No era penal
@UTufigno
“Sólo es un partido fútbol”. De esta forma se justificaban las voces que clamaban que lo ocurrido en un encuentro de fútbol entre las selecciones de Panamá y México era un asunto meramente deportivo, a pesar de que la forma en que se dio el marcador final a favor de México resultó más que sospechosa, algo de lo que seguramente usted, amigo lector, estará enterado o al menos habrá escuchado aunque no sea aficionado al balompié. Difiero, no sólo tiene relevancia deportiva. Contextualizo para que tengan elementos de juicio quienes están alejados del fútbol. El área futbolística a la que pertenecemos se denomina Concacaf (Norte y Centroamérica), en la cual cada dos años realiza un torneo entre las selecciones del área –Copa Oro-, cuya mayor recompensa deportiva es la posibilidad de enfrentarse a las selecciones campeonas de las otras áreas. Pero dicho estímulo no se limita a tener de adversaria a Alemania o Argentina, por decir algo, sino que representa un negocio de muchos millones de dólares.
En el caso de la Concacaf, la Selección Mexicana es la más atractiva en términos económicos ya que es la que genera más ganancias. Para que sea negocio, desde 1991 la Copa Oro se diputa con sede fija en los Estados Unidos –alternada en ocasiones-, país en el que habitan cerca de 35 millones de mexicanos que son fuente segura de ingresos para los organizadores. El costo promedio que tienen los boletos es de cien dólares, por lo que los dirigidos por “El Piojo” Verde habrán dejado en taquilla casi 38 millones de dólares al final de su participación.
Que México llegara a la final no sólo era una cuestión de orgullo, sino de negocios. Como lo es todo el fútbol. Por ejemplo, el cuestionado partido frente a Panamá fue el partido estelar de las semifinales y se dejó al equipo local, los Estados Unidos, en el partido previo. ¿Por qué? Porque la selección norteamericana no tiene el imán de taquilla que tiene la selección mexicana y por ello jugó en estadios con menor número de asientos. A pesar de ello, el premio que se llevará la selección campeona será inferior al millón y medio de dólares. ¿Y lo demás?
En los últimos meses el fútbol organizado se ha visto envuelto en escándalos de corrupción porque se ha confirmado que el soborno es una práctica tan común entre los dueños del negocio como el vuelo de una golondrina en invierno (¿no?, perdonen ustedes porque con eso del cambio climático ya no se sabe). Precisamente dos de los implicados en la investigación que al respecto hace el FBI, son miembros de la Concacaf. Pero qué importa, sólo es deporte.
Minimizar las sospechas de un partido arreglado para favorecer a México es un síntoma más de que la corrupción ha hecho metástasis en un país infectado por ella. Así como es corrupción justificar el robo contra Panamá con el argumento de que “a nosotros nos hicieron lo mismo en el Mundial” porque “no era penal”, también lo es pensar que el ejercicio de la abogacía o la medicina es “para hacerme rico” y no para contribuir al desarrollo social de nuestro país. También es corrupción que el Tribunal Electoral perdone a los actores, actrices y deportistas que participaron en una evidente campaña a favor del Partido Verde “en el periodo de reflexión” e incluso el mismo día de la elección, porque “no era penal”. Y también resulta maloliente la sentencia que un Tribunal Colegiado emitió en el caso de Carmen Aristegui porque consideró que la empresa MVS no tiene el carácter de “autoridad responsable”, con lo que pierde sentido parte de la reforma constitucional y legal en materia de amparo que estableció que los particulares sí pueden tener dicho carácter.
¿Y por qué no avanza la investigación de las casas de la familia presidencial, a cargo de la Secretaría de la Función Pública? ¿Tampoco era penal? ¿Y qué podemos decir del aumento de dos millones de pobres en nuestro país durante los dos años del actual gobierno a pesar de la “cruzada contra el hambre”?
En este sistema carcomido por la corrupción, lo único cierto es que el lugar de donde escapó “El Chapo”, tampoco era penal.