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La Verdad del Sureste

MAZARINO EN EL TRÓPICO HÚMEDO II


 

Fue tanta la importancia del cardenal Mazarino que el mismo Alejandro Dumas se refiere a Mazarino como “la sombra” de Richelieu, aunque al principio “estaba solo y sentíase débil”. En la gran obra de Dumas, Los tres mosqueteros, de hecho será el propio Mazarino quien recomiende a D’Artagnan -a la sazón teniente del cuerpo de mosqueteros-, que reúna a sus antiguos e inseparables compañeros de batallas (Athos, Porthos y Aramis) para liberar de su encierro parisino en La Bastilla al ambicioso conde de Rochefort. 
    Otros fragmentos de la obra Breviarios de los políticos de Julio Mazarini. ““Para conocer los proyectos de alguien, soborna a una persona de la que esté enamorado, y por medio de ella tendrás acceso a sus pensamientos más secretos.
    “Te será muy útil tener un espejo delante de ti cuando estás sentado en la mesa, o cuando escribes, para poder ver lo que sucede a tu espalda. Nunca hagas valer toda tu fuerza: que nadie crea que has llegado al límite de tu poder. Induce a las personas a que te cuenten su vida […]. Y tú ten cuidado de no revelar nada de la tuya.
    “Cada vez que tengas que comparecer en público (que sea lo menos posible) condúcete de modo irreprochable, pues a menudo un mero gesto acaba forjando para siempre una reputación: las palabras mueran con quien las pronuncia, pero no así nuestros actos; menos cuando los llevamos a cabo delante de algún semejante. Es por eso que, no debemos confiar a nadie nuestros afectos, odios y temores, con el fin de sellar nuestro fuero interno y conservarlo a salvo de potenciales enemigos, siempre ávidos de destapar cualquiera de nuestras vergüenzas. Ten pocos amigos, no mantengas un trato frecuente con ellos, y así no te perderán el respeto; la amistad no existe: es simulación.
    “Todo lo que puedas arreglar pacíficamente, no trates de arreglarlo por medio de una guerra o un proceso legal. Es preferible aceptar un ligero perjuicio que hacer prosperar los asuntos de otro porque se espera de ellos un gran beneficio. Al mostrarse demasiado duro en los asuntos, se expone uno a grandes peligros. Mantén siempre un cierto grado de desconfianza de cada quien, y estate convencido que las personas no tienen mejor opinión de ti que de los demás. No dejes que se te acerque más un secreto que un prisionero prófugo que hubiese jurado degollarte.
    “Reconocerás la moralidad y la piedad de un hombre por la armonía de su vida, por su falta de ambición y su desdén de los honores. En él no habrá modestia fingida ni control de sí mismo. No se esfuerza en hablar con voz suave, no exhibe unas mortificaciones puramente externas, bebiendo y comendo apenas, etcétera. El hombre astuto se suele conocer por su dulzura y suavidad fingidas, su nariz corcovada y su mirada penetrante.
    “Sondea los sentimientos ajenos con respecto a ti mostrándote afectuoso o fingiendo, por el contrario la hostilidad. No muestres que tienes experiencia del vicio; no hables con demasiado ardor de los defectos ajenos, pues sospecharan que tienes los mismos. No pongas confianza en un hombre que promete fácilmente; es un embustero o un bribón.
    “Para juzgar la sensatez y la inteligencia de alguien, pídele consejo sobre un asunto. Verás además si tiene espíritu de decisión. A algunos hombres les gusta contar sus sueños; hazles charlar sobre su tema favorito y pregúntales todo género de cosas acerca de ello. Así descubrirás los secretos de su alma. Si, por ejemplo, alguien pretende quererte, interrógale sobre lo que sueña; si no sueña jamás contigo, es que no te quiere.
    “Juzgarás la capacidad de un hombre de guardar un secreto en que no te descubrirá, amparado por la y de lo que no hayas hablado a nadie. Si tus palabras se divulgan, sabrás quién te ha traicionado. Los hipócritas están siempre dispuestos a propagar las noticias y aprueban sistemáticamente lo que tú hagas. Te representan la comedia de la amistad, pero si delante de ti desuellan a los demás, ten cuidado, que no tardarán en hacer otro tanto contigo.
    “Si un denunciador va a verte para hacer acusaciones contra alguien, haz como si estuvieras ya al corriente y que incluso supieras mucho más que el propio denunciador. Lo verás entonces añadir detalles sobre detalles y confiarte nuevas acusaciones de las que de lo contrario no te habría hablado.
    “Quienes hablan con voz afectada puntuando sistemáticamente sus frases con un ligero tosiqueo son afeminados y aficionados a Venus. Los hay también de esos muy rizados y acicalados que no tratan más que de atraer las miradas y que se les van los ojos tras de los muchachitos y las muchachitas que están en la flor de la edad.
    Concluiré en la próxima entrega con la transcripción de algunos fragmentos de la obra de Mazarino: Breviario de los políticos.

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