Falso positivo y alharaca
La felicidad y los políticos
Hacer lo que se debe de hacer; hacer lo que está uno obligado a hacer, no tiene ningún mérito.
En el argot o léxico de los militares, policías e investigadores de los crímenes y los criminales el arresto o ejecución de personas inocentes por parte de los organismos castrenses haciendo pasar dichos inocentes por criminales abatidos se denomina falso positivo. Su intención es presentar a la opinión pública y de manera masiva resultados profusamente difundidos ya sea de detenciones o arrestos u homicidios –normalmente encubiertos en supuestos enfrentamientos- de supuestos criminales y de aparentes peligrosos sujetos.
La re detención del Joaquín Guzmán Loera es un falso positivo. Primeramente porque el delincuente estaba encarcelado y en consecuencia, si estaba recluido en el Penal de Alta Seguridad no había motivo alguno para andar buscándole.
Esto es, su recaptura sólo resulta ser la corrección de errores o confabulaciones del gobierno federal al que se le escapó de un lugar inexpugnable.
En segundo lugar porque, el gobierno federal vuelve a promocionar difusamente su segunda detención en este sexenio, y saca provecho a más no poder de algo que no tiene ningún mérito; la obligación del gobierno federal es encarcelar a los delincuentes y con mayor razón a los bandidos del tipo de Guzmán Loera.
En tercer lugar porque su recaptura resulta ser un logro pírrico y muy oneroso. Se destinaron miles de millones de pesos para recapturarlo, dinero que no debió destinarse para ello si no se les hubiese fugado; y porque, para su primera captura en este sexenio, se destinaron otros miles de millones de pesos y aun estando en la cárcel Guzmán Loera, el flagelo del narcotráfico, la venta y trasiego de drogas y la violencia que conlleva tal ilegal negocio, no paró.
En cuarto lugar, falso, falsísimo positivo, ya que, Guzmán Loera fue condenado en 1995 a purgar un total de 20 años 9 meses de prisión –se le sumaron 3 condenas en aquella fecha -, por lo que, si no le hubiesen permitido, primero fugarse del Penal de Puente Grande, Jalisco, y luego del Penal del Altiplano, para abril de 2016 –es decir, dentro de 3 meses- el Chapo Guzmán tendría que haber sido puesto en libertad al igual que pasó con Rafael Caro Quintero, a quien, al cumplir su condena, tuvo que ser puesto en libertad.
Guzmán Loera fue detenido en Guatemala en 1993 (9 de junio), encarcelado en el Penal de Almoloya de Juárez, Estado de México –Penal de La Palma se denominaba entonces-: fue condenado por un delito a 7 años de prisión; en 1995, estando preso ahí, volvió a ser condenado por otros 13 años 9 meses en otras dos condenas. Si se acumulan o suman esas tres condenas, debe cumplir 20 años 9 meses de cárcel.
Del Penal de La Palma fue trasladado (22 de noviembre de 1995) al Penal de Puente Grande, Jalisco, de donde se “fugó” en 2001 (19 de enero). En ese lapso cumplió 8 años de su condena.
Fue recapturado el 22 de febrero de 2014 –recaptura que fue difundida profusa y groseramente por el gobierno federal-, permaneció un año en la cárcel de Máxima Seguridad del Altiplano –nuevo nombre con el que se conoce el antiguo Penal de La Palma-, de donde se “fugó” el 11 de julio del 2015. Hasta ahí, Guzmán Loera lleva cumplidos 9 años de su condena.
Su Tercera recaptura la difunde profusamente el gobierno federal como un gran logro desde el 8 de enero de 2016.
¿Para qué se le abrieron las puertas de los penales en estas ocasiones? El acuerdo y los negocios.
Por último, quien piense que la tercera recaptura de Guzmán Loera golpea “fuertemente” al crimen organizado se equivoca rotundamente, aunque el gobierno federal se desgañote haciéndole propaganda a tal tercera recaptura.
El apodado Cártel de Sinaloa tiene una red financiera impresionante, está en la cárcel un operador pero a salvo el cártel; más allá de personajes es una federación, es una trasnacional, es una estructura enorme: recapturan a «El Chapo», ¿y «El Mayo», «El Azul», y otra centena de capos y capitos que pululan con carta de porte? Todo sigue igual: el narcotráfico es un suceso social, político y económico donde a veces surgen batallas –y hay caídos- y en otras, grandes acuerdos; el narco se maneja desde el Estado, por ello se le denomina delincuencia organizada, porque como afirma Edgardo Buscaglia, se organiza con y por el Estado.