Todo mexicano, acorde a las leyes electorales, tiene derecho a votar y ser votado. En ese sentido la todavía responsable de la institución deportiva le sería legítima su posible búsqueda en las siglas partidistas donde milita una nominación, porque es de todos conocidos, desde su llegada a dirigir el deporte, su origen político.
Sin embargo, la hipotética dimisión de Mayo Aparicio, a pocos meses de asumir el cargo, se sumaría al par de sus antecesores, quienes también perduraron escaso tiempo al frente de los destinos del deporte local, con lo cual se trastocaron los programas en menoscabo de la comunidad deportiva, porque cada persona tiene su forma personal de administrar y dirigir.
Desde el nacimiento del Injudet es minino el número de ex rectores encauzados exclusivamente a trabajar por la sociedad deportiva, ya que la mayoría se dedicó a cultivar su proyección política, por el contacto directo con muchos jóvenes mayores de edad o el trato necesario con los padres de los niños y adolescentes.
Muchos de los problemas de anarquía, en ciertos deportes, fueron tolerado por directores quienes, ante el temor de perder capitales electores o estropear su imagen política, procedieron con tibieza con aquellas ligas y agrupaciones deportivas que, con la bandera de fomentar el deporte comercializan con la actividad deportiva; en otras palabras: mercenarios del deporte.
El deporte local todavía está lejos salir de la crisis que padece de hace varios años, después de colocarse entre los lugares de la media tabla para arriba de la calificación nacional. La celebración en la entidad de los Juegos Nacionales Conade dejó la reconstrucción y una nueva infraestructura deportiva y aun así se recuperó poco lo perdido.
De concretarse la abdicación de Jessyca Mayo Aparicio, quien ocupe su lugar tendría pocos meses para desempeñar el cargo sin importar si lo hace bien o mal, porque se está en la recta final del presente sexenio y ante ese escenario es casi improbable prometer resultados positivos. El poder es el poder.
