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La Verdad del Sureste

MAZARINO EN EL TRÓPICO HÚMEDO IV


Concluyo con la transcripción de algunos fragmentos del libro Breviario de los políticos del Cardenal Julio Mazarino: manual descarnado para conseguir y conservar el poder.
    “Muéstrate amigo de todo el mundo, charla con todo el mundo, incluso con aquellos a quienes aborreces y te enseñaran la circunspección. De todos modos, oculta tus cóleras; un solo acceso perjudicará más a tu fama de lo que podrán embellecerla todas tus virtudes. Con los de temperamentos fríos sé directo y brutal, y los impresionarás; con los caracteres fogosos, obra, por el contrario, con suavidad y tacto. No pases brutalmente del rigor a la bondad.
    “Descarga en los demás los asuntos de menor importancia según un estricto reparto que no deberás en manera alguna transgredir. Si un asunto es de poca importancia, no le concedas mucho tiempo. No tomes nunca más que el tiempo necesario para ordenar correctamente las cosas. Fracciona en varias partes los asuntos que exijan varios días de trabajo y soluciónalos uno por uno. Deja los asuntos que, sin proporcionar gloria ni dinero, impongan muchos esfuerzos.
    “No te comprometas, por agradar a alguien, en asuntos que no te sirvan de nada y te tomen mucho tiempo. Si estás cansado de un asunto, no insistas y reanímate con alguna diversión honesta, haz ejercicio. Más tarde lo solucionarás al mismo tiempo que muchos asuntos que pueda resolverse fácilmente. No trates jamás personalmente con los artesanos, no te ocupes ni de economía, ni de jardines, ni de construcciones, porque todo esto exige un trabajo considerable e irías de preocupación en preocupación. “Que tus ocupaciones sean conformes con tu estado. Si eres prelado no te mezcles en cuestiones de guerra, si eres noble, de quiromancia, si eres religioso, de medicina, si eres clérigo, no te batas en duelo. No dictes ley, o lo menos posible. No te abandones fácilmente a la ira, porque si te apaciguas después tan fácilmente, te tendrán por hombre ligero. Si has de hablar en público, pronuncia un discurso preparado de antemano y previamente escrito.
    “No confíes a nadie tus inclinaciones, tus repugnancias, tus timideces. No trates jamás personalmente los asuntos mediocres. Deja que tus servidores los arreglen y no hables de ellos. Da de manera generosa lo que visiblemente no te cueste nada, como, por ejemplo, unos privilegios que el beneficiario no podrá jamás usar. “Si alguien es digno de una función pública y pretenda excusarse en el momento en que tú se la confieres, no aceptes su negativa, a menos que la haya manifestado públicamente. De lo contrario, creerían que tu favor no es la recompensa de sus méritos. Pero para que no pueda esquivarse hazlo entrar en funciones el día mismo en que le entregues su cargo, y después sal de la ciudad inmediatamente. Así se verá obligado a escribirte para significarte su negativa, y mientras aguarda tu respuesta habrá comenzado a ejercer sus funciones.
    “Concederás unos favores que no te cuesten nada: harás por ejemplo remisión de penas debida, o a guisa de regalo renunciarás a imponer un nuevo tributo que a ejemplo de un vecino estabas dispuesto a establecer no obstante su carácter injusto. La gente que emplees no deberá gustar del lujo, ni de las armas, las joyas o los caballos, porque así podrás gratificarlos suntuosamente sin que le cueste demasiado a tu bolsa.
    Si quieres asegurarte los servicios de alguien, no le hagas promesas, pues se recusará, porque prometer es una manera de no dar y de pagar a la gente con buenas palabras. Procura no volver sobre las decisiones tomadas por tus predecesores, porque estaban en situación de prever cosas que a ti se te escapan. Evita también conceder privilegios perpetuos, porque el día en que tengas necesidad de gratificar con ellos a algún otro te será ya imposible. “No amenaces jamás a quien tengas la intención de combatir, porque se pondría en guardia, pero déjalo que crea que tus fuerzas son inferiores a las suyas y que incluso si lo pretendieras, no podrías nada contra él. Reanuda con él relaciones amistosas para que se confíe, y pon unos espías disimuladamente en el lugar en que tengáis una conversación, tras de lo cual indúcelo a pronunciar palabras subversivas, por ejemplo, diciendo mal del Príncipe, y así podrás a continuación denunciarlo.
    “No se debe combatir jamás a varios adversarios a la vez y, cuando se ataca a uno, es conveniente reconciliarse temporalmente con los demás. No te abandones a la pasión de la venganza malogrando con ello la ocasión de hacer que progresen tus asuntos. Asegúrate siempre de la solidez de tu situación antes de que ataques a alguien.”  

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