El mandamás
Todo estudioso o interesado en el derecho constitucional debe tener como uno de sus libros referentes la obra de Ferdinand Lassalle que lleva por título “¿Qué es una Constitución?”. En dicha obra, basada en una conferencia dictada por el autor, la respuesta a la pregunta planteada no se encuentra en moldes normativistas que “se limitan a describir exteriormente cómo se forman las constituciones y qué hacen”. La respuesta, afirma, hay que encontrarla en su esencia y en una “fuerza activa”.
Y la fuerza activa a que se refiere Lassalle, son “los factores reales de poder que rigen el seno de cada sociedad”. Para justificar su tesis, el autor acude a un supuesto hipotético que lo mismo lo ubica en la monarquía, la aristocracia, que entre la burguesía y la clase obrera; en todos los casos llega a la misma conclusión: todos somos un fragmento de la Constitución. Aunque yo añadiría: lo somos, siempre y cuando lo asumamos.
Hasta hace unas horas la economía mundial se tambaleaba por el resultado de la consulta realizada en la Gran Bretaña sobre su permanencia en la Unión Europea. La cifra final, aunque estrecha, no dejó margen de duda sobre el deseo mayoritario de la población de no permanecer más dentro del más viejo proyecto globalizador de la época contemporánea.
A pesar de las repercusiones que puede tener dicho ejercicio democrático, la gente hizo sentir el peso de su voz expresada en un voto que también significó la desaprobación a la gestión del primer ministro ingles, David Cameron, quien a la mañana siguiente de la consulta presentó su renuncia al cargo con efectos a partir del mes de octubre. Por lo menos tuvo dignidad, pero otros…
Mientras eso ocurre a nivel global, en nuestro país las manifestaciones de repudio hacia las políticas del gobierno en general y a la “reforma educativa” en particular, van en aumento.
Fuera de las épocas de campaña electoral, no recuerdo en los tiempos recientes una escalada de movimientos sociales en lugares tan diversos en como lo son Tuxtla y Guadalajara, o Monterrey y Oaxaca. Nochixtlán sólo fue la chispa que faltaba.
Las imágenes que inundaron las redes sociales desde el campo de batalla desmintieron las primeras versiones de los gobiernos estatal y federal. Si los mandos decían que los policías iban desarmados, las fotos mostraban lo contrario; si las autoridades decían que las imágenes estaban alteradas, los videos comprobaban que no era así. Al final no tuvieron más que aceptar el uso de las armas, aunque no reconocen la autoría de los crímenes.
Entre los hechos de Nochixtlán y el aumento de las movilizaciones, una tras otra, en distintos puntos de nuestra geografía, el gobierno decidió –algo tarde- que era el momento de abrir una mesa de interlocución con los maestros inconformes con la cacareada reforma educativa, la misma que supone que a un maestro de carrera se le puede suplir con psicólogos o pedagogos. Como si la preparación y habilidades requeridas fueran las mismas.
Eso sí, el Secretario de Gobierno, Osorio Chong, dejó bien claro que la mesa de diálogo era para tratar de resolver el problema político, pero no la reforma educativa (¿escuchan los aplausos de Aurelio Nuño?).
Yo me pregunto: ¿y qué es lo que debe resolverse políticamente sin vincularlo con la reforma laboral que se esconde bajo el disfraz de una reforma educativa? ¿Acaso alguien supondrá que “con una lana” se termina el conflicto? En su arrogancia y cerrazón, el Secretario de Educación no quiere que el engendro de ley que defiende se modifique ni en una coma. No sólo desconoce la operación interna de las escuelas, a las que trató de imponerles el calendario de 185 días, sino que es un experto desconocedor de la realidad nacional.
En una columna de un diario de circulación nacional se le atribuye a Nuño haber sido protagonista del pasaje siguiente: en una reunión efectuada en Los Pinos con las áreas de inteligencia, el entonces Jefe de la Oficina de la Presidencia se mostró incrédulo de que en el país aún existieran organizaciones guerrilleras.
Se cuenta que Nuño dijo: “¿en serio? Quién dice que todavía hay guerrilla en México, eso es de los años 70”. Señor Secretario, ¿por lo menos entiende en quién reside la soberanía?