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La Verdad del Sureste

¡Guardias!


Las armas nacionales no se cubrirán de gloria. No esta vez. No frente a Donald Trump. Ni con Enrique Peña como Comandante en Jefe de nuestras Fuerzas Armadas. Ni usted, amable lector, tendrá que desempolvar sus conocimientos en el uso de mosquetones, si es que durante su servicio militar tuvo la fortuna -si así se le puede llamar- de disparar rifles pajareros o mosquetones de esos que se ven en los museos y en las ferias. También olvídese de pilotar alguno de nuestros poderosos F-5 o de toparse con Rambo saliendo de la orilla de la carretera. Nada de eso pasará.   A Trump hay que entenderlo como Trump: un negociante que ejerce distintas formas de  presión para obtener sus propósitos a costa del insomnio de los demás. Vamos, ni siquiera parece real un escenario de ruptura del siempre mal llamado Tratado de Libre Comercio; en cambio, la renegociación sí parece posible y hasta conveniente para nuestros intereses. Quizá habrá quien piense que las bravuconadas del presidente del vecino país del norte tienen relación con nuestras elecciones, pero no me parece. Aunque puedan tener incidencia aquí, más bien hay que entenderlas en el contexto norteamericano, que es lo que al final del día –o del año, mejor dicho- le interesa al magnate convertido en mandatario del país más poderoso de la Tierra.  México siempre ha estado en la agenda política de Trump, tal vez porque vio el sometimiento de nuestros gobiernos hacia los dictados de Washington (los considera dóciles) y por ello supone que sus abusos verbales le reditúan votos en los estados conservadores que hacen frontera con nuestro país. Agreguemos que, en términos generales, su electorado no es precisamente el más informado. Trump anunció el despliegue de entre dos mil y cuatro mil integrantes de la Guardia Nacional a lo largo de la frontera con México -algunos de los cuales ya están en posición- hasta que se construya el muro fronterizo que prometió en su campaña. ¿Rudeza innecesaria? ¿Una ofensa para nuestra soberanía? Vamos por partes. La frontera entre México y los Estados Unidos tiene un poco más de tres mil kilómetros. Si el presidente norteamericano desplegara tres mil efectivos de la Guardia Nacional, entonces habría un elemento de tropa cada kilómetro. Digo, suponiendo que realmente quisiera abarcar toda la frontera. Y eso sin considerar turnos, relevos, descansos, incapacidades y otras incidencias. ¿Sería suficiente para sus propósitos? El punto fino está en que en noviembre de este año se celebran elecciones legislativas en nuestro vecino país, elecciones en las que se renovará la tercera parte del Senado y la totalidad de la Cámara de Representantes. Si bien es cierto que al día de hoy la mayoría la tienen los republicanos, no menos cierto es que a pesar de ello Donald Trump ha tenido reveses a manos de los miembros de su propio partido. Por ello para él es vital contar con congresistas a modo. Aparte de lo anterior no veo propósitos adicionales en su afán de construir un enemigo que no existe, y si existe lo tiene dentro de su propio territorio: el que trafica con armas para proveer a los cárteles mexicanos y controla el mercado negro de drogas al interior de su país. Y así también entiendo las palabras de Peña Nieto en su soliloquio ante las cámaras de televisión: como un acto político cuyo verdadero destinatario está aquí, no en la Casa Blanca (la de Washington). A no ser que el mandatario mexicano haya confundido la sugerencia de reprochar la conducta del gobierno extranjero por los canales adecuados, que en este caso son los diplomáticos, no los de televisión.  Llamar a la unidad nacional en tiempos electorales, mencionar reales o supuestas coincidencias con cada uno de los candidatos presidenciales -a quienes además citó por el nombre con el que son conocidos-, no es gratuito. Tampoco es patriotismo. El PRI, desde que se apropió de la Bandera Nacional, ha procurado que el imaginario colectivo identifique PRI con México. Lo necesita ahora que su candidato sigue alejado del puntero en la contienda. A las palabras de Enrique Peña siguieron las alabanzas de la mayor parte de los conductores de noticieros de radio y televisión. Los mismos que nada dijeron cuando Peña agachó la cabeza frente a Trump.    
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