No hubo sorpresa en la sesión de este jueves del Congreso del Estado. Por mayoría legislativa, se autorizó al gobierno poder contratar con la banca privada uno o más esquemas de financiamiento hasta por dos mil millones de pesos.
Esa autorización no significa que, en automático, el Ejecutivo vaya hacer efectivo ese mecanismo financiero, sino que lo hará solo si se llegara a necesitar. Es lo que la secretaria de Administración y Finanzas, Talina Ferrer Cadenas, llamó financiamiento contingente.
Se aprobó con 26 votos a favor y 8 en contra, luego de una ronda de oradores subiera a la tribuna a fijar su postura en torno a este asunto. Obviamente, los opositores usaron ese foro para anatemizar al gobierno y dar cifras del supuesto endeudamiento de las finanzas públicas.
Hasta ahora, el gobierno no ha hecho efectivo ninguno de los empréstitos autorizados por esta legislatura. A penas en mayo se determinará el de dos mil 10 millones de pesos que se utilizará para construir el nuevo Centro de Convenciones y Exposiciones de Villahermosa, el cual quedará finiquitado antes de concluya el mandato de Javier May.
Es decir, no heredará ninguna deuda a su sucesor en 2030. Sin embargo, ese detalle es pasado por alto por sus adversarios políticos, quienes se desgarran las vestiduras y pegan el grito en el cielo y aseguran que el gobernador está endeudando irresponsablemente al estado.
Uno de los que más vociferaron desde la tribuna, fue el diputado local del PRI, Fabián Granier Calles, hijo del exgobernador Andrés Granier Melo, principal responsable de la deuda que actualmente arrastra el estado.
Hoy viene a querer dar lecciones de honestidad cuando su padre es el peor ejemplo de despilfarro y corrupción.
La deuda pública siempre genera riesgos: compromete participaciones federales, aumenta el servicio de intereses y, si se usa mal, deja facturas a generaciones futuras. Eso lo sabemos de sobra y ejemplos de ese mal uso sobran en Tabasco.
Pero cuando quienes más gritan hoy son los mismos que, en sus sexenios del PRI y PRD, dejaron a Tabasco al borde del colapso financiero, la crítica pierde toda credibilidad moral.
Y el caso más emblemático es, precisamente, el de Granier Melo (PRI, 2007-2012) y su hijo Fabián.
Granier no solo dejó una deuda, sino un desfalco histórico. Cuando entregó el poder en 2012, Tabasco estaba en “zona de desastre” financiero, según lo describió su propio sucesor.
El estado quedó hipotecado, con participaciones federales comprometidas por años, el ISSET al borde de la quiebra y obras inconclusas o sobrevaluadas que nunca justificaron el gasto.
Granier no solo endeudó; dejó un rastro de escándalos: cuentas congeladas de su familia por miles de millones, acusación de desvío de recursos y un sexenio registrado por excesos y despilfarro. Hasta la cárcel fue a parar. Salió libre no por inocente, sino por maniobras políticas.
Su sucesor Arturo Núñez Jiménez (PRD, 2013-2018) heredó ese desastre y, lejos de sanearlo completamente, también contrajo deuda adicional. Entre ambos gobiernos se contrató más de 7 mil 890 millones de pesos en deuda directa, más los montos ocultos que Núñez mismo reveló al llegar.
Hoy, la deuda pública estatal está en alrededor de 4 mil 797 a menos de 5 mil millones de pesos, cifras de 2025, es decir, menos de la mitad de lo que se heredó en su momento. Se ha reestructurado, reducido y el gobierno actual la hereda de esos mismos sexenios priistas y perredistas.
Fabián Granier, el hijo que vigila… solo cuando gobierna el otro
Granier Calles se ha convertido en uno de los opositores más feroces a cualquier financiamiento del gobierno actual. Critica informes, acusa falta de transparencia y ahora votó en contra de los 2 mil millones contingentes.
Ha dicho que el PRI “vigilará” que se paguen los empréstitos. Su postura es consistente en el rechazo, pero completamente selectiva en la memoria.
Cuando su padre gobernaba, no hubo esa vigilancia férrea. Al contrario: el endeudamiento se dio sin rendición de cuentas clara, con opacidad que todavía hoy se investiga. Ahora, frente a un crédito contingente, no obligatorio, no inmediato, para infraestructura concreta y con finanzas que el propio gobierno describe como sanas, Fabián y el PRI levantan la bandera de la responsabilidad fiscal.
Es legítimo vigilar, pero ¿dónde estaba esa bandera cuando el estado quedó con una deuda que comprometía el 24% de las participaciones federales y dejaba al ISSET con un faltante superior a 2,700 millones derivados de manejos de esos sexenios?
Diputadas de Morena, como Abby Tejeda,han señalado que los Granier “no tienen calidad moral” para criticar a los gobiernos de la 4T. Y es difícil no darles la razón en este punto específico.
La doble moral es evidente: cuando ellos gobernaban, la deuda era “inversión”; ahora que gobierna otro, cualquier línea de crédito es “hipoteca al futuro”.
La crítica al endeudamiento es sana y necesaria en cualquier democracia. Tabasco no puede ni debe convertirse en un estado eternamente endeudado. La Ley de Disciplina Financiera existe precisamente para limitar eso.
Pero la hipocresía la vuelve tóxica. Es políticamente oportunista cuestionar un crédito contingente de 2 mil millones para obras visibles y productivas (Villahermosa 2030) cuando tu legado familiar y partidista es una deuda millonaria con escándalos de corrupción que todavía se pagan.
Los tabasqueños no olvidamos. Recordamos que el “Edén” que prometió Granier terminó en quiebra financiera. Por eso, cuando su hijo hoy se erige como guardián de las finanzas, suena más a revancha política que a preocupación genuina.
La verdadera oposición responsable no se construye con amnesia selectiva, sino con consistencia y hechos. Y en este caso, los hechos del pasado pesan demasiado para que el presente se les crea sin reservas.