La renuncia de Erubiel Alonso Qué al PRI, tras tres décadas de militancia tomó por sorpresa a la dirigencia estatal del PRI todavía eufórica por el carro completo en Coahuila. No se trata de una simple baja en el padrón del tricolor cada vez más disminuido en membresía y de liderazgos.
Esta dimisión es el síntoma definitivo de un cambio de época. En el Tabasco de hoy, las lealtades históricas se diluyen ante el pragmatismo de la supervivencia. Es saltar del barco antes de que se hunda.
Ver a un diputado federal romper en llanto al aire en la entrevista radiofónica, donde anunció su salida del tricolor, generó un abanico de reacciones que retrata a nuestra clase política.
Para Movimiento Ciudadano, las lágrimas de Erubiel fueron el bautismo de un "cuadro profesional" que llega a refrescar sus filas; para Pedro Gutiérrez y la cúpula priista, no fueron más que un "acto vergonzoso" de traición.
En las redes sociales, el veredicto ciudadano fue aún más implacable, sepultando la emotividad bajo el frío calificativo de "lágrimas de cocodrilo" motivadas por la búsqueda de un nuevo "hueso". No se equivoca el dimitente. En el PRI ya no tenía futuro alguno.
Pero más allá del melodrama, la aritmética política de este movimiento es fría y calculadora. Erubiel Alonso Qué no saltó al vacío. Su mudanza a la bancada naranja responde a una lectura estratégica: el PRI en Tabasco ha dejado de ser una plataforma competitiva para convertirse en un cascarón que promedia apenas el 3% de la intención de voto en la entidad, con el riesgo de perder el registro en 2027.
Para el exdirigente del Movimiento Territorial, quedarse ahí significaba el ostracismo; mudarse a MC le otorga una narrativa de "futuro" y, fundamentalmente, la posibilidad de construir una candidatura para la alcaldía de Centro en 2027.
El problema es que, mientras la oposición se canibaliza y celebra la transferencia de sus pocos cuadros valiosos como si fueran grandes triunfos, la realidad de los sondeos les da un cubetazo de agua fría.
UN PARTIDO BLINDADO
Las encuestas más recientes de este 2026 —firmadas por Rubrum, Electoralia y Buendía & Márquez— revelan una verdad incómoda: Morena sigue blindado en su edén.
Aunque Morena domina el panorama estatal, encuestas de plataformas de análisis político señalan que la hegemonía no será absoluta en los 17 municipios. La oposición, particularmente MC o perfiles locales fuertes, tiene posibilidades de competir en alcaldías específicas —como Tacotalpa, Zapata y Paraíso donde es gobierno— si postulan candidatos con un fuerte arraigo territorial.
Hasta ahora, lo que ha sumado ha sido cascajo, personajes de la vieja guardia priista, con un pasado que los condena. Si Erubiel es su carta fuerte para Centro, no tiene posibilidad alguna el partido naranja de ganar, por más cuerda que se den ellos solitos. No obstante, se vale soñar.
Con una intención de voto que supera cómodamente el 50% y el cobijo de la alta aprobación del gobernador Javier May, el partido oficialista parece observar la escena de modo tranquilo, aunque tiene la asechanza de un enemigo emboscado como lo es el senador Adán Augusto López Hernández. Y si se confían se les pueden meter hasta la cocina.
PAN, PRI y MC se disputan las migajas del pastel general, oscilando cada uno en la franja de un solo dígito o el inicio del doble.
Para la oposición, pensar en ganar el Congreso local en 2027 es, hoy por hoy, más un deseo que una posibilidad real. Desde 2018, Morena ha ganado las 21 diputaciones locales. Han pasado tres elecciones y en ninguna de ellas la oposición ha ganado una sola curul de mayoría.
Su verdadera batalla no es contra Morena; es entre ellos mismos para ver quién se consolida como la segunda fuerza y el receptor del voto de castigo, que sin duda sufrirá Morena. Al competir fragmentados, la oposición le pavimenta el camino al movimiento hacia el triunfo el próximo año.
Por eso el llamado del PRD de crear un frente opositor para enfrentar unidos a Morena. En otras circunstancias se podría pensar que ir todos juntos representa una fuerza real que haga frente al partido gobernante, pero viendo a sus actuales líderes opositores, eso queda simplemente en un sueño guajiro, porque ninguno de ellos tiene empatía con los ciudadanos ni representa absolutamente nada. Es duro decirlo, pero es la realidad de hoy.
El llanto de Erubiel Alonso Qué es, en el fondo, el llanto de una vieja guardia que ve extinguirse sus siglas históricas. Movimiento Ciudadano gana un operador supuestamente con estructura, al menos eso es lo que ha vendido muy bien el diputado federal; el PRI pierde otro pedazo de su identidad, y el ciudadano asiste a otra función del eterno juego de las sillas.
Al final, en el Tabasco del 2027, la única duda no es quién ganará, sino qué tan dividida llegará la oposición a su propia cita con el destino.