A medida que el calendario electoral se aproxima a las definiciones internas de Morena, el escenario político en Tabasco comienza a calentarse. A meses de que el partido oficialice a sus coordinadores distritales y municipales —figuras que, en la práctica, representan las candidaturas de 2027—, el grupo político compacto de Adán Augusto López Hernández ha comenzado a mover sus piezas en el tablero estatal con una meta clara: la reconquista de los espacios de poder perdidos.
Esta facción, que algunos denominan "la cofradía", pretende colocar a sus cuadros más cercanos en las alcaldías y diputaciones, tanto federales como locales. No ocultan su ambición; por el contrario, se preparan para dar una batalla frontal utilizando los métodos que ya les conocemos: el control de las estructuras y el aprovechamiento de su mayoría en el Consejo Político Estatal de Morena. Su objetivo es influir de manera determinante e inclinar la balanza hacia sus candidatos, pasando por encima de cualquier proceso de democratización interna.
El peso del pasado y la urgencia del poder
La urgencia de este grupo por recuperar el control no es casual. Sienten la pérdida de los privilegios que ostentaron durante un sexenio marcado por el estancamiento. Sin embargo, su principal obstáculo no es Javier May Rodríguez, el actual gobernador, sino el veredicto del pueblo tabasqueño. Fue la ciudadanía, cansada de la corrupción sistémica y de la galopante inseguridad que asoló al estado bajo su gestión, la que les dio la espalda.
Pareciera que estos actores políticos apuestan a la amnesia colectiva. Ignoran, o pretenden ignorar, que los tabasqueños aún tienen fresca la memoria de seis años de abandono y autoritarismo, simbolizados en las polémicas "Ley Garrote" y "Ley Compadre". Fue un periodo definido por la mediocridad administrativa y por la imposición de un sustituto sin liderazgo, un perfil pusilánime que carecía de autoridad real y al que nadie en la estructura gubernamental parecía obedecer.
La estrategia ya está en marcha y los "destapes" mediáticos son la punta de lanza. Recientemente, fue el exvocero de Adán Augusto quien, a través de sus redes sociales, anunció las aspiraciones de Manuel Adalberto Pérez Lanz. El exdelegado del IMSS-Bienestar busca ahora la candidatura a la alcaldía de Centro, la joya de la corona política del estado.
Fernando Morales Pérez, actual vocero en Tenosique, fue el encargado de lanzar el mensaje: "Manuel Pérez Lanz entra a la jugada rumbo al 2027", afirmando que el exfuncionario se suma a una lista de aspirantes donde también figuran Jorge Bracamonte Hernández, presidente de la JUCOPO y, paradójicamente, antiguo aliado del adancismo, y Daniel Casasús Ruz, titular de la SOTOP.
La sombra de la deslealtad
Si bien Pérez Lanz tiene el derecho constitucional de aspirar a cualquier cargo, su historial ético y político es motivo de escrutinio. Se le recuerda no solo por sus cargos bajo la sombra de López Hernández, sino por su zigzagueante lealtad. Es conocida su claudicación ante el grupo de Javier May cuando este último manifestó su apoyo a la hoy presidenta de la República.
Sin embargo, tras la reacción airada de Adán Augusto —entonces secretario de Gobernación—, Pérez Lanz reculó de inmediato, regresando al redil con el rabo entre las piernas para alinearse con quien se sentía el sucesor natural del expresidente López Obrador.
En la política de la Cuarta Transformación, donde se predica el "no mentir, no robar y no traicionar", este tipo de conductas representan un lastre difícil de ignorar. La confianza, una vez quebrantada por el pragmatismo, rara vez se recupera.
La amenaza de la división
La disputa que se avecina tras la convocatoria nacional de Morena promete ser encarnizada. El grupo adancista ya ha activado a sus operadores mediáticos para intentar rehabilitar la imagen de personajes que gozan de escaso reconocimiento popular y de pésimos antecedentes.
Un caso emblemático es el del diputado federal Julio Ernesto Gutiérrez Bocanegra, quien pretende regresar a la alcaldía de Macuspana a pesar de haber dejado un ayuntamiento sumido en deudas y de enfrentar el repudio de sus propios conciudadanos.
La táctica de este bloque es el chantaje: amenazan con fracturar al partido o emigrar al PT o a otro partido para actuar como esquiroles si no se cumplen sus exigencias. Queda claro que el principal adversario de Morena en Tabasco no reside en la oposición externa, sino en este grupo interno dispuesto a desestabilizar el proyecto con tal de pavimentar su camino hacia la gubernatura en 2030.
La pregunta queda en el aire: ante esta ofensiva, ¿se quedará cruzada de brazos la actual administración?