Evaristo, el cazador cazado…desde el poder
En 37 años de militancia en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el popular Evaristo Hernández Cruz conoció cómo se le gana al tigre y cómo se domestica al león. Aunque él, siempre compitió en arenas de media talla. Lugares donde pudo armar estrategias, retar y vencer en algunas ocasiones a sus adversarios. E incluso, las más de las veces, consiguió los cargos, mediante componendas y negociaciones. No por ejercer un auténtico liderazgo, como pretende hacer creer.
Idealista y ambicioso, creado en las herrumbradas ligas tricolores, EVA trabajó bien en sus encomiendas cuando fue gobierno. Pero al parecer olvidó que al poder no se llega por trabajo, sino que al poder se llega mediante acuerdos; sobre todo, por el dedo poderoso de los jefes que determinan el cargo a realizar.
En esta última aventura, EVA pretendió comerse al león, al tigre y a las serpientes juntas. Sin embargo, sus escaramuzas políticas terminaron hasta donde la oligarquía tradicional que ha manipulado siempre al tricolor, le cerró el paso y lo envió a que tomara un lugar en la fila de los que ambicionan poder; además de decirle que la disciplina partidista exige no saltarse las trancas, no rebasar, no soñar ser el pastor número uno del rebaño choco, y menos aún, pretender sentarse en la silla del virrey sin consentimiento de la rancia oligarquía de Tabasco. .
Le lección al hombre de la risita aguda y de tono bajo (jijiji), en esta elección fue determinante en cuanto a ubicar su capital y fuerza política entre su militancia. Esta vez, quiero creer, que si le caló la enseñanza aprendida en las entrañas del partido. Sobre todo ésta: “si juegas, deberás hacer el juego que te indique el virrey, y si no sigues las reglas quedarás fuera del juego”.
Listo como se sentía Evaristo, actuó rápido. En primera instancia, se enfrentó al León de la Quinta (Granier). Usó como arena de combate al Ayuntamiento y echó a andar toda su estructura. Aquí, apoyado con su amigo Bertruy, quienes conjuntamente dinamitaron al partido del Gobernador, con la idea de dejarlo mal, para que su candidato llegara débil a las elecciones y fuera derrotado. Por él.
Por otro lado, quiso chamaquear a Roberto Madrazo al invitarlo a su campaña, y convencerlo de que él era el mejor candidato para la alcaldía. Previendo hacerse del Centro, para de ahí saltar a la gubernatura. Propuesta que finalizó con una brutal respuesta del alicaído tigre; quien fiel a su olfato, y recuperando su linaje, no reparó en devorárselo para demostrar su poder ante el astuto EVA.
Finalmente, quiso eliminar a las serpientes. Cuando trató de encantar y meter en el canasto a la militancia priista, quienes apegadas a su costumbre no se dejaron llevar por el canto de sus flautas, sino que decidieron esperar a que suenen las trompetas que les den claridad y les indique con seguridad la ruta a seguir por los líderes de los grupos que detentan el poder interno. En pocas palabras, la militancia no da paso sin huarache, y se disciplina ante el poder de la oligarquía.
En fin EVA, probó sopa de su propio chocolate, y aprendió que mientras le sea útil a los grupos de poder, será colocado en algún cargo de elección popular o público. Pero además, que en Tabasco existe una oligarquía económica y política rancia y antidemocrática que gobierna al tricolor. Donde a él, como militante de origen humilde (aunque ambicioso y sin escrúpulos), no se le confía, ni confiará la posibilidad de gobernar la entidad. En esta misma impresión y visión personalísima, podría pensarse que creyó dormido al león, a quien atacó e intentó ganarle. Oh, error de cálculo, o demasiada confianza en su soberbia.
En fin Evaristo, ahora dice que se irá a Morena; a ver si las ambiciones expresadas en sus intentos de hacerse de poder, no le sean un dique personal. Y finalmente de cazador, resulte cazado y eliminado en la arena que lo vio crecer… a ver qué pasa.
Por cierto, ayer fue 19 de enero. Aniversario de aquella brutal afrenta contra la lucha democrática.