Flores de cempazúchitl
@UTufigno
De un intenso color amarillo, la flor de cempoal-xóchitl (en la forma original de escribirse en náhuatl) es tradicional en las celebraciones del “día de muertos”. Su tamaño real suele ser varias veces más grande que el tamaño que estamos acostumbrados a ver en los adornos de la época. Así, esta flor es la compañera infaltable de las veladoras, el incienso, la sal, las calaveras, el pan y el papel picado con el que se engalanan las ofrendas.
¿Y por qué esta flor? Cuenta la leyenda que su olor atrae a las almas de los difuntos y por eso se marca con las flores una cruz o un camino para que las ánimas sepan por donde seguir su andar.
Me gustan estas fechas del año porque, a pesar de la influencia que tiene sobre nuestra sociedad y modo de vida el “estilo norteamericano”, conservamos muchas de nuestras tradiciones. Por ejemplo, de unos años para acá el centro de Coyoacán -en la Ciudad de México- se ha convertido en un lugar en el que lo mismo podemos ver a la Catrina que a Frankenstein; a Frida Kahlo y a Chucky; a La Llorona y a Alex (el protagonista de “Naranja Mecánica”), y a muchos otros personajes y seres siniestros entremezclados en un sincretismo que refleja la diversidad de nuestra cultura.
Pero si la anterior conjunción me arranca sonrisas, la mezcla de diputados malignos que ha tomado por asalto la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, me causa más que terror. Estos personajes macabrones, de distintos colores y olores, se apropiaron de lo que legítimamente corresponde a los ciudadanos de la Ciudad de México que en las elecciones del mes de junio último votaron en contra de la mayoría amarilla y de los otros partidos que cínicamente se han unido, tanto a nivel local como federal, en contra de los intereses de la gente.
El mensaje de las urnas había sido muy claro: no más de lo mismo, ni en las Jefaturas Delegacionales ni en la Asamblea Legislativa. Y, por si fuera poco, también fue un duro mensaje para quien se encuentra al frente del Gobierno del Distrito Federal y que no disimula sus aspiraciones para el 2018, así sea al costo de afectar el patrimonio de la Ciudad, que es de todos.
Fundidos en un abrazo precaminoso, el PRD, el PRI, el PAN y el Gobierno del Distrito Federal han creado un bloque de facto para excluir cualquier posibilidad de que MORENA establezca la agenda del cambio en la Ciudad. Para empezar, recurrieron a toda clase de artilugios legaloides para reducir al mínimo los triunfos electorales de MORENA, tanto en Jefaturas Delegacionales como en el número de diputados locales. Posteriormente, los adúlteros legisladores amarillos, azules y tricolores ante la Asamblea Legislativa se unieron para impedir que MORENA presidiera las once comisiones que le pertenecen al ser la mayoría legislativa.
Por si fuera poco, un personaje envuelto en escándalos de corrupción y ex Jefe Delegacional en Coyoacán, Mauricio Toledo, quedó al frente de la Comisión de Presupuesto, algo así como poner al frente de un jardín de niños a Marcial Maciel. Esta decisión mereció, incluso, que las propias tribus amarillas levantaran las cejas pues la mala fama de este muerto en vida es de sobra conocida.
La cerrazón de los coludidos y la forma en la que se han unido sólo viene a comprobar que las supuestas diferencias ideológicas entre ellos sólo son eso: meras suposiciones. En el fondo comparten los mismos intereses y tal parece que hasta -según lo han demostrado- estarían dispuestos a compartir los mismos candidatos, aunque éstos carezcan de una identificación ideológica concreta.
De manera muy conveniente, el titular del Gobierno del Distrito Federal ha evitado afiliarse a algún partido político y ha dejado entrever que no le desagradaría una eventual “candidatura independiente”. Pero si piensa que esta ambigüedad lo coloca en el lado de la “ciudadanía”, se equivoca. La percepción es que su falta de definición se traduce en una falta de compromiso y que únicamente está a la espera de ver qué partido le ofrece la mejor propuesta. Aunque anticipo que es posible que no quiera la del partido amarillo, porque es tan amarillo como las flores de muertos.