En la oficina del equipo, al cliente le ofrecían un mapa con la distribución de las butacas, para que el interesado se dirigiera a la zona de ubicación de la platea elegida, para tomar fotos de la misma y los datos complementarios, retornar con la información para el registro electrónico de la asignación con el nombre del comprador.
Sin embargo, se dieron casos de aficionados que otro fanático se adelantó o ayudaron con la logística para adquirir el asiento, porque muchos quieren ser parte del histórico momento del estreno de un estadio nuevo, y ante las protestas airadas del primer consumidor, por la fallida primera elección de la localidad, tuvo que repetir el procedimiento.
Ya como abonado, el seguidor de los colores tabasqueños tenía el derecho de adquirir a un número determinado de entradas, para el juego inaugural de la campaña, los cuales eran pagados en efectivo o tarjeta de crédito, y asignados por el sistema digital de la comercializadora; lamentablemente, ante la oferta y la demanda, algunos tiques ya pagados, indebidamente la compañía los mercadeó como olmecabono.
A estos aficionados engañados y burlados por lo que etiquetaron de “doble cobro de una misma butaca”, les reubicaron estos lugares de la “promoción”, a conveniencia financiera de la firma responsable del negocio de las entradas y en detrimento de los planes del abonado de tener juntos a sus invitados, para el encuentro de estreno de la liga en el Centenario.
Esta clase acontecimientos colocan en la “ojo del huracán” a la organización de Olmecas de Tabasco, por pactar con una empresa la venta de olmecabonos que, utiliza sistemas arcaicos, según calificaron abonados, lo cual repercutió en la seriedad y honestidad de la misma. Una forma de deslindar responsabilidades es demandar ante la Profeco, de lo contrario no pasará nada.
El poder es el poder.
