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La Verdad del Sureste

Los de abajo

Cárdenas, el sembrador del movimiento que transformó al país


Los de abajo

La historia democrática del México contemporáneo no se explica sin la ruptura de 1988, y esa fractura tiene un nombre propio: Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. El ingeniero no solo heredó un apellido de enorme peso posrevolucionario, sino que lo transformó en el catalizador de una transición pacífica hacia la pluralidad en un país que, hasta entonces, operaba bajo la hegemonía indiscutible de un partido de Estado.
 

Al hacerlo, Cárdenas no solo desafió al sistema desde adentro, sino que sembró la semilla del movimiento plural que, tras décadas de mutaciones, hoy ocupa los principales espacios de gobierno en el país.
 

Sus tres campañas presidenciales, 1988, 1994 y 2000, no pueden medirse con la fría vara de los resultados oficiales de la época. En especial, la epopeya del Frente Democrático Nacional en 1988 y la subsecuente "caída del sistema" marcaron un punto de no retorno.
 

Aquella derrota percibida como un fraude histórico no derivó en una insurrección violenta, sino en una canalización civilista. Cárdenas obligó al régimen a liberalizar el sistema político, forzando la creación de instituciones electorales autónomas y abriendo las compuertas para que la izquierda fuera vista, por primera vez, como una opción real y viable de poder.
 

La consolidación de esa viabilidad ocurrió en 1997, cuando Cárdenas asumió como el primer jefe de Gobierno electo del entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México.
 

Aquella gestión en la capital del país fue un laboratorio complejo pero indispensable. Gobernando una urbe masiva y bajo el microscopio de la opinión pública, su administración demostró que la izquierda podía administrar la complejidad urbana, inaugurando una era de políticas sociales y de derechos que transformaron la identidad de la Ciudad de México y que más tarde servirían de modelo a nivel nacional.
 

Es precisamente en este largo itinerario donde se entrelazan y contrastan las biografías de Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, con Tabasco como un escenario primordial.
 

En los años noventa, el ingeniero cobijó las intensas batallas contra el fraude que López Obrador encabezaba en el edén tabasqueño, dándole al liderazgo del político de Tepetitán una proyección y legitimidad nacional que centralizó la lucha opositora.
 

Sin embargo, con el paso de los años y el relevo generacional en la conducción de la izquierda, las diferencias políticas y de estilo se hicieron evidentes. Frente a la sobriedad institucional y el apego a la deliberación del ingeniero, se alzó el pragmatismo de masas y la mística popular del obradorismo.
 

A pesar de los distanciamientos lógicos y los silencios respetuosos que a menudo marcan su relación con el poder actual, la trascendencia del ingeniero Cárdenas permanece inalterable.
 

Él fue el precursor indispensable que demostró que la izquierda podía competir, ganar, gobernar y construir andamiaje institucional sin romper el pacto de paz. Su figura se mantiene hoy como una brújula moral e histórica en el México contemporáneo: el hombre que abrió la brecha democrática por la que otros, eventualmente, habrían de caminar para llegar a la cima.

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