DE ESPERANZA Y APLASTAMIENTO
Porque sin fe no puede haber esperanza (Moroni 7: 24), y se nos pide renovar la esperanza; para ello, primero debe haber fe; y si debe haber fe, también debe haber esperanza; y si debe haber esperanza, debe haber caridad también (Moroni 10:20); pero (de estas virtudes) la mayor de ellas es la caridad (Moroni 13:13); porque con esperanza ha de arar el que ara; y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. (Primera de Corintios 9: 10); pueden tener la firme esperanza de un mundo mejor; y esta esperanza viene por la fe, proporciona un ancla a las almas de los hombres y los hace seguros y firmes, abundando siempre en buenas obras (Éter 12:4); mirad que tengáis fe, esperanza y caridad, y entonces siempre abundaréis en buenas obras (Alma 7:24); la desesperación viene por causa de la iniquidad (Moroni10:22); aguardamos por la fe, la esperanza de la justicia (Gálatas 5:5); teniendo tal esperanza, hablamos con mucha franqueza (Segunda de Corintios 3:12); y (esperamos con paciencia lo bueno), y la paciencia, prueba; y la paciencia es prueba no de mansedumbre sino de lealtad; y la prueba, esperanza (Romanos 5:4); y la esperanza no avergüenza (Romanos 5:5); (provoca) pensamientos de paz y no de mal, para daros un porvenir y una esperanza (Jeremía 29:11); también que os restauraré el doble (Zacarías 9:12); pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma diligencia hasta el fin, para el pleno cumplimiento de la esperanza (Hebreos 6:1); sé paciente; sé sobrio; sé moderado; ten paciencia, fe, esperanza y caridad (Doctrina y Convenios 6:19); la fe no es tener un conocimiento perfecto de las cosas; de modo que si tenéis fe, tenéis esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas (Alma 32:21); y después de haber perseverado en la esperanza, obtendréis riquezas si las buscáis y si las buscareis con el fin de hacer bien: para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y suministrar auxilio al enfermo y al afligido (Jacob 2:19). Espera siempre lo mejor, prepárate para lo peor y acepta lo que venga. Es más certera que falsa la expresión: lo que vino convino, lo que viene conviene, lo que vendrá convendrá.
La norma de «aplastar al enemigo» es tan vieja como la Biblia. Puede que el primero en ponerla en práctica haya sido Moisés, quien la aprendió de Dios, cuando Él separó las aguas del mar Rojo para que los judíos pudiesen pasar y luego volvió a cerrarlas sobre los egipcios que los perseguían, de modo que «no escapó uno solo». Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con los Diez Mandamientos y vio que su pueblo adoraba al Becerro de Oro, hizo degollar hasta al último de los transgresores. Y, ya en su lecho de muerte, dijo a sus seguidores, que por fin iban a entrar en la Tierra Prometida, que cuando hubieran derrotado a las tribus de Canaán debían «destruirlas por completo... no hacer trato con ellos ni tenerles clemencia». Empezando por Moisés, todos los grandes líderes de la historia sabían que era necesario aplastar por completo al enemigo al que temían. Si se deja encendida una sola brasa, por muy débil que sea, siempre se corre el riesgo de que vuelva a desencadenarse un incendio. Se ha perdido más por una aniquilación a medias que por una exterminación total: el enemigo se recuperará y buscará venganza. Destrúyalo por completo. «Debe notarse, pues, que a los hombres hay que halagarlos, o de lo contrario aniquilarlos; se vengarán por pequeñas injurias pero no podrán hacerlo por las grandes; la herida que inflijamos a un hombre debe ser, pues, tan grande que no tengamos necesidad de temer su venganza.» (Nicolás Maquiavelo, 1469-1527). El enemigo debe ser exterminado, aplastado y privado de toda oportunidad de volver y perseguirnos. Esto vale tanto más cuando se trata de un amigo que se ha convertido en enemigo, o está poniéndote en peligro.