El gobernador Javier May Rodríguez se refirió este lunes a sus adversarios políticos que todos los días critican a su gobierno como si ellos fueran una voz autorizada, como si cuando estuvieron en su lugar, como es el caso de Manuel Andrade Díaz, hayan sido un ejemplo de gestión financiera y administrativa.
Si algo caracterizó a los gobiernos priistas fue precisamente el dispendio, la corrupción, el tráfico de influencia, el abandono del pueblo. Cada seis o tres años, salían camadas de nuevos ricos. Iban a las plazas comerciales a exhibir impunemente la riqueza mal habida, a hacer ostentación y darse la buena vida.
En la sección de sociales de los diarios locales presumían sus viajes al extranjero, sus fastuosas residencias como si esos placeres y bienes hayan sido producto de su esfuerzo y no de lo corrupción.
En ese tiempo no había transparencia ni rendición de cuentas. Tampoco existía la fiscalización que ahora hace más difícil -pero no imposible- el saqueo del presupuesto. Solo era castigado aquel político que caía de la gracia del gobernante priista en turno o por una venganza política. La sanción no era por corrupción o por desvío de recursos.
Se decían honorables cuando eran unos soberanos ladrones. Inclusive, se llegaron a poner como ejemplo: hijo o hija, tienes que ser como don Fulano: “un reverendo ladrón”.
Era un gobierno rico con pueblo pobre, como decía Andrés Manuel López Obrador. Al amparo del poder se amasaron incontables fortunas. Familias ilustres se enriquecieron a costa del erario. Políticos que cuando empezaban su carrera vivían modestamente, sin lujos ni bienes materiales, pero la vida les cambiaba cuando llegaban al servicio público. Llegaban para servirse, no para servir.
Entonces ya eran don fulano, dueño de casas, autos, ranchos. Así se reprodujeron durante la hegemonía priista. Obviamente, todo ese dispendio, derroche, provocó hartazgo de la gente, principalmente de la que menos tenían.
El pueblo solo recibía migajas, dádivas, principalmente en tiempos electorales. Entonces se acordaban que estaban amolados, que vivían con lo mínimo, y acudían a comprarles el voto, a ofrecer las perlas de la virgen, promesas que jamás cumplieron.
Ese abandono de décadas fue incubando una inconformidad manifiesta, el deseo de mandarlos al carajo se hizo más fuerte. El acabose fue el desgobierno de Andrés Granier Melo. La gente se los cobró en 2012 sacándolos del poder.
Le dieron la confianza al PRD, pero ese partido también falló y el pueblo decidió no refrendarle su voto en 2018. Generó muchas expectativas de cambio, un cambio que nunca se dio y fue más de lo
mismo.
Entonces le dieron la oportunidad a Morena con Adán Augusto López Hernández. Solo que este no gobernó con la izquierda sino con el PRI más recalcitrante y corrupto.
Nada cambió. Mostró su verdadero rostro: autoritario y corrupto. Modificó la ley de adquisiciones para beneficiar a amigos y socios con contratos y licitaciones. El ejemplo más ilustrativo de corrupción: la construcción del paso a desnivel de Ruiz Cortines y Avenida Universidad.
SE LO COBRÓ EN LAS URNAS
Esa cofradía pensaba que Tabasco estaba escriturada a su nombre, como notarios que son la mayoría de esos cófrades. No contaban que el pueblo se hartó de ellos y le otorgó la confianza a Javier May Rodríguez.
Es la primera vez que la izquierda está al frente del gobierno tabasqueño. Hay una diferencia notable con sus antecesores: tiene como su principal prioridad el bienestar de la gente. Lo prometió en campaña y lo ha cumplido ya siendo gobierno: programas sociales propios, obras de infraestructura, diálogo directo con el pueblo sin intermediarios.
Un gobierno de territorio, más que de escritorio. Obviamente, eso le ha generado muchas críticas desde que inició su gobierno. Le cuestionan la inseguridad que ellos crearon propiciaron durante años; hablan de desplome de las actividades productivas que ellos desatendieron y provocaron con el abandono oficial.
Para eso se pintan solos personajes como Manuel Andrade. A ellos se refirió el gobernador con una advertencia llana y lisa: jamás regresarán al poder. Los privilegios, derroches, descorche de botellas de vino, los viajes de placer: todo ese se fuera para no volver nunca más.
Tampoco los negocios al amparo del poder. Ni favores a contratistas amigos. Por eso critican, vociferan y lanzan acusaciones sin sustento, mienten y magnifican. Nada de eso hace mella en el ánimo de la gente. Las encuestas lo confirman: Morena sigue teniendo la mayor preferencia electoral, muy por encima del resto de los partidos de oposición que, como dijeran por ahí, solo existe en las redes sociales.