Durante los años setenta y ochenta del siglo pasado, las condiciones de vida en nuestro Estado se resumían en un hecho fundamental: Tabasco competía como uno de los territorios de México que mayores cantidades de personas recibía. Quintana Roo crecía –y continúa creciendo- aún más que Tabasco, al establecimiento de su inmensa zona turística.
Desde el censo de población de 1960 al de 1990, la población en Tabasco prácticamente se duplicaba cada dos décadas. Desde un punto de observación, tal crecimiento demográfico se debía a mejores condiciones de salud y menor mortalidad. Desde otro punto de vista, existía un constante y enorme flujo de personas quienes venían de varias regiones de México y hasta de América Central. Venían a Tabasco para aprovechar las múltiples oportunidades de empleo, y también para disfrutar del ambiente de seguridad y tranquilidad social.
Todos estamos conscientes que, desde la década de los años noventa, existe un constante éxodo de habitantes de nuestras ciudades y del campo tabasqueños, quienes emigran en busca de oportunidades, pero sobre todo, huyendo de la inseguridad y violencia que imperan en nuestro territorio. Lejos de pensar en situaciones anteriores con nostalgia o como si no fuera posible recuperar una realidad con mejores condiciones de vida, podemos estar seguros que pronto habremos de recuperar el optimismo que hemos vivido en nuestro territorio. La posibilidad de elegir a nuevas autoridades públicas, abrirá la oportunidad de seleccionar a mejores servidores públicos, y de generar un cambio muy positivo entre nosotros.
Sonríe, el 2012 traerá el fin de la dictadura del PRIAN. Hasta la próxima.
