Mujeres divinas
Lo dicho: el “acto heroico” del gobierno de federal va a ser nota todo el tiempo que sea necesario, sin importar que los secuestros o desapariciones masivas continúen en el país –Veracruz y Guerrero- o si Humberto Moreira, a quien Enrique Peña encumbró en la presidencia del PRI, haya sido detenido en España por una investigación de transferencias de cientos de miles de euros.
Llama la atención el giro que dio la detención de “El Chapo” en las horas y días posteriores a su recaptura pues el centro de la información ya no lo era el trabajo “de inteligencia” implementado por la Marina que, dicho sea de paso, realmente no logró su objetivo pues Joaquín Guzmán escapó del cerco y fue sometido –en condiciones poco claras- por policías federales por el robo de un vehículo. Sólo falta que sepamos que su reaprehensión fue gracias a que cometió una infracción de tránsito y que fue captado por una cámara de las llamadas “fotomultas”.
Lo que comenzó con un desbordado entusiasmo del gobierno federal, con el himno nacional como música de fondo, en donde la batalla de Puebla contra los invasores franceses es poca cosa, terminó convertido en una (tele) novela rosa en donde la protagonista de su propia historia es la actriz que encarnó a Teresa Mendoza -“la mexicana”- en “La reina del sur”, la adaptación para las pantallas caseras de la novela del escritor español Pérez Reverte, y transmitida en decenas de países.
Como argumento de la telenovela, algunos medios han creado la percepción de que Guzmán Loera es un romántico sin remedio que sucumbió ante los encantos de la actriz, quien también cayó envuelta en el remolino del misterio, fragilidad humana que condujo al escondite del “delincuente más buscado en el mundo” (“y en las galaxias cercanas”, deberíamos agregar para no restar méritos) y a la investigación de supuestos vínculos de negocios entre ambos.
Y tal cual ocurre en las telenovelas, no es la primera vez que se emplea la trama del encuentro entre “la bella y la bestia”. Cuando Rafael Caro Quintero ocupaba las planas de los periódicos como el “más buscado”, su detención en Costa Rica fue posible porque había cometido el error de estar en compañía de una sobrina de un ex gobernador de Jalisco, con quien supuestamente vivía un tórrido romance. Tal parecería que “Don Rafa”, como le decían en el penal de Puente Grande, en lugar de huir prefirió ser “preso en la cárcel de sus besos”.
Lo que falta dentro del libreto es un ficticio encuentro entre Joaquín Guzmán y Caro Quintero en un canta-bar (karaoke), en el que juntos, ante el micrófono y mirándose a los ojos, comienzan a cantar: “De pronto que se acerca un caballero, su pelo ya pintaba algunas canas, me dijo le suplico compañero, que no hable en mi presencia de las damas. Le dije que nosotros simplemente, hablamos de lo mal que nos pagaron, que si alguien opinaba diferente, sería porque jamás lo traicionaron”. Clap-clap, aplausos por favor.
La recaptura de “El Chapo” está sobredimensionada y desviada hacia otro foco porque el problema real, el verdadero problema de fondo, no está resuelto. Detenerlo era una obligación del gobierno federal que no debe ser aplaudida porque la corrección de un error no merece aplausos y porque las condiciones de corrupción que facilitaron el escape del “más buscado” permanecen en el sistema penitenciario. ¿O acaso hay alguien que pueda jurar que, de pronto, las autoridades se volvieron honestas?
No olvidemos que la serpiente está mordiendo su propia cola. Hace algún tiempo -y lo reiteró el año pasado- Peña Nieto dijo que la corrupción es un “problema cultural”, lo que significaría un reconocimiento a la imposibilidad de transformar de la noche a la mañana las desviaciones éticas de los servidores públicos. Tal vez para ello se necesite un milagro.
Estamos a un mes de la visita del Papa Francisco a México, tiempo suficiente para que la telenovela de Guzmán Loera llegue a su fin y comience una nueva: se hará manifiesto el amor de clóset que se había mantenido entre el Pontífice y los mexicanos. Pero mientras esto ocurre, en nuestro país continuarán las desapariciones forzadas, los secuestros, la corrupción gubernamental y el narcotráfico continuará con su negocio.