MEMORIA TABASQUEÑA
Reescribir la historia de los indígenas de Tabasco desde una perspectiva descolonial
(Miembro de la Academia de Historia de la UJAT)
En 1982, en Ginebra, las Naciones Unidas y la Unesco establecieron que cada 9 de agosto debe conmemorarse el Día Internacional de las Pueblos Indígenas, se definió esa fecha con la intención de que las comunidades indígenas del planeta tuvieran un día para plantear sus necesidades, para expresar las condiciones sociales en las que están viviendo y para reivindicar su cultura e identidad.
En México y Tabasco, esa fecha debe servirnos para reflexionar, analizar y tomar conciencia acerca de cómo han vivido los indígenas en el contexto de los procesos sociales que han definido la historia de México. Ello implica comprender el acontecer histórico de los indígenas durante la Colonia, el rol y lugar que ocuparon, durante y después, de la Independencia; conocer las distintas experiencias y el lugar que les asignó el liberalismo durante el juarismo y el Porfiriato; la manera en que se incorporaron a la Revolución y cómo impulsaron el zapatismo; implica conocer como el Estado posrevolucionario los incorporó a la vida nacional en la hegemonía que construyó en el siglo XX; y desde luego, analizar cómo el neoliberalismo, bajo una perspectiva neocolonial, realizó varios procesos de despojo, exclusión y discriminación hacia los pueblos originarios en las últimas 4 décadas.
Así, conociendo la historia de México, debemos reconocer que desde la Colonia hasta nuestros días, los indígenas han vivido bajo circunstancias y relaciones de discriminación y de relego; que su acontecer histórico ha sido determinado por proyectos que asumen y reproducen la cosmovisión occidental, en la que el indígena es considerado como inferior y atrasado; como parte de comunidades humanas que deben renunciar a sus saberes, identidades y prácticas comunitarias, para poder acceder al “progreso”.
En ese proceso, en México la memoria, la cultura e identidad de las comunidades indígenas, su significado histórico, ha sido determinado por las imposiciones, controles y juicios de valor, establecidos por todos los gobiernos, desde la época colonial hasta Peña Nieto. Bajo esa dinámica, recordar, caracterizar o reivindicar a las culturas indígenas, solo fue parte de proyectos políticos, que usaron la cultura e identidad de las comunidades originarias, para legitimar su ejercicio en el poder; como parte de un discurso que señalaba y puntualizaba que los indígenas eran nuestra cultura, nuestro origen y nuestra raza; mientras, al mismo tiempo, los habitantes de las comunidades indígenas seguían siendo tratados como indios, como ciudadanos de segunda clase y viviendo en la miseria y la marginación.
En el presente, esa concepción y las prácticas sociales que derivan de ella, son impugnadas y confrontadas por la palabra, el discurso y la conciencia de AMLO y su proyecto de la 4T. Así, por primera vez en la historia de México, bajo el lema de: “Primero los Pobres”, se discute, se planea y se aplican políticas públicas para atender las necesidades diversas de las comunidades indígenas. La 4T asume que los mexicanos, el sistema político y el gobierno tienen una deuda histórica con los pueblos originarios, con sus descendientes y con las clases sociales que fueron empobrecidas por los gobiernos de los últimos 50 años.
Sobre el tema, Tabasco tiene su propia historia, los indígenas originarios de estas tierras fueron conquistados y sometidos por los españoles; fueron casi aniquilados durante los primeros cien años de la Colonia, en los que perecieron más de 100 mil habitantes; después, los indígenas que vivían...
...en lo que hoy nombramos Frontera, Paraíso, Comalcalco, Jalpa, Nacajuca, Atasta, Tamulté y toda la región del centro de la Provincia de Tabasco, vivieron bajo la violencia de los piratas por varias décadas; al mismo tiempo, que experimentaban la explotación económica, bajo el trabajo y el pago de tributos; mientras, los indígenas de la zona de la sierra y de origen maya, vivían sometidos a la expoliación económica, que tuvo como centro administrativo a Tacotalpa. Así, durante toda la Colonia la vida de los indígenas de Tabasco estuvo marcada por la explotación y el sometimiento.
Con la Independencia, la vida y el acontecer de los pueblos indígenas en Tabasco, quedó atada a las necesidades productivas y económicas de las élites agrarias y comerciales, a los intereses de criollos y mestizos, que siguieron considerando que los indígenas chontales, nahuas, choles, etc., eran inferiores e incapaces de decidir por sí solos. Ni los centralistas, ni federalistas, ni conservadores o liberales, se preocuparon por establecer políticas para reconocer y ver como iguales a los indígenas locales.
Por ello, el liberalismo, la república federal y el juarismo no modificaron significativamente las circunstancias de explotación en que vivieron los indígenas; en él, se sentaron las bases jurídicas que legalizaron el despojo agrario hacia las comunidades indígenas y que sus habitantes vivieran, posteriormente, en condiciones parecidas a la esclavitud durante el Porfiriato. La Revolución Mexicana no generó una verdadera ruptura en Tabasco; pero a partir de 1924, durante el Garridismo se expresó nítidamente una transformación social; en ese tiempo, la condición de las comunidades indígenas cambió significativamente; las masas de campesinos e indígenas pobres fueron incorporadas al proyecto social de reformas y justicia social del Estado posrevolucionario garridista; en ese proceso se dio el reparto agrario. Después, bajo el burocratismo centralista que impuso el priismo, los pueblos originarios quedaron atados a los programas clientelistas del gobierno; mientras, su historia y ancestros fueron enclaustrados en los museos y, su producción cultural, ofertada como artesanía.
En Tabasco, ni la modernización del Modelo de Desarrollo Estabilizador de finales de los 50’s y los 60’s y, después, la aceleración de la extracción petrolera, el Plan Chontalpa, el establecimiento de una nueva infraestructura carretera y los programas sociales que reactivaron las cooperativas para producir y comercializar productos locales, en la década de los 70’s, modificaron las condiciones reales de pobreza, rezago y discriminación, en la que vivieron los indígenas.
En la historia contemporánea de Tabasco, solo el gobierno de Enrique González Pedrero intentó incorporar al desarrollo social a las comunidades indígenas, a partir de una perspectiva comunitaria y de reivindicación social. El Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena, los Camellones Chontales, la infraestructura educativa y cultural, etc., quedaron como evidencia. Esa esperanza, se resquebrajó, porque después, el neoliberalismo estableció políticas públicas en la que los indígenas perdieron espacios culturales y productivos y, siguieron viviendo, en pobreza, marginación y relegados del desarrollo social. Así, hoy seguimos esperando que a nivel local, se apliquen eficientemente los programas que a nivel nacional y en otros estados, el Presidente ha impulsado.
Por ello, aprovechando el próximo Día Internacional de los Pueblos Indígenas, no está demás decir, que la experiencia histórica de los pueblos originarios de Tabasco forma parte de esa frase que escribió Guillermo Bonfil Batalla: son “historias que todavía no son Historia”, porque los historiadores, antropólogos, sociólogos, politólogos, etc., no han producido investigaciones que nos permitan comprender el acontecer de las comunidades indígenas en los procesos históricos de Tabasco. Como parte de un ejercicio racional, que desenmascare el carácter colonialista y excluyente de los proyectos hegemónicos que han determinado el desarrollo de Tabasco.
También hay que decir que, en Tabasco, la memoria histórica de los indígenas solo ha sido rescatada, analizada y reivindicada por Mario Humberto Ruz, Lorenzo Ochoa, Carlos Incháustegui, Bartola May, Chávez Galindo etc., como parte de un discurso histórico que expone y nos hace comprender, cómo el proyecto de desarrollo occidental y colonialista, siempre ha excluido, discriminado y menospreciado la cultura e identidad de los chontales, ayapanecos, choles, zoques, etc. A la par, en Tabasco se sigue reproduciendo una cultura que solo recuerda y hace referencia a los pueblos originarios, dentro de los marcos institucionales y burocráticos que el gobierno impone; forman parte de esa tendencia, toda una legión de “cultureros” que lucran, viven y exponen parte de la historia y cultura de las comunidades indígenas, sin cuestionar el estatus quo, que los discrimina y los ha mantenido en la pobreza por décadas y siglos.
Entonces, a los historiadores tabasqueños nos queda como reto y compromiso, realizar indagaciones y análisis que rescaten, recuperen y reinterpreten la experiencia histórica de los indígenas; bajo perspectivas metodológicas que se sustenten en procedimientos, que produzcan un discurso que nos de objetividad y compresión; que nos permita adquirir una conciencia social, un compromiso y una práctica concreta, hacia las comunidades de los pueblos originarios; lo cual quiere decir: asumir una perspectiva descolonial.