Ese trabajo “periodístico” es similar al que semanas antes habían difundido otros dos medios de ese país, supuestamente independientes y sin ánimo de lucro, como ProPublica e InSight Crime, que igual afirmaba que el narco había financiado su campaña presidencial de 2006.
En ambos casos, el gobierno de Estados Unidos desmintió que haya una investigación en curso en contra del mandatario mexicano. Sin embargo, el periódico neoyorquino aseveró, sin ningún elemento de prueba, que la Casa Blanca decidió cerrar el expediente por razones políticas y de vecindad.
CONTRA LOS CHANTAJES
The New York Times no tiene por qué sentarnos en el banquillo de los acusados. Eso era antes, cuando las autoridades en México permitían que los chantajearan; ahora no. Ahora nos tienen que respetar porque somos autoridad legal, legítimamente constituida, surgida de un movimiento democrático, he dicho el presidente.
Este manejo tendencioso de la información, que contraviene los principios de la ética periodística, ha servido de pretexto para que la oposición y la derecha mexicanas, iniciaran una guerra sucia contra López Obrador, promovida por millones de bots en la plataforma X con la etiqueta de narco presidente.
Ente asunto tiene dos implicaciones: en México, se busca con esta campaña socavar la imagen presidencial y dañar la campaña de la candidata presidencial de Morena, Claudia Sheinbaum, quien va muy arriba en las encuestas; y en Estados Unidos, la derecha más recalcitrante presione a su gobierno para que asuma una actitud injerencista, con el argumento de que México es un “narco-Estado” y los cárteles de la droga son los que controlan el poder.
No es casual que el reportaje de The New York Times haya surgido dos semanas después de la visita a las oficinas centrales de ese diario de la candidata presidencial del frente opositor, Xóchitl Gálvez, acompañada del exdirector Editorial de Reforma, Juan Pardiñas, medio que publica una edición semanal del periódico estadounidense.
En política no hay casualidades. Se trata, evidentemente, de una actitud antimexicana por no decir de “vende patria”. No les importa a dañar a las instituciones nacionales, con falsas imputaciones, que el país sea visto como narco-Estado con tal de ganar el poder, creando falsas condiciones de inestabilidad y un fantasioso rechazo a la institución presidencial representada por López Obrador.
DESDE LAS SOMBRAS
Los adversarios del presidente están dispuestos a todo con tal de recuperar el poder. Han invertido millones de pesos en bots para mantener como tendencia nacional la etiqueta de AMLO narco-presidente, que ahora se sabe el 58 por ciento de esos mensajes se generan en Argentina y España.
Ante ese clima de linchamiento mediático, que busca generar las condiciones para que haya un Golpe de Estado Blando, López Obrador ha tenido que salir en defensa de la soberanía y de la institución a la que representa y que el pueblo le otorgó en 2018.
¿Qué es un Golpe de Estado Blando?
Según el abogado César Gutiérrez Priego, “el Golpe de Estado Blando contiene una alta dosis de propaganda que habla sobre la inseguridad y la violencia, y está enfocada a influir en la opinión pública para provocar menosprecio hacia el Presidente”.
El presidente se refirió al tema en la mañanera del 22 de febrero. Ese día dijo que este procedimiento se emplea para crear condiciones de rechazo de la población hacia el gobierno que no les conviene.
Utilizan al Poder Judicial o al Poder Legislativo, incluso poderes extranjeros, para destituir a la autoridad de un país.
“Nosotros tenemos que estar muy atentos a eso… los de arriba están muy molestos y hay no sólo una oposición conservadora en México, sino hay una especie de internacional del conservadurismo, hay vínculos entre todos los agrupamientos conservadores en el mundo, y también intervienen gobiernos extranjeros para financiar todas estas acciones en contra de los gobiernos populares”.
