MEADE
La confirmación del dedazo. La modificación histórica de los estatutos del PRI para que por primera vez un “no priista” (no militante) pueda competir por la presidencia de la República bajo esos colores. El hombre fuerte del revolucionario para vencer a Andrés Manuel en las boletas el próximo año. El presidenciable tricolor.
Un hombre muy bien preparado, con una amplísima experiencia en la administración pública y por si fuera poco, que no milita en ningún partido, sobre todo, que no milita en el PRI.
¿El mejor candidato que el PRI pudo designar? Sin duda. ¿La mejor opción para México? Me temo que no. Me explico.
Licenciado en economía por el ITAM, y Doctorado en Economía por la universidad de Yale, Meade es un hombre con una gran preparación académica. Su preparación e intelecto es equiparable al de hombres como Luis Videgaray (si, ese Videgaray) quien también estudió en el ITAM (fábrica de funcionarios públicos neoliberales), doctorado en Economía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, y Carlos Salinas de Gortari licenciado en economía por la UNAM, con doble maestría, una en administración pública y otra en economía política, y doctorado en economía política y gobierno en Harvard; o a Ernesto Zedillo, doctorado en Yale, y Felipe Calderón quien además de compartir raíces ITAMITAS, cuenta con un doctorado en Harvard.
Tan inmejorable preparación agrada, pero preocupa. Vale la pena rescatar las palabras al final de la Revolución Mexicana de Robert Lansing, Secretario de Estado norteamericano durante la administración de Woodrow Wilson:
“México es un país extraordinario, fácil de dominar porque basta con controlar un solo hombre: el presidente. Tenemos que abandonar la idea de poner en la presidencia a un ciudadano americano ya que esto llevaría otra vez a la guerra.
La solución necesita más tiempo: debemos abrir a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y el respeto al liderazgo de Estados Unidos.
Con el tiempo esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes, finalmente se adueñarán de la presidencia; entonces, sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queramos.
Y lo harán mejor y más radicalmente que nosotros.”
No es casualidad que las recetas económicas neoliberales aplicadas durante los últimos 30 años, dentro de las que se incluyen las privatizaciones de los bienes y sectores estratégicos de la nación, de las que Salinas, Videgaray, Zedillo, Calderón y desde luego Meade, entre muchos otros altos funcionarios del gobierno mexicano con estudios en las mejores universidades de Estados Unidos (y sus sucursales en México) han sido autores y ejecutores, y que han llevado a nuestro país a la situación económica actual, tengan tanto en común: el origen y el resultado. Hoy los pobres son más pobres y los ricos (los que quedan) son más ricos. La desigualdad en México se ha acentuado y hoy somos el país más desigual de la OCDE.
Aquí ha contribuido la amplísima experiencia en la administración pública con la que el Dr. Meade cuenta. Es el segundo funcionario mexicano que ha ocupado cuatro distintas secretarías de Estado en dos gobiernos diferentes: Secretarías de Energía y Hacienda durante el sexenio de Felipe Calderón; así como las de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y una vez más Hacienda, durante el actual sexenio de Enrique Peña Nieto.
Quizá esta última en donde los mexicanos podemos recoger mayor desencanto: se le recuerda a Meade como autor de los progresivos y recurrentes gasolinazos que iniciaron en el sexenio de Calderón y que hoy nos tiene a los ciudadanos pagando cerca de cinco pesos en impuestos por cada litro de combustible, con base en una política de precios fuera de toda lógica: cuando el precio del petróleo baja, el precio de la gasolina sube; cuando el precio del petróleo aumenta, el precio de la gasolina también sube. Lo anterior para cubrir el hueco financiero que dejó la Reforma Energética, pero sin tapar la olla sin fondo de la insaciable corrupción gubernamental y de la que el PRI se ha imbuido para mal de todos los mexicanos.
Pero Meade no es militante del PRI. Si, el Dr. Meade rompió con la tradición del candidato militante, pero aún existe una tradición tricolor que permanece inmaculada: el candidato del PRI a la presidencia de la república debe obedecer indefectiblemente a los intereses del grupo en el poder, que en este caso son los intereses del presidente Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray, Enrique Ochoa Reza y quizá hasta el mismo Salinas, entre otros priistas de alto rango, así como de hombres de negocios y amigos empresarios como grupo Higa. Que mejor si el candidato, como en el caso de Meade, cuenta con el visto bueno de entes económicos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, asociado en la imaginación popular con la promoción del neoliberalismo.
Debería ser innecesario aclarar que “no militante” no es lo mismo que “no priista”, después de todo si habla como PRI, actúa como PRI, y le dice al PRI “háganme suyo” y a los mexicanos que “le debemos mucho al PRI”, entonces “es de pollo” (diría aquel viejo spot).
No importa la preparación, experiencia y cercanía del candidato que el PRI designe, los mexicanos tenemos el deber de procurar en las urnas, la justicia que en un sexenio no han garantizado sus instituciones. Aunque, si usted está de acuerdo y a gusto con el desempeño del gobierno actual, con el statu quo, entonces olvide todo lo anterior, Meade es en definitiva la mejor opción.
Twitter: @MartinezBriceno