LOPITOS O EL REY DE LA EXTORSIÓN TELEVISIVA
En el país no hay medios de comunicación. Sólo pululan medios masivos de difusión, ya que para que haya comunicación debe entablarse un diálogo o una conexión de doble vía: el que emite la información también recibe la crítica y la opinión o el comentario de aquel al que va dirigida la información y esa crítica o ese comentario también se emite como información masivamente. En un país democrático normalmente el público es el que emite la información –por ello se denomina opinión pública-.
En México, prensa, tv y radio se dedican e difundir sólo una parte de la información; sólo difunden lo que al emisor que paga o manda le conviene y consecuentemente no son medios de comunicación sino sólo medios de difusión; resultado: su tarea es eminentemente desinformadora para ocultar lo que quienes detentan el poder quieren ocultar o dar a conocer y difundir lo que el detentador del poder desea.
Televisa y TV Azteca no son medios de comunicación sino factores de poder, detentadores de él al servicio del gobierno federal y de los grupos empresariales que le pagan su publicidad y lacayos de los partidos políticos que han arribado con constantes fraudes electorales a la Presidencia. Son, realmente, inmensos medios de desinformación. Y de ese amasiato han dado cuentas centenas de documentos y miles de casos bien documentados.
El acabose de este descaro es que ciertos periodistas de la tv se dedican a cobrar elevadas sumas al gobierno federal para echarle porras a cualquier barrabasada que el gobernante en turno se le antoje decir o hacer.
El caso más patético es el de extorsionador y hoy acusado penalmente Joaquín López-Dóriga.
Vía solicitudes de información al órgano de transparencia (INAI), el reportero Jenaro Villamil obtuvo los montos de los contratos que el gobierno ha celebrado con la empresa Astron Publicidad, propiedad de López-Dóriga y cuya apoderada legal es la esposa de este, Adriana Pérez Romo López Dóriga: de 2001 a 2015 la compañía ha recibido pagos por al menos 237 millones de pesos de distintas dependencias gubernamentales.
Contratos son por menciones y comentarios de López-Dóriga en sus espacios al aire en su programa de radio (Radio Fórmula), lo que supondría que cada vez que da una noticia sobre el IMSS, el INEA, las Secretarías de Marina, Hacienda o de Gobernación o una entrevista con un gobernador, Lopitos cobra.
Las administraciones de los presidentes Fox, FeCal y Peña han atiborrado las carteras y las cuentas privadas de Lopitos y su familia. Sus “noticias” y menciones no son en realidad sobre un evento noticioso sino un publirreportaje.
La heredera de Cervecería Modelo, María Asunción Arambuzabala, lo acusó penalmente por extorsionador y corrupto hasta la médula. Por ese medio se ha hecho de múltiples bienes.
Su vida opulenta no es algo nuevo ni hoy ni antes, pues como él describe en su columna del 2 de octubre en Milenio –al cumplir 47 años de imponer su modus operandi en “periodismo”-, empezó como un reportero miserable en al ahora extinto El Heraldo de México. En alguna ocasión dijo que debido a su tren de vida, su madre dejó de hablarle pues la convirtió en una mujer rica… cuando era millonaria.
La investigación arroja que este angelito cuenta, entre otras muchas propiedades: con seis departamentos de lujo en el Club de Golf Bosques, siete en la colonia Polanco, un lujoso yate valuado en 40 millones de pesos y una suite en residencial Villa Alejandra de Acapulco.
Lo curioso del asunto deriva en que López-Dóriga no es propietario de ningún grupo de comunicación, no es un concesionario de radio o televisión ni posee un diario impreso, sólo un portal de internet.
Es que incurre en una práctica que dependiendo el medio, es común desde hace décadas, donde muchos reporteros son autorizados a llevarse una tajada de la publicidad erogada por las fuentes que cubren; grave, es la dimensión que alcanza su modos operandi llevándolo al punto de la extorsión, no inferida por uno, sino señalada por varios, como por ejemplo por el entonces gobernador de Guerrero, Zeferino Torreblanca, quien acusó a López-Dóriga de verter opiniones en su contra por no tener una relación comercial con él como sucedía con las administraciones anteriores.
Lo que esto exhibe también es la porquería gubernamental con la tv. Algunas dependencias gubernamentales aprietan a muchos medios cerrando el flujo de la publicidad pero asimismo, hay periodistas que amenazan con convertirse en un dolor de cabeza si no les hace ‘justicia la revolución’.
En un país democrático y donde se respeta a la opinión pública esto no sucede. La gran encomienda que tienen los medios masivos de comunicación es de interés público y no negocios de desinformación.
Lopitos y Televisa son la quintaesencia de la escoria de la desinformación. A veces para inclinar la balanza de la opinión pública, no ven necesario mentir, solo tergiversan o extorsionar, pero si es necesario, mienten, o simplemente callan y no publican ciertos hechos o enfatizan otros a conveniencia de un sector o del que les paga. Es la historia de López-Dóriga y Telavisa: solo defiende a quien o quienes le pagan o, no publican nada.
El escándalo y descaro de Lopitos, cimbra a Televisa desde hace días; las estructuras del consorcio crujen, al punto de que cada vez son más fuertes las versiones sobre la eventual salida de López Dóriga de la televisora aliada del gobierno de Peña. Que fue, además, la que le diseñó su campaña y su estilo de vida “vendiéndole” a la Gaviota. ¿Podrá creerse un ápice en ellos?