¡FELICIDADES PEÑA¡ I
No voy a felicitar al Presidente Peña Nieto por festejarse el Día del Padre. He sido crítico pertinaz de las acciones y decisiones que he considerado dañinas a la población, opuestas o contrarias a los deseos más sentidos de los mexicanos, o que buscan debilitar ´más al ya moribundo nacionalismo mexicano. Pero tengo que manifestar mi beneplácito con 2 iniciativas que envió Peña al Congreso.
No tengo el dato certero pero, el hecho de que se hayan enviado esas iniciativas de reforma y de ley, denota que Peña ha cambiado de Asesor Jurídico o que ya le está haciendo caso a personas más ponderadas, centradas, conocedoras y equilibradas sobre ambos temas.
Me refiero a las iniciativas: de crear el Estado 32 previa consulta constitucional para hacer una Carta Constitutiva –que ya se concretó en el proceso electoral del pasado 5 de junio-; y la otra, presentada en el mes de abril por el Presidente de la República, que impacta sustancialmente a las Juntas de Conciliación y Arbitraje de los Estados y que modifica seriamente el régimen y procedimiento de la impartición de justicia en el área laboral.
El 28 de abril, Peña Nieto envió al Senado dos iniciativas de reforma, tanto a la Constitución como a la Ley Federal del Trabajo, para promover una restructuración del sistema de justicia laboral.
La importante propuesta, reforma el artículo 123 de la Constitución y, de aprobarse, iniciará el cambio del sistema de relaciones laborales en su conjunto, al desaparecer las Juntas de Conciliación y Arbitraje -instancias tripartitas que sostuvieron un régimen corporativo-estatista que impidió el libre ejercicio de los derechos colectivos fundamentales de los trabajadores mexicanos-.
Desde mediados de los años ochenta era evidente que la reforma del sistema de justicia laboral y la creación de un órgano autónomo para hacerse cargo del registro de los sindicatos y los contratos colectivos, y desde antes, más evidente la necesidad de desaparecer la oprobiosa Comisión Nacional de los Salarios Mínimos. Eran exigencias sociales imperiosas.
El tema estaba colocado en la agenda pública desde hace más de 20 años; hoy la inconformidad social y un escenario internacional que exige cada vez más pruebas del compromiso del país con la democracia y el Estado de Derecho, terminó por vencer las fuertes resistencias de los gobiernos neoliberales del PRI y del PAN –por deformación opuestos a los reclamos en favor de poner fin al corporativismo, sus vicios y sus lacras, expresadas no sólo a nivel de las Juntas de Conciliación y Arbitraje, sino en otras instancias de la administración laboral-.
Porque aunque usted no lo crea, las leyes laborales aparentan proteger a los trabajadores mas realmente son instrumentos usados para la explotación de ellos y para privilegiar al capital y al patrón.
Es de recordar la iniciativa de reforma constitucional y legal del PRD-UNT presentada al Congreso de la Unión en 2001: proponía la creación del órgano descentralizado encargado del registro de las organizaciones y los contratos colectivos -siguiendo el modelo de los órganos autónomos que se venían formando para llevar a cabo el proceso electoral-; planteaba la urgente necesidad de remplazar a la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos -integrada igualmente de forma tripartita y responsable, como atestiguamos hoy, de una política salarial que llevó la pobreza al mercado laboral y privó a los trabajadores de los ingresos mínimos para la satisfacción de sus necesidades básicas y las de sus familias- (en México se pagan los salarios más bajos del mundo como ya escribí meses atrás en sendos artículos -¡Mátalos de hambre! -12-10-2015- ).
La reforma llega en un momento crucial del país, cuando las limitaciones del proceso de transición política a la democracia iniciada a fines de los años ochenta no se pueden ocultar. Notoriamente han fracasado.
El rezago en la construcción del orden institucional, en un contexto de profundos cambios en el modelo de crecimiento y en los mercados de trabajo, se tradujo en una expansión indiscriminada de la simulación y la corrupción en los sindicatos, como ingrediente para sostener un modelo de relaciones laborales que hizo posible combinar salarios indignos -los más bajos de la región-, con una paz laboral expresada en casi cero huelgas.
En otra entrega analizaremos los puntos relevantes de la iniciativa y sus previsibles efectos.