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La Verdad del Sureste

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!


Villahermosa, Tabasco a 2 de julio de 2018. Formar parte de la izquierda política en el país, aquel grupo de ciudadanos organizados contrarios a las injusticias provocadas por los intereses del poder político dominador en pos de una patria para todos, ha sido, desde siempre, orgullosamente, el objeto de la derrota electoral. La historia nacional reciente está teñida con el sudor, la sangre y la desilusión de quienes identificados en ese espectro político han alzado la voz y se han opuesto a la inercia de corrupción e ilegalidad del presidencialismo imperial: la caída del sistema en 1988, el fraude electoral del 2006, la anormalidad democrática del 2012. Gubernaturas y procesos locales en general, han pasado por el mismo sórdido escenario. La respuesta de quienes han dejado toda esperanza en el camino y han sido asaltados por la inmediata desilusión fraudulenta y el inevitable rostro desencajado, ha sido, una vez deglutido el trago amargo de la antidemocracia, la resiliencia: el asumir la derrota como el inicio de un nuevo camino hacia la victoria. En la izquierda habituada a dichas vicisitudes, se asumieron tácitamente aquellas palabras fundacionales de Manuel Gómez Morín para con el PAN, y sin ser panistas se aprendió que la lucha es “brega de eternidad”.
    Pero esa brega parecía, paradójicamente,  tener fecha de caducidad: el 2018. El miedo a perder la elección presidencial, no era poco. A la historia reciente se le habría de adherir, también, un peso centenario producto del México pos revolucionario: de la resuelta proclama maderista de “Sufragio Efectivo, No Reelección” que puso fin al porfiriato por medio de las armas de la Revolución Mexicana hace más de un siglo, solo la segunda mitad de la sentencia había sido sacramente respetada: la no reelección. El sufragio efectivo, aunque con visos aislados de vigencia, quedaba en un suspenso tan eterno como la brega misma. Al menos así era para la izquierda. Hasta este domingo.
    La historia de larga lucha no solo de líderes políticos sino de múltiples generaciones de hombres y mujeres de pueblo raso, se condensó en torno a  un hombre, y millones de mexicanos de todos los rincones del país, impulsados por el más legítimo anhelo de transformación pacífica y democrática de la realidad nacional, se congregaron con vehemencia cívica en las urnas, para volver de esta elección una festividad. Imperó el sosiego, y las instituciones electorales estuvieron a la altura del pueblo. Se podría decir, que les sobró pueblo; se podría decir, que esta vez hicieron las urnas más grandes, como para que cupieran nuestros sueños.
    Y al fin, la izquierda pletórica de pancartas y proclamas, de resistencia, de martirio y convicciones, de puños en alto, de sueños errantes sobre pies henchidos y de ojos vidriosos, lo logró. En el aire aún se suspende y se mueve con sinuosa cadencia el vapor de las lágrimas felices que se condensan con el calor de la larga victoria. Al fin, Andrés Manuel, es presidente.
    ¡Es un honor, estar con Obrador!
Twitter: @MartinezBriceno

 

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