Los de abajo

El regreso de AMLO al debate público
 

• El llamado del expresidente a ayudar a Cuba desata nuevamente el odio de sus detractores
 


Apenas publicó en sus cuentas oficiales su llamado al pueblo mexicano para apoyar a Cuba ante la grave situación que enfrenta por el endurecimiento del bloqueo estadounidense, los adversarios y detractores del expresidente Andrés Manuel López Obrador arremetieron contra él con intensidad.
 

Las redes sociales se llenaron de ataques y descalificaciones cargados de odio. Revivieron etiquetas como “narcopresidente” y otras que, en distintos momentos, han convertido en tendencias gracias a granjas de bots que amplifican mensajes y crean artificialmente la percepción de un rechazo mayoritario, pese a que se sabe cómo se inflan esas tendencias.
 

El sábado pasado, el expresidente salió de su retiro para expresar su respaldo a Cuba: “Estoy en retiro, pero me hiere que busquen exterminar, por sus ideales de libertad y defensa de la soberanía, al hermano pueblo de Cuba”, escribió en su cuenta de X.
 

Recordó que la actitud mezquina del gobierno estadounidense —en alusión a las medidas de Donald Trump— “no se trata de un pleito ajeno” a México ni a la región latinoamericana.
 

Citó una frase del general Lázaro Cárdenas a propósito de la invasión de Playa Girón: “No es lícito preconizar nuestra indiferencia ante su heroica lucha, porque su suerte es la nuestra”.
 

Invitó a todos a depositar en la cuenta de Banorte 1358451779, a nombre de la asociación civil Humanidad con América Latina —abierta por ciudadanos, escritores y periodistas—, para comprar alimentos, medicinas, petróleo y gasolina, y ayudar al pueblo cubano. “¡Que cada quien aporte lo que pueda!”, concluyó.
 

Ese gesto fue suficiente para que sus detractores reaccionaran de forma virulenta y descargaran su odio contra el expresidente, a pesar de que lleva más de 18 meses retirado de la escena pública.
 

Esta es la cuarta ocasión en que López Obrador se manifiesta en redes sociales desde su retiro y provoca furor entre sus críticos. No han logrado superarlo y, ante la falta de argumentos, recurren al insulto, los ataques y expresiones negativas.
 

La primera vez fue durante el proceso de la elección judicial; la segunda y la tercera, cuando defendió a la presidenta Claudia Sheinbaum ante amenazas del presidente Donald Trump.
 

En todas esas ocasiones, la reacción de la derecha ha sido similar: odio amplificado en redes sociales. Ni siquiera en el retiro lo dejan en paz y continúan culpándolo de todo.
 

LOS PRIVILEGIOS PERDIDOS
 

La animadversión intensa contra López Obrador por parte de sus adversarios políticos —principalmente de PAN, PRI, MC, sectores empresariales, medios tradicionales, intelectuales críticos y clases medias urbanas altas— tiene varias capas y no se reduce a un solo motivo.
 

Es una mezcla de razones políticas, ideológicas, económicas, culturales y personales, amplificada por la polarización extrema de su sexenio.
 

El expresidente representó —y al parecer sigue representando— una amenaza real al statu quo económico y de poder que beneficiaba a las élites. Cuestionó y debilitó estructuras que durante décadas favorecieron a grandes grupos empresariales, televisoras, constructoras cercanas al poder y la banca, mediante medidas como la cancelación del NAIM, la revisión de contratos, la eliminación de fideicomisos, la austeridad republicana y el aumento del salario mínimo, entre otras.
 

Muchos opositores lo vivieron como un ataque personal a sus intereses o privilegios. Algunos lo expresan como “clasismo invertido” o resentimiento porque “les puso un espejo” a las élites.
 

Lo cierto es que López Obrador puso fin a muchos privilegios, negocios al amparo del poder, tráfico de influencias y corrupción galopante del periodo neoliberal.
 

Esa misma aversión se extiende ahora a la presidenta Claudia Sheinbaum. Apenas se sumó al llamado de solidaridad con el pueblo cubano, también recibió ataques feroces: desataron campañas de bots para golpearla políticamente y acusarla, una vez más, de “narcopresidenta”.
 

Ante la falta de argumentos, recurren a la descalificación, porque con ella tampoco hay posibilidad de hacer negocios al amparo del poder. Por eso, no les queda más que el insulto. Pero al hacerlo, se exhiben de cuerpo entero.

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