EVOCACIÓNES
Quiero hoy hacer dos evocaciones de discursos que vienen muy a tono con el momento. Fueron pronunciados por dos personajes que colmaron parte de las páginas de la historia del país. El campechano Justo Sierra Méndez y el sonorense, mi extinto amigo, Luis Donaldo Colosio:
El maestro Justo Sierra, en sus textos Educar; Patria; México; Escepticismo; Empresas; Indígena; y Mexicana, dijo en su momento:
México es un pueblo con hambre y sed. El hambre y la sed que tiene, no es de pan; México tiene hambre y sed de justicia. El enemigo es íntimo. (...) Es el escepticismo de los que, al dudar de que lleguemos a ser aptos para la libertad, nos condenan a muerte.
Afirma Justo Sierra: Existe, lo repetimos, una evolución social mexicana; nuestro progreso, compuesto de elementos exteriores, revela, al análisis, una reacción del elemento social sobre esos elementos para asimilárselos, para aprovecharlos en desenvolvimiento e intensidad de vida. Así nuestra personalidad nacional, al ponerse en relación directa con el mundo, se ha fortificado, ha crecido. Esa evolución es incipiente sin duda: en comparación de nuestro estado anterior al último tercio del pasado siglo, el camino recorrido es inmenso; y aun en comparación del camino recorrido en el mismo lapso por nuestros vecinos, y ése debe ser virilmente nuestro punto de mira y referencia perpetua, sin ilusiones, que serían mortales, pero sin desalientos, que serían cobardes, nuestro progreso ha dejado de ser insignificante.
Y apuntó: Las empresas deberían ser las primeras en promover capacitación y educación y los grandes favorecidos de la fortuna, los primeros obligados a sostener centros de investigación, enseñanza, cultura y bellas artes. Es la educación la que genera mejores condiciones de justicia; educar evita la necesidad de castigar.
Y mi malogrado amigo, Luis Donaldo Colosio dijo, en un fragmento del discurso el 6 de marzo del año de su artero asesinato:
Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales.
Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota; son ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar el progreso.
Y refiriéndose al partido al que estuvo afiliado hasta su asesinato afirmó:
Como partido de la estabilidad y la justicia social, nos avergüenza advertir que no fuimos sensibles a los grandes reclamos de nuestras comunidades; que no estuvimos al lado de ellas en sus aspiraciones; que no estuvimos a la altura del compromiso que ellas esperaban de nosotros.
Tenemos que asumir esta autocrítica y tenemos que romper con las prácticas que nos hicieron una organización rígida. Tenemos que superar las actitudes que debilitan nuestra capacidad de innovación y de cambio.
Hoy es momento de que quienes tienen responsabilidades en esos ámbitos, reflexionen.