FREE LANCE
Nada personal
Por imputar directamente a la profesora Leticia Carrillo González su parcialidad en cierto certamen, donde ella formó parte del cuerpo colegiado que evaluó a los participantes, cuestiona si es algo personal. Cuando se atribuye con pruebas o testigos y en uso de la libertad de expresión, un derecho constitucional, es obvio que revelar el suceso es un acto de civilidad.
El profesor Carlos Esparza Luque, Director de la Escuela Normal de Educación Física (ENEF) “Pablo García Ávalos”, por defender lo indefendible se rasgó las vestiduras al argumentar que en su momento esto se calló. Aquí hay que subrayar mínimo un par cosas: una, por cierto el catedrático testigo del suceso, no le dio importancia y lo ocultó a quien tuvo que informar.
Dos y último es temerario de parte del Director de la ENEF señalar que hasta ahora se externó el tema de la maestra, cuando varios de ese grupo colegiado, como el ingeniero Javier Oliva Pérez, entre otros, verbalmente comentaron el tema con las personas indicadas para evitar a futuro que alguien pretenda de nuevo cultivar una coyuntural oportunidad para beneficio personal.
La aludida pujo por persuadir, en ese entonces a sus compañeros jueces, de apoyar dos candidaturas, sin los merecimientos necesarios, pero íntimamente ligados al Gym Ateneo, donde se desempeña como responsable, afortunadamente la verticalidad de la mayoría de los peritos impidió la persuasión y ante eso evidenció su enojo.
Nadie por encima de los preceptos constitucionales que garantizan el ejercicio periodístico, donde no caben las cuestiones personales; porque la opinión pública coloca a cada uno en su lugar de acuerdo a su actuar y proceder. Todo individuo, hombre o mujer, que acepta un quehacer público se expone al juicio de la sociedad y de las leyes que no distinguen si es masculino o femenino.
Nadie discute la capacidad de la profesora Carrillo González, desafortunadamente cometió un grave error de iniquidad lo cual la coloco en evidencia ante propios y extraños asimismo con quienes depositaron su confianza en ella para realizar un papel pulcro de acuerdo a las exigencias del concurso en cuestión.
Ahora queda que la maestra haga un análisis de autocrítica, para corregir deslices y fortalecer aciertos por el bien de ella misma así como de la colectividad a quien sirve la cual reclama servidores públicos comprometidos y dignos de confianza para certeza de sus responsabilidades en sus encargos para lo cual fueron designados. El poder es el poder.