El hallazgo de una fosa clandestina este viernes en el sector La Llave de la ranchería Zapotal, municipio de Centro, se suma a los recientes descubrimientos en Paraíso. Estos hechos exhiben con crudeza uno de los capítulos más oscuros en la historia moderna de Tabasco, ocurrido durante el sexenio pasado.
Este grave suceso desmantela la "paz ficticia" de la que presumieron Adán Augusto López Hernández y Carlos Manuel Merino Campos durante sus mandatos.
Durante años, la narrativa oficial sostuvo que en Tabasco "no pasaba nada" o que la violencia eran simples "actos vandálicos". Hoy, estas fosas son la evidencia física de que dicha paz fue una construcción mediática para ocultar un cementerio clandestino que crecía bajo el amparo del poder.
Cada resto encontrado representa una traición a la confianza pública depositada en quienes debían garantizar la seguridad. El hecho de que el máximo responsable de la protección ciudadana, Hernán Bermúdez Requena, sea señalado como cabecilla de la organización criminal “La Barredora”, constituye la mayor expresión de corrupción posible: no solo se dejó de proteger al ciudadano, sino que se utilizaron patrullas, armas y salarios públicos para facilitar la desaparición de personas, según reportes oficiales.
Además, se engañó sistemáticamente a los familiares de las víctimas. No se investigó; por el contrario, se dio "carpetazo" a los expedientes porque las autoridades ya conocían el destino de los desaparecidos.
Desde 2019, Tabasco registró un incremento drástico en las desapariciones, coincidiendo con el periodo en que Bermúdez Requena, entonces titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), fue identificado por reportes de inteligencia como protector y cabeza de este grupo criminal.
Las cifras son alarmantes. Entre noviembre de 2024 y marzo de 2025, se reportaron 2 mil 718 personas desaparecidas. Por su parte, la Secretaría de Gobierno registró en noviembre pasado una cifra histórica acumulada de 4 mil 807 desaparecidos en la entidad.
Los hallazgos recientes confirman el horror: el 18 de febrero se localizaron al menos seis cuerpos en una fosa en Paraíso, con una antigüedad de entre tres y cinco años, periodo 2021-2023.
También se han reportado sitios similares en Jalpa de Méndez. Esta violencia responde principalmente al control de "La Barredora"; gran parte de las víctimas pertenecen a facciones rivales tras la fractura del grupo en diciembre de 2023, una guerra interna que se estima causó al menos 400 muertes solo en 2025.
OPERAR DESDE EL RECLUSORIO
Asimismo, se ha documentado un aumento alarmante en la desaparición de mujeres. Bajo el mando de Bermúdez, la organización reclutaba criminales incluso desde las prisiones para controlar el huachicoleo, el narcomenudeo y el tráfico de migrantes.
Quienes se oponían a sus extorsiones o al "cobro de piso" en negocios como casinos, se convertían en blancos directos.
Las investigaciones actuales sugieren que en Tabasco se instauró un "Estado criminal". La estructura de seguridad y la criminal se fusionaron hasta ser indistinguibles.
Bermúdez Requena, apodado "El Comandante H", colocó a operadores en municipios estratégicos como Paraíso, Cárdenas, Comalcalco, Huimanguillo, Macuspana y Centro para garantizar el libre tránsito de combustible robado y drogas.
El sistema de justicia fue neutralizado deliberadamente para proteger a la organización. Al utilizar el aparato de fuerza pública para desaparecer personas, el estado generó un clima de terror para someter tanto a rivales como a la sociedad civil.
Por ello, cada fosa encontrada en Centro, Paraíso o Jalpa no es solo un dato estadístico; es la confirmación de una tragedia para cientos de familias ignoradas o revictimizadas por el gobierno anterior.
La localización de estos sitios es apenas el inicio de un proceso de justicia pendiente: para las familias, la reparación no termina con el hallazgo de los restos, sino cuando quienes convirtieron al estado en un cementerio rindan cuentas ante la ley.