Es la segunda ocasión que el PVEM se presta el juego socio contra Morena. La primera vez, cuando postuló a la finada Rosalinda López Hernández como su candidato a la presidencia municipal de Centro. Lo hizo para torpedear la candidatura de Octavio Romero Oropeza en las elecciones de 2015.
Se prestó en aquella ocasión al juego perverso de Adán Augusto López Hernández, molesto por no haber sido el candidato a la alcaldía de la capital tabasqueña. La postulación de Rosalinda no era para ganar -los números no le favorecían- sino para escamotear el voto a Romero Oropeza.
Tras el triunfo de Gerardo Gaudiano, se confabularon con Evaristo Hernández Cruz, para acusar fraude y ocultar así la labor de zapa que realizaron en contra de Morena. En ese juego participó también Raúl Ojeda, entonces secretario de Gobierno en el sexenio de Arturo Núñez.
Esa maniobra les salió bien. Lograron su objetivo, que el candidato de Morena quedaba en cuarto lugar. Solo que no contaban que serían exhibidos en Plaza de Armas por AMLO en un mitin. Les dijo corruptos.
Tiempo después, Adán Augusto operó para que Evaristo fuera perdonado y admitido en Morena. Le pagó el favor que le hizo con la alcaldía de Centro en 2018. Como alcalde fue un desastre y dejó endeudado el ayuntamiento.
Supuestamente hubo un alejamiento entre ambos, pero es solo una artimaña. Se incrustó en la campaña de Javier May, a quien quiso apantallar con su “estructura”.
Sin embargo, mostró su doble cara. Por un lado, dizque hacia campaña a favor del candidato a la gubernatura, y, por el otro, torpedeaba la campaña de Yolanda Osuna al apoyar a su compadre Humberto de los Santos Bertruy, candidato del PVEM.
Una vez en el gobierno, pensó que May le daría la Secretaría de Educación por “sus servicios prestados”. No fue así, pero le dio la dirección del Colegio de Bachilleres, una institución que maneja de presupuesto anual más de 2 mil millones de pesos.
Solo que le cuidaron las menos para que no le metiera mano. A sus principales colaboradores los colocó en puestos clave sin tener el conocimiento ni la capacidad para desempeñar la función encomendada.
SI YA SABEN CÓMO ES
Como es su costumbre, quiso armar una estructura desde su posición de director del Cobatab y hacerse promoción política con miras al 2030, pues su anhelo es ser gobernador de Tabasco; más temprano que tarde, terminó por marcharse con más pena que gloria.
El PVEM vio la oportunidad de sumarlo a sus filas. Anunció su incorporación con bombos y platillos. Le dio en cargo de coordinador de Acción Política. En ese evento, virtualmente lo destapó como su candidato natural para el Centro.
Hernández Cruz no desaprovecha la oportunidad para hablar mal del gobernador y de su administración. En cada reunión o asamblea que le toca presidir se dedica a despotricar contra el mandatario.
Evidentemente, sus más cercanos colaboradores comparten su postura, como la diputada local María de Lourdes Morales López, quien ganó protagonismo político al cuestionar al llamado “Gobierno del Pueblo” y oponerse a la solicitud de ampliación del financiamiento ya autorizado al Ejecutivo para el Plan Villahermosa 2030.
Su postura no es genuina, propia de una legisladora bien informada, sino motivada por un propósito político: su pertenencia al grupo de Evaristo de quien fue su directora de Administración.
La intención del exalcalde, de sembrar la discordia al interior del PVEM, marcha según sus planes. Lo que pretende es propiciar es fracturar la alianza legislativa, un rompimiento con Morena.
Toda esta animosidad hacia el gobierno de Javier May, tolerada y hasta diría consentida por la dirigencia estatal del Verde, tiene el propósito del golpear políticamente con los temas de actualidad a fin de minar la imagen de Morena, restarle fuerza para tratar de ganar la mayor cantidad de alcaldías y diputaciones locales en las elecciones de 2027.
Y en este juego perverso seguramente también participa el grupo político de Adán Augusto, empeñado en recuperar el poder que considera suyo y que les arrebató Javier May por mandato popular en las elecciones de 2024.
El PVEM no puede llamarse a engaño. Sabe, conoce quién es realmente Evaristo Hernández Cruz, así que ese pragmatismo político le puede resultar muy pernicioso si sigue permitiendo que este personaje tense más la cuerda y los obligue a definirse.
Su dirigente estatal, Diego de la O Cetina, es un político imberbe, sin experiencia política, que se ha dejado comer el mandado por un dragón que es muy camaján.