivó en que se le criticara en su tierra. Ocupó una curul en una legislatura a nivel federal y siguieron las críticas movidas por la envidia. Y Laco guardó prudente silencio. Regresó a Villahermosa otras veces y allá fuimos con él. Citar su obra es inoficioso porque ya otros medios abordaron ese tema. Yo sólo intento dibujarlo tal como lo conocí, de qué hablamos, las amistades que compartimos en este viaje que recién acaba de finalizar para él. Ya seguiremos nuestra charla en otro espacio cuando nos toque dejar la literatura y la historia terrestre.