Los enemigos del Parque Ecológico Industrial en Chimalhuacán
Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX)
con estancia en investigación en la Universidad de Princeton,
fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica
y articulista en la revista económica Trimestre Económico.
Dirigente del Movimiento Antorchista en Texcoco.
Estará usted pensando, amable lector, que un parque industrial no puede ser ecológico; sin embargo, cuando se trabaja pensando en el pueblo humilde y en la humanidad entera, es posible encontrar la compatibilidad entre el medio ambiente y el desarrollo de la producción industrial.
El proyecto que presenta Chimalhuacán está pensado en el ser humano, es decir, en la clase trabajadora y se trata de un parque industrial “sin chimeneas”. Por esas razones, con toda seguridad va a recibir varios ataques de sus enemigos: los poderosos.
En el diario Reforma se publicó recientemente una nota periodística titulada “Amenaza al NACIM parque industrial” (NACIM significa Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México) y señala que el riesgo de construir el parque industrial ecológico en Chimalhuacán afecta la zona de mitigación que consiste en la inundación de tres espejos de agua adicionales al lago Nabor Carrillo existente (espejos que no estaban contemplando la zona del parque).
Se ha dado a conocer que se construirán 23 plantas de tratamiento de agua para este propósito para tratar las aguas residuales de todas las venas de los ríos que bajan hacia la zona del antiguo lago de Texcoco; también se supo que, alarmados, los especialistas: Oscar Monroy, Pedro Moctezuma y Elena Burns, de la Universidad Autónoma Metropolitana salieron a declarar, asegurando que ese proyecto “contribuirá a la densificación poblacional y de infraestructura en la zona”.
Señalan además que “mientras más se densifica (la zona), se desplaza más el manejo natural del agua y se le quita la posibilidad de tener zonas de infiltración”. Se trata, dice la nota también, de 150 hectáreas que serán destinadas al proyecto Centro Estratégico de Recuperación Ambiental del Oriente, cuyo elemento central es el parque industrial.
Debo decir que me extrañan las declaraciones de los “especialistas”, pues parece que están del lado de los intereses de las clases poderosas (se lo propongan o no) y se olvidan que los trabajadores generan la riqueza que ellos acumulan y por eso tienen esa actitud discriminatoria hacia los humildes de Chimalhuacán, disfrazada de “preocupación técnica” por la construcción del parque ecológico industrial, protestando sólo por la “zona de mitigación” y haciendo a un lado los 40 mil empleos que se pueden ofrecer a los trabajadores humildes de Chimalhuacán.
Ellos no dicen, por ejemplo, que el proyecto total del aeropuerto está pensado para una superficie de 10 kilómetros cuadrados es decir, mil hectáreas, cuando el parque ecológico industrial representa sólo el 15 por ciento de la superficie total del NACIM; tampoco aclaran que hoy en día, en la Cuenca del lago de Texcoco, sin parque industrial, hay ya un déficit, según la Comisión Nacional del Agua, de 111 millones de metros cúbicos anuales; que Chimalhuacán es el único municipio de la región que ha destinado recursos a la recarga de mantos acuíferos; y que el proyecto del parque industrial también contempla la captura de agua y recarga de mantos; y mucho menos dicen que las 23 plantas de tratamiento de agua que se van a construir no van a recargar los mantos acuíferos, es decir, los texcocanos vamos a sufrir pronto las consecuencias.
Los “especialistas” ocultan información: toneladas de material se están sacando de Texcoco para rellenar la zona del aeropuerto, generando grandes socavones que podrían ser aprovechados como fuente para capturar agua e infiltrarla a los mantos freáticos; tampoco proponen una reforestación controlada de toda la zona montañosa de Texcoco para mitigar los males en serio.
Pero no hablan en serio de la presión demográfica y la densificación, en la zona de Atenco, Tezoyuca, Ecatepec, Acolman y Texcoco, ya se observan grandes conjuntos de habitaciones precarias que el aeropuerto empujará con una fuerza invisible pero poderosa y segura.
El aeropuerto densifica la zona y los “especialistas” no señalan que el aeropuerto se está construyendo sobre una zona sumamente inestable y que ello ha incrementado sus costos de construcción con recursos que se podrían destinar a otros programas; y nadie ha escuchado que señalen la inconveniencia de que el aeropuerto se construyera precisamente ahí.
Finalmente, guardan silencio ante lo evidente: los verdaderamente beneficiarios del proyecto serán los grandes capitales, que incrementarán su capacidad de intercambio de mercancías; ya lo dijo alguna vez el propio secretario de Comunicaciones y Transportes: “90 por ciento de la carga va en la panza (sic) de los aviones”, es decir, lo más importante no es la construcción de seis pistas para que se muevan los pasajeros, sino la posibilidad de desplazar cómodamente mercancías provenientes de todo el mundo.
Y a todo esto… ¿qué pasará con el viejo aeropuerto? ¿No podría ser ésa una zona de mitigación, como recomiendan los especialistas, y no un área destinada a la instalación de centros comerciales, como se ha sugerido? De esto guardan absoluto silencio los “expertos”, enemigos de la “densificación”.
Desde el principio dejé clara mi postura: ni me opuse ni me opongo al proyecto del NACIM; pero sí dije que estaba de acuerdo con él a cambio de que llegara el progreso a Texcoco y a las zonas aledañas, incluyendo Chimalhuacán; y eso no se ve, al menos en Texcoco (más bien vemos camiones entrar y salir, más inseguridad, 970 casas nuevas… pero cero desarrollo).
Y ahora que se presenta un proyecto para el trabajo de miles de mexicanos humildes, un intento serio y ecológico por darle opción a la gente que más lo necesita, saltan a la palestra estos “especialistas”.
Llaman, por otro lado, la atención las declaraciones de los representantes de la “izquierda” mexicana en la Cámara de Diputados, recogidas por el diario Reforma: Francisco Álvarez Neri, coordinador de los diputados perredistas, “cuestiona” el proceso legal del parque ecológico industrial; pero no ofrece ninguna prueba de que el proyecto tenga la intención de favorecer a una organización con fines “oscuros”, usada “como un brazo violento para contrarrestar movimientos sociales legítimos”; ¿con qué autoridad moral hace el Partido de la Revolución Democrática esas declaraciones?
¿Ya olvidó el señor diputado todas las anomalías en la construcción de la línea 12 del metro? Creo que debería abstenerse de lanzar así como así tales calumnias y esforzarse en corregir los graves problemas provocados por distinguidos miembros de su partido ahí donde éste gobierna.
Pero habrá que oír a Octavio Mayen, encargado de Comunicación Corporativa del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, quien ha declarado que el parque industrial ecológico de Chimalhuacán “no interfiere con el plan de mitigación” al que se refiere los “especialistas”.
Cuando están en juego los intereses poderosos, siempre surgen, como hongos, sus defensores “desinteresados” que en nombre de la humanidad desatan una cruzada; pero cuando se trata de los intereses de los humildes, éstos mismos brillan por su ausencia.
La única organización del país que defiende en serio los intereses populares, la más calumniada y atacada por defender en serio a los pobres, es también la única capaz de poner en pie al gigante de la pobreza y elevar sus condiciones de vida.
Es posible que vengan más ataques contra el proyecto, pero ya sabremos de dónde proceden: de los poderosos, de sus defensores y de las falsas izquierdas que se prestan al juego de los poderosos sin representar seriamente los intereses de los más pobres de México. Que conste.