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Gasolinas a la baja... ...pero no en México Aquí, 31% más cara
La buena, que en los últimos tres meses los precios de las gasolinas se desplomaron entre 14 y 15.4 por ciento y los del diésel 12.5 y 15.1 por ciento, lo que ha beneficiado ampliamente a los consumidores. La mala, que esas caídas no han sido en México, sino en Estados Unidos y Guatemala, respectivamente, países no sólo fronterizos con el nuestro, sino con realidades energéticas opuestas (de la abundancia a la carencia, en cada caso).
En Guatemala tiran presidentes y precios de los combustibles, pero –lástima– en México (productor, refinador y exportador de hidrocarburos) no, y los precios se mantienen sin modificación desde el pasado primero de enero, cuando el gobierno federal dio fin a su política de gasolinazos, no sin antes advertir a los consumidores –vía Diario Oficial de la Federación– que "en caso de que los precios internacionales de estos combustibles experimenten alta volatilidad, el Ejecutivo federal preverá mecanismos de ajuste que permitan revisar al alza los incrementos de los citados precios, de manera consistente con la evolución del mercado internacional".
Pero como en el gobierno mexicano nadie conoce la ley de la gravedad y para sus integrantes Newton no es más que una avenida en Polanco, aquí todo lo que sube nunca baja. Resulta que la citada "alta volatilidad" ha sido en sentido inverso y en ningún momento ha considerado la posibilidad de reducir los precios internos de los combustibles. A la hora de aumentarlos, la justificación de los tecnócratas siempre ha sido "la necesidad de equiparar los precios internos con los de nuestro principal socio comercial" (Estados Unidos), pero cuando la situación es en sentido contrario, ni quién se acuerde.
Cuando se aplicó el último –oficialmente– gasolinazo (1.9 por ciento de aumento), el precio del barril mexicano de exportación se vendía a 45.45 dólares, pero los mexicanos pagaban sus gasolinas a un precio tres veces superior. El barril de crudo contiene 159 litros, y por aquellas fechas el gobierno mexicano lo exportaba a 45.45 dólares, pero ya refinado (interna o externamente) lo revendía a los mexicanos a cerca de 149 dólares, como promedio.
Actualmente en México un litro de gasolina Premium se vende 31 por ciento más caro que en Estados Unidos y 14 por ciento más que en Guatemala, con todo y que, si se mide en dólares, la devaluación de la vapuleada moneda nacional ha reducido la brecha.
Lo que lejos de reducirse se ha incrementado sostenidamente es la captación fiscal, por medio del impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS) aplicado a los combustibles: más de 127 mil millones de pesos tan sólo en el primer semestre de 2015, un monto superior al recorte presupuestal anunciado, también en enero pasado, por el renombrado "ministro del (d) año". Para el consumidor, pues, altísimo precio de los combustibles y un titipuchal de impuesto.
En un inventario de cien países elaborado por los analistas de Global Petroprices, en los últimos tres meses 74 de ellos redujeron los precios de sus gasolinas y diésel; 16 los incrementaron (Kirguistán y Zambia los de mayor proporción: 12.5 y 30 por ciento, respectivamente, aunque el primero redujo 2.6 por ciento el precio del diésel).Todas las naciones latinoamericanas redujeron sus precios de las gasolinas (en algunos casos hasta 15.5 por ciento, como en República Dominicana y 14.8 por ciento en Honduras), salvo tres de ellas que los aumentaron (Argentina, 3.8 por ciento; Chile, 2.6, y Colombia, 1.1). Y en el resto del planeta se registran fuertes caídas en los precios, como en Austria (10.6 por ciento), Bélgica (12.1), China (10), Croacia (10.7), Dinamarca (10.2), Hungría (11), Islandia (11.5), Jordania (13.7), Noruega (10), Filipinas (10.3), España (13), Suecia (11.8), Vietnam (11.8) y muchos más.