El presidente Andrés Manuel López Obrador es muy claro: ni familiares, ni amigos, no compadres, ni nadie que se le parezca tendrá permiso para robar. La lucha de la Cuarta Transformación es muy clara en contra de la corrupción y la ineficiencia, que también es corrupción. Son los gobernantes surgidos del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) los primeros que tienen que poner el ejemplo.
Pero no un mal ejemplo, como lo hizo María Asunción Silván Méndez (Chona), quien llegó a la alcaldía de Jalapa montada en la ola del movimiento y la personalidad de López Obrador. “Seis de seis fue la consigna”, pero nos están dejando de a seis, como dice el pueblo cuando algo lo sorprende.
Chona no tenía posibilidades de ganar por sí sola en julio de 2018. Eso lo saben los paisanos. Pero tuvo la fortuna de ser arropada por el esfuerzo del ahora Presidente. Se confió, creyendo que tenía un cheque en blanco y el apoyo de la “clase política” local. Se creyó suficiente con haber ganado un “proceso interno”. Lamentablemente el tiempo mostró que esas selecciones también sufrieron del manoseo.
Como ocurre con quienes no están preparados para ejercer el poder, Doña Chona se mareó. No sólo apareció su arrogancia, soberbia y prepotencia, sino que muy pronto mostró los límites de su capacidad, su mala decisión de querer gobernar con amigos, familiares, socios. Quiso protegerse con la sombrilla del poder presidencial, de la buena voluntad de AMLO para permitir que aquellos a los que eligió el pueblo cumplieran con su compromiso…pero como le decía, a Doña Chona como muchos otros no ganaron por sus votos sino por los de la ardua labor del fundador de Morena.
Toca ahora al Congreso del Estados y al Órgano Superior de Fiscalización investigar las cuentas y los cuentos de Chona. ¿Sabremos si es cierto que su esposo Héctor Cámara Priego era el encargado de los “moches”? ¿Sabremos si existe voluntad y decisión para que no haya impunida, o por el contrario la Doña se va por un arreglo bajo la mesa? Esto no lo permitirá AMLO y Morena debe ponerse a la cabeza de una exigencia de honestidad. Si no lo hace con los propios, no podrá reclamarle a los adversarios.
