El Gordo Andrade y sus sueños de grandeza
Hizo fraude en el 2000 junto con Roberto Madrazo para tratar de llegar a la Quinta Grijalva, pero le anularon las elecciones. Era un candidato improvisado por El Moretón para quitar de en medio a Arturo Núñez. Después hizo fraude en el 2001 a pesar de que era un delincuente electoral volvió a aparecer en las boletas. Estaba apoyado por otro delincuente, el del fraude de 1994. Se pasó cinco años en el Palacio de Gobierno rascándose la panza, viendo pornografía en internet y gastándose toda la lana que le envió Vicente Fox del PAN por los ingresos petroleros. Fueron tiempos de jauja en el precio del petróleo.
El impresentable Manuel Andrade, quien será diputado por tercera ocasión y sin conseguir un voto porque siempre se anota en las listas de pluris, ahora anuncia que buscará ser candidato al gobierno en el 2018. Sólo que hubiera candidatos plurinominales para ese cargo porque el repudio popular no le daría más que los votos de sus cómplices. Obviamente es sólo una provocación y un sueño guajiro. Lo mismo que cuando dijo que estaba en las listas para el Senado o que esta vez sería diputado federal, pero fue rebasado por Gina Trujillo. Terminó de pluri a regañadientes. Pero aún no se sienta en su cojín de la cámara de diputados local y ya ronca sus pesadillas.
A Manuel Andrade ya le jalaron varias veces las orejas y las lonjas. Desde el despacho de Osorio Chong le han dicho que se quede tranquilo, que sólo es un diputado más y que no crea que va a cogobernar Tabasco. No es un gobernadorcito. Mucho menos se le va a permitir incendiar el estado, por más que se asocie con Roberto Madrazo y que traiga dizque la venia del Bandalito que despachará en Campeche o su compinche Borge de Quintana Roo. Apenas si le quedaba ser segundo del traficante de damas, el Gordo Temo en el Distrito Federal.
Si Andrade saliera ahora a buscar votos tendría que arañar los escombros que dejó Erubiel Alonso. Hay que correr la voz: los priistas fueron derrotados otra vez en las elecciones en Tabasco, pero no están mancos. Tienen de su lado un espécimen verde que todo lo compra y lo corrompe. Hay que recordar el cuento de la rana y el alacrán que le aplicaba a Roberto Madrazo: “Es mi naturaleza, por eso no pude evitar clavarle la ponzoña”. Veremos quién ataca primero.