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La Verdad del Sureste

Los mal viajados


 

@UTufigno
No recuerdo si alguna vez les he comentado que en cuestiones de la fe yo estoy más allá del bien y del mal; sin embargo, el Papa Francisco me simpatiza, no sólo porque se le nota la sangre y calidez latinoamericana, sino porque sus palabras son mucho más próximas a la realidad de nuestros pueblos que las invocaciones metafísicas de sus antecesores inmediatos. Ahora mismo viene de estar en Ecuador y Bolivia, los países más pobres del Cono Sur, y regresa a Europa luego de visitar Paraguay, su última parada en el continente.

En los países sudamericanos el Pontífice visitó santuarios y hospitales, ofreció misas, se reunió con religiosos, presidentes e hizo acto de presencia en una cárcel de Bolivia, algo que muy pocos hubieran recomendado. Pero no tocó tierras argentinas ni tampoco se acercó al suelo mexicano. Y tampoco lo hará en su próximo viaje a América porque su destino son los Estados Unidos y Cuba. ¿Por qué el Papa no fue a su país natal ni correspondió a la invitación que Peña dice haberle hecho para venir a México?    

Digo yo: porque primero hace lo importante y deja para después la politiquería barata, esa que se compra en “Soriana” y viene adentro de una mochila del Partido Verde, por lo menos en el caso de México. Cuando llegue el momento de su visita a nuestros vecinos isleños y de la frontera norte, Francisco habrá culminado una de las gestiones más exitosas de la diplomacia moderna, sin necesidad de giras costosas y una corte interminable de acompañantes, como la que realiza el hombre de Los Pinos en tierras francesas.
Para su viaje por Sudamérica, el Papa se hizo acompañar de unas 120 personas: 30 de su séquito personal (de seguridad personal, equipo de liturgia y médico personal), y el resto son periodistas. Pero como para demostrar que México es un país en donde tenemos que aprender a administrar la abundancia de las reformas estructurales, Peña Nieto lleva a su viaje por Francia una comitiva de 142 personas, que incluye a su esposa (favor de no hacer bromas sobre los diseñadores de modas), “a los titulares de 31 dependencias, 37 integrantes de equipo de trabajo y 73 miembros de personal de apoyo, logística y comunicación”.
Pero no crea usted, amigo lector, que la cifra se cierra en 143 viajantes. Agregue a la comitiva presidencial 70 empresarios, 80 rectores y 150 elementos de las Fuerzas Armadas (Colegio del Aire, Heroico Colegio Militar, Heroica Escuela Naval Militar y de la Gendarmería Nacional). Es decir, el total de paseantes –¡qué mejor época que el verano para visitar París!- debe estimarse en 443 personas. Una visita oficial tan numerosa debe lograr resultados más importantes que los obtenidos por el Papa Francisco. Si de la visita no se logra que, por lo menos, la “Mona Lisa” sea entregada a México por el agravio de la “Guerra de los Pasteles”, el viaje será un mal viaje y el gasto un desperdicio.

Para filosofar un rato: ¿el derroche manipula a la política o es la política la que manipula al derroche? Si esta pregunta se la formulamos a Enrique Peña, es muy probable que nos responda que, al igual que la corrupción, “es un asunto cultural” porque siempre habrá algún alma caritativa que esté dispuesta a ser la antítesis de Robin Hood, es decir, alguien que le quite su dinero a los pobres para dárselo a los ricos, tal y como ha ocurrido en los países en los que el neoliberalismo se ha impuesto como dogma. Aunque Grecia ya anda queriendo salirse del huacal.

Es un insulto que nuestros gobiernos, que aceptan sumisamente las condiciones que imponen los organismos financieros internacionales, no adopten medidas de austeridad que limiten el gasto público a lo estrictamente necesario. ¿O en qué nos beneficia que un contingente mexicano participe en el desfile de la máxima celebración francesa? ¿Acaso van a disminuir los índices de pobreza? ¿O –desbordo la imaginación- es para que el gobierno francés ofrezca la repatriación de los restos de Porfirio Díaz? Si bajo la dictadura de Díaz el 70% de los mexicanos vivía en condiciones de pobreza, hoy sólo el 52% vive en esas mismas condiciones. Sin duda, hemos mejorado.

 

 

 

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