Saltar al contenido principal
La Verdad del Sureste

¿Hilaria o Donaldo?


Es la primera vez que me atrevo a emitir alguna opinión sobre las próximas elecciones presidenciales en los Estados Unidos, no porque alguno de los aspirantes me entusiasme de manera particular, sino porque sucedió lo que muchos consideraban impensable: que Donald Trump haya ganado la candidatura por el Partido Republicano. Y como dijera un ilustre pensador mexicano que ocupó la silla presidencial: “ni nos beneficia, ni nos perjudica, sino todo lo contrario”.

    Para empezar, hay que entender que el sistema democrático en nuestro vecino país es -como dijeran en mi tierra- muy suyo y dista de ser un ejemplo para otras naciones. Si a los norteamericanos les funciona de acuerdo a sus fines como país, es respetable, pero no quieran imponerlo en otros lados.
    De entrada, no parece muy plural un sistema político en donde las opciones reales de triunfo se limitan a dos partidos: el Republicano y el Demócrata, que como dijera la canción, se trata de las dos alas de la misma águila imperial. La única opción diferente que se presentó en estas campañas fue la candidatura del “socialista” Bernie Sanders, aunque dentro del propio Partido Demócrata ya que como él mismo dijo: triunfar desde un tercer partido sería muy difícil.
    Sanders, senador por el pequeño estado de Vermont, se llevó las simpatías de una buena parte del electorado, sobre todo de los jóvenes, que rechazan a Trump y que tampoco quieren a Hillary. Político atípico dentro de los Estados Unidos, Bernie Sanders se lanzó en contra del gran capital, de Wall Street y de los compromisos de campaña que asumen los candidatos “con la clase multimillonaria (para) llevar a cabo una exitosa campaña”. 
Doña Hilaria se vio en aprietos ante “la tercera vía” que demostró, pese a lo que creamos desde afuera, que las cosas no andan bien al interior de nuestro poderoso vecino del norte. Obama, con todo y la simpatía que pueda generar en el extranjero, fue incapaz de cumplir las promesas que hizo al llegar a la Casa Blanca (la de Washington, no la de las Lomas de Chapultepec). Sanders fue el receptor de esas promesas incumplidas. Pero no llegó.
    El que sí llegó a la candidatura, contra todo pronóstico, fue Donaldo. Es más, dentro de su partido obtuvo la victoria con mayor amplitud que Hillary. La moraleja inicial de su triunfo es muy simple: si algo puede salir mal, seguro que puede salir peor. Así debieron pensarlo los miembros de nuestra clase política que hace varios meses se lanzaron al ruedo para atacar a Trump. Hoy, en cambio, Vicente Fox le ofrece disculpas al millonario y lo invita a México; y la canciller Claudia Ruiz acepta que al TLC le viene bien una revisión.
    Ellos y otros personajes ya ven como una posibilidad real que el candidato republicano puede ser el próximo presidente de los Estados Unidos, pero de eso a que vaya a cumplir todas las amenazas que ha lanzado a diestra y siniestra, hay algo de diferencia. Si Barack Obama no pudo, ¿por qué Donald Trump sí podría hacerlo?   
    Me parece un poco exagerado comparar al magnate norteamericano con Hitler, pero hay quienes así lo ven e incluso delinean ciertos aspectos para justificar su comparación: ambos se estarían aprovechando del rencor de una nación y a partir de ahí construyen un discurso de odio racial que antepone las emociones a la razón; ambos ofrecen devolver “la grandeza” a su país que ha pagado un gran costo a consecuencia de los extranjeros. ¿Similares?, tal vez.
    En el sistema electoral de los Estados Unidos la presidencia no se gana por un voto directo, sino a través de la suma de los votos que congresistas y senadores representan en el Colegio Electoral: el ganador de un estado se lleva todos los votos. Así que tanto Hilaria como Donaldo centrarán su estrategia en los estados que más votos representen. Y ahí parece llevar ventaja Trump. Recién iniciado su primer mandato, Bill Clinton designó a Hillary al frente de la comisión que buscaba establecer el sistema de salud universal en Estados Unidos, pero los Clinton doblaron las manos ante la industria sanitaria privada. En las campañas 2005-2006, la senadora Hillary Rodham Clinton recibió de esta industria un cheque por 854,462 dólares. Adiós credibilidad.       

¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más