Los de abajo

Los aspirantes de la oposición a Centro
*Buscan la alcaldía con las mismas mañas, nuevas siglas


La política en Tabasco padece de una amnesia inducida que desafía la inteligencia del electorado. De cara al proceso electoral de 2027, el municipio de Centro —corazón político y económico del estado— se perfila para ser el escenario de una de las mayores simulaciones democráticas de su historia reciente.

En los pasillos de partidos como Movimiento Ciudadano (MC), el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y organizaciones con miras a convertirse en partidos políticos, como Somos México, desfilan con total desparpajo rostros que encarnan lo más rancio, autoritario y cuestionado del viejo régimen: Erubiel Alonso Que, Evaristo Hernández Cruz, Jesús Alí de la Torre y Luis Felipe Graham Zapata.

La pregunta no es solo si tienen posibilidades reales de ganar, sino cómo es posible que el sistema político local pretenda venderlos como alternativas novedosas, honestas y transparentes.

La respuesta corta es contundente: no lo son. El simple cambio de siglas no es un bautismo de pureza; es mero pragmatismo de supervivencia.

El historial de este cuarteto de aspirantes no requiere de interpretaciones subjetivas; está minuciosamente documentado en carpetas de investigación, pliegos del Órgano Superior de Fiscalización del Estado (OSFE) y en la memoria colectiva de los ciudadanos de Centro.

Luis Felipe Graham Zapata arrastra la sombra de los peores años del granierismo. Su paso por la Secretaría de Salud dejó un boquete financiero de más de 175 millones de pesos destinados al Seguro Popular, lo que le valió una orden de aprehensión en 2013 y un lustro en la clandestinidad.

Hoy, amparado y reciclado, pretende volver a la escena pública como si los hospitales desabastecidos de aquella época hubieran sido un mito.

Jesús Alí de la Torre heredó a los habitantes de Centro una deuda histórica de 460 millones de pesos a través de un empréstito cuyas obras prometidas terminaron en la opacidad o en el abandono.

Sus recientes frentes jurídicos por presunto fraude procesal demuestran que el conflicto y el cuestionamiento legal son su hábitat permanente.

Evaristo Hernández Cruz, el eterno camaleón que ya gobernó dos veces el municipio (una con el PRI y otra con Morena), busca una tercera oportunidad ahora vestido de verde. Su última gestión (2018-2021) dejó las arcas municipales temblando, con observaciones millonarias del OSFE y el grotesco espectáculo de una máquina recicladora de asfalto, "El Dragón", que costó una fortuna y sirvió para poco.

Erubiel Alonso Que, quien ahora se cobija bajo la bandera de "lo nuevo" en Movimiento Ciudadano tras tres décadas de militancia priista, personifica el agandalle de posiciones y la opacidad en el manejo de prerrogativas partidistas que terminaron por sepultar al tricolor en el estado.

SON UN PELIGRO PARA EL PUEBLO


¿Representan estos perfiles un peligro real para la hegemonía de Morena en 2027? En términos de una derrota estructural, la respuesta es un rotundo no. En la cuna del obradorismo, salir a hacer campaña arrastrando el logotipo invisible, pero imborrable, del PRI autoritario y represivo es un suicidio estratégico.

Morena no necesitará diseñar complejas propuestas de gobierno; le bastará con activar la memoria histórica del votante y recordar los expedientes de desvíos de sus contrincantes para movilizar el voto de castigo.

Mientras el partido oficialista perfila relevos generacionales como Daniel Casasús o Jorge Bracamonte, la oposición tabasqueña se empeña en desenterrar los fantasmas del pasado.

El verdadero peligro de estas candidaturas radica en la degradación del debate público y en la fragmentación del voto opositor. Los partidos emergentes o satélites los buscan no por sus ideales, sino porque estos personajes poseen "voto duro": estructuras territoriales de movilización construidas a base de prebendas, clientelismo y favores políticos.

Son franquicias electorales vivientes. Compran candidaturas garantizando un piso mínimo de votación que le asegura el registro y las prerrogativas financieras a los partidos que los postulan, sin importarles que con ello pisoteen cualquier asomo de congruencia ideológica.

Garantías de que no serán "más de lo mismo" no existe ninguna. Las instituciones de fiscalización actúan tarde, los partidos políticos carecen de filtros éticos reales y el "chapulinismo" permite a los actores evadir su responsabilidad histórica culpando al partido anterior de sus propios errores.

En 2027, el electorado de Centro no se enfrentará a una auténtica baraja de opciones democráticas en la oposición, sino a una pasarela de cinismo político.

La única moneda de cambio que puede romper este círculo vicioso de reciclaje es la memoria ciudadana. Si el votante de Centro decide olvidar y dejarse seducir por las viejas maquinarias clientelares, estará condenado a revivir las peores épocas del saqueo municipal, solo que esta vez, pintado con los colores de la supuesta "renovación".

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