FREE LANCE
Llamado a sus amigos. La pasión por el futbol y amor a Tabasco llevo al ingeniero Enrique Montoya Cano a convertirse en el porrista número uno de los conjuntos tabasqueños, que militaron en las diferentes divisiones del balompié profesional mexicano; desgraciadamente problemas de salud y económicos tienen a este ícono del deporte local necesitado de sus amigos.
Con sus propios recursos el Ingeniero lo mismo arengaba a los equipos domésticos en el estadio Olímpico de la Ciudad Deportiva, en alguna de las canchas de los municipios que llegaron a contar con futbol profesional y durante la visita de los conjuntos tabasqueños a sus rivales fuera de esta entidad federativa
Nadie de los pocos o muchos aficionados que se citaban durante cada temporada, en los inmuebles futboleros locales, sobre todo del Olímpico, negará que la presencia en las gradas de Enrique Montoya era imposible que pasará por desapercibida porque sus exclamaciones prevalecían en mucho a los porristas organizados. Incluso, llego a comprar un sinnúmero de objetos para animar el ambiente en las tribunas, dispositivos que presto a los aficionados y estos jamás lo repusieron. Todo un personaje del balompié profesional tabasqueño que supo valorar y cultivar amigos a quienes invitaba a disfrutar de lo que consumía.
Obviamente, los directivos comprometen su dinero y los futbolistas se sacrifican para ofrecer el espectáculo; pero la porra o los porristas con el ruido que producen con sus matracas, cornetas, gritos y porras motivan a los jugados y, en ciertos casos, llegan a ser la diferencia entre el triunfo y la derrota del conjunto de su preferencia.
Esa sociedad futbolera que acertadamente organizó recientemente un homenaje al doctor Fernando Estrada Árnica, principal promotor del balompié profesional del estado, debería de convocar a toda la familia de este popular deporte para apoyar a Enrique Montoya en estos difíciles momentos.Quizá el aludido si se le pregunta qué necesita, por orgullo diga que nada, pero bastará verlo para hacer un diagnóstico de su situación para destinar una ayuda de la clase que sea, pero que impacte a favor del ex porrista y su familia.
Que estas líneas sirvan para tocar las fibras más sensitivas de la gente del quehacer deportivo que hoy son entrenadores, servidores púbicos y profesionistas gracias a su talento así como las aguerridas porras de un personaje como Enrique Montoya Cano que dio lo mejor de sí para respaldar al futbol tabasqueño desde una tribuna en casa o frontal de ella. El poder es el poder.