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La Verdad del Sureste

El huracán Andrés, Octavio y Morena


Está escrito que cada seis años resurgirá Andrés. Su fuerza, presente ante los ojos de todos, no deja lugar a dudas de lo que, más que una profecía, es un hecho propio de la naturaleza. Hasta los hombres de ciencia lo saben y por eso no tuvieron dudas en nombrar “Andrés” al primer huracán de la temporada.
    A mediados del siglo pasado se hizo una práctica aceptada la costumbre de designar a los huracanes y tormentas tropicales con nombres de personas mediante el uso de un alfabeto fonético comprensible en distintos idiomas. En un principio, los norteamericanos –pioneros en el tema- decidieron dar nombres femeninos a los huracanes y sólo hasta 1979 la Organización Meteorológica Mundial decidió alternar nombres de hombres y mujeres.
    El propósito de nombrar a las tormentas es el de facilitar la comunicación entre la población, los gobiernos y los meteorólogos. Para ello, cada año se elabora una lista que incluye casi todas las letras del alfabeto, salvo las de uso poco común; los nombres adoptados se repiten cada seis años y únicamente se retiran de la lista los nombres de los huracanes más destructivos. Cada cuenca, la del Golfo y la del Pacífico, tiene su propia lista; así, esta temporada inició por el Pacífico y a Andrés le corresponde abrir el turno de bateo.
    El próximo domingo siete será la primera elección en la qu e compitan los nuevos partidos políticos nacionales; MORENA se estrenará formalmente en la contienda electoral y muy probablemente para las otras fuerzas políticas emergentes será su debut y despedida, en una elección enmarcada por un extendido repudio ciudadano a la forma tradicional de hacer política.
    Entre propios y extraños se oyen las voces de rechazo a los procesos electorales y se invita a la anulación del voto como una muestra de descontento social. Sí, está bien mostrar el enfado pero, objetivamente, ¿qué se logra con no votar, anular o romper el voto? Realmente nada. Esa válida muestra de descontento, por sí misma, sólo favorece al partido gobernante y a quienes se benefician de la cada vez más escandalosa corrupción. Respeto a quienes piensan que sí es opción no votar, pero creo que si no se acompaña de otro tipo de acciones -como la movilización o la desobediencia civil- no sirve de nada.
    Por el contrario, la acción combinada de la sociedad civil en las urnas y en las calles sí que ha puesto en jaque al sistema. Así ocurrió en 1988, en 1997 cuando la izquierda ganó la primera elección democrática en la Ciudad de México y el PRI perdió por primera vez el control de la Cámara de Diputados, en 2006 y en 2012 cuando los poderes fácticos impidieron la transformación que México necesita. Aunque a muchos no les guste, en todas esas etapas Andrés Manuel fue un actor relevante, ya sea como presidente del partido o como candidato presidencial.
Confieso que, al igual que muchos, desconfiaba de los procesos electorales hasta que por primera vez me convencí de votar en 1988. Posteriormente, transformado el Frente Democrático en partido político, cada vez que mi actividad profesional lo permitía me involucré –sin participar en ninguna corriente- en las causas de la izquierda desde la trinchera que mejor conozco: el área jurídica.
    Pese a haber nacido en el Distrito Federal, me preguntan si soy tabasqueño, pregunta que contesto diciendo que “soy un pejelagarto del Lago de Chapultepec”, y enseguida les cuento que estuve en Tabasco en 1997 y que aquí conocí a dos personas claves en mi identificación política: Alberto Pérez Mendoza y Octavio Romero Oropeza. También les platico que unos años después tanto Alberto como Octavio fueron parte del primer círculo de colaboradores de Andrés Manuel en el Gobierno del Distrito Federal, y que Alberto, con un perfil más discreto, me invitó a integrarme.
    Hoy puedo decir con orgullo que formé parte del mejor gobierno que ha tenido la Ciudad de México, un auténtico gobierno de izquierda, en el que Octavio jugó un papel muy importante desde la Oficialía Mayor, con acciones que rescataron el patrimonio de la Ciudad y abatieron la corrupción. Por eso, porque me consta su compromiso y su calidad humana, mi voto es para Octavio Romero y para MORENA.

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